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ABC MIÉRCOLES 22 s 11 s 2006 Tribuna abierta INTERNACIONAL 33 Víctor Harel Embajador de Israel en España CONFLICTO DE CONFLICTOS ¡QUE NO! L conflicto israelí- palestino ha sido recientemente calificado como: conflicto de conflictos tumor primario principal escollo para las relaciones entre el mundo occidental y el mundo musulmán embrión de la mayor parte de los problemas internacionales y una serie de epítetos más. Ciertamente, nuestro conflicto con los palestinos, que data de 100, 60 o 2.000 años, dependiendo de quién y cómo haga la cuenta, es uno de los más complejos, pues incluye casi todos los ingredientes conflictivos posibles: territoriales, religiosos, culturales, socio- económicos y más. Confronta dos sociedades con valores muy diferentes: una, la palestina, que lamentablemente continúa glorificando el terror, y la nuestra, que trata de erradicarlo. Pero es un conflicto más, uno de los veinticinco (o más) abiertos en el mundo hoy: Darfur, Chechenia, Irak, Cachemira, Sri Lanka, Sahara y más. La lógica que se basa en la premisa del tumor primario crea la errónea impresión de que una gran parte de los conflictos armados nacen y mueren con el conflicto israelí- palestino, depositando sobre nuestros hombros- -y en el de los palestinos- -la tremenda responsabilidad ¿culpabilidad? de la continuación del terror islámico. En otras palabras: actos implacables de terrorismo como los acaecidos en Nairobi, Madrid, Londres, Bali, Estambul y otros podrían evitarse en el futuro si reinara la paz entre palestinos e israelíes. Y siguiendo la misma lógica suníes y chiíes abandonarían la locura que les lleva a carnicerías diarias. Irán aban- Lo que es imprescindible comprender es que nadie quiere más que la inmensa mayoría de los israelíes poner fin a un conflicto que afecta a nuestras vidas E ras, nadie tiene más necesidad que nosotros de paz. Sean cuales sean las propuestas, las iniciativas, éstas no pueden ser impuestas: deben surgir- -para bien y para mal- -de nosotros mismos, en negociaciones directas cara a cara entre Israel y todos aquellos palestinos que condenan y repudian el terror, todos aquellos que aceptan- -o acepten- -que en ese inmenso espacio islámico que constituye el Medio Oriente hay un espacio- -modesto- no más grande que la Comunidad de Valencia, para el Estado judío. Ambas partes debemos renunciar a parte de nuestros sueños para hacer lugar al sueño del otro. donaría sus deseos de borrarnos de la faz de la tierra y pondría fin a su programa nuclear bélico. En Sudán, después de 400.000 muertos, las partes depondrían las armas. Al- Qaida archivaría sus deseos de reconquistar de Al- Andalus y Bin Laden comenzaría a emular a la Madre Teresa de Calcuta. la paz reinaría en el Universo entero... Asimismo, el fin de nuestro conflicto impediría a los petrodictadores continuar usando el petróleo como arma estratégica de cohesión, de chantaje internacional. Y la misma lógica aduce Y que frente al conflicto de conflictos es imprescindible actuar no guardar silencio y, aún más imprescindible, ¡salvar a Israel, a pesar de sí mismo! ya que se supone saber mejor que nosotros cómo resolver nuestro conflicto. Lo que es imprescindible comprender es que nadie quiere más que la inmensa mayoría de los israelíes- -y probablemente una considerable parte de la población palestina- -poner fin a un conflicto que afecta a nuestras vidas- ¡ayer si fuera posible! por seguridad, bienestar y dignidad de los que ahí vivimos y sufrimos, y como obligación ineludible ante las generaciones venide- no constituyó un escollo ni impidió los acuerdos de paz con Egipto (1979) o Jordania (1994) permitiendo a ambos países establecer relaciones diplomáticas con Israel, y por lo tanto tener hoy en día un papel mediador preponderante. Y a ambos les estamos agradecidos por ello. A nuestro juicio, no debe permitirse el uso- -y abuso- -del pretexto del conflicto israelí- palestino para atemorizar a Occidente con amenazas terroristas. El argumento mientras exista el conflicto israelí- palestino, existirá terror en el mundo debe ser rechazado como una coartada falsa y descarada. Mientras en Israel continuamos abocados a construir una sociedad lo más justa y equitativa posible, no exenta de defectos, por cierto, seguimos buscando con la misma dedicación el camino que nos conduzca a la estabilidad y a una paz con nuestro vecinos, basándose en el respeto mutuo y en la visión de los dos Estados, el de Israel y el palestino, viviendo en paz, seguridad y estabilidad. Y guardamos la certeza de que esta visión se concretará, pues así lo queremos, anhelamos y deseamos ambas partes del conflicto. Elconflictoisraelí- palestino