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ABC MIÉRCOLES 22 s 11 s 2006 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA BOFETADAS N las escuelas españolas circula una nueva versión de ese proverbio árabe que aconsejaba pegar a las mujeres: Cuando llegues a clase, atízale al maestro; tú no sabes por qué, pero él sí Sacudirle a los profesores se ha convertido en una moda siniestra, a la que se apuntan alumnos, padres, vecinos y cualquiera que pase por allí. Los chavales, además, se arrean entre ellos, según el acreditado principio de que los más fuertes, a ser posible en grupo, abusan de los débiles, y además graban las agresiones en vídeo para colgarlas en internet. Todo muy edificante, virtuoso y modélico, como demanda la propia actividad educativa, ya lo dice el nombre. TanIGNACIO to que en Andalucía, pioCAMACHO nera en el muy progre concepto de la educación para la paz y la no violencia los alarmados fiscales han tenido que pedir que se equiparen los sopapos al profesorado con las agresiones a la autoridad. Esta medida, copiada en Cataluña, está muy bien, pero llega algo tarde. Para devolver la autoridad a los maestros no hacía falta investirlos del rango de guardias, sino que bastaba con no haber socavado durante décadas los conceptos de jerarquía moral e intelectual que sustentan la profesión docente. El énfasis en el aspecto lúdico de la enseñanza, las doctrinas permisivas y la expansión de un clima de falta de exigencia han acabado convirtiendo la escuela en un ring en el que los enseñantes actúan de sparrings en medio de una acentuada depresión colectiva. No es demagogia: durante mucho tiempo los responsables públicos han amparado a los agresores frente a los agredidos, por puro clientelismo político servil ante los padres y ante el propio alumnado. Ahora toca rasgarse las vestiduras y convertir el asunto en materia de debate parlamentario, pero el detonante de la alarma ha sido, más que el acorralamiento de los educadores, la generalización del acoso de unos niños a otros, eclosión de un verdadero fenómeno de terror juvenil. El juez Calatayud, ese magistrado granadino de Menores famoso por sus ejemplarizantes sentencias, envió una vez a prisión, durante unos días, a un padre que le había pegado al profesor de su hijo. El hombre declaró no soportar que el muchacho viese en el maestro al modelo que no encontraba en su familia. Calatayud no titubeó; quizá se pasó de rosca, pero aquel tipo no olvidará jamás el escarmiento. Los docentes están pagando una culpa que no les corresponde: la incapacidad de las familias para estructurar un ambiente educativo, la presión creciente de la violencia en la vida cotidiana, el absentismo de los poderes públicos, vueltos durante años de espaldas a la conflictiva realidad de los centros. Ahora las autoridades sufren mala conciencia porque el problema se les va de las manos y el eco de las bofetadas suena en el recibidor de sus despachos. En buena hora se endurezcan los castigos, pero lo que hay que devolver es la cordura a las aulas con un sistema racional que fortalezca al maestro con la investidura de superioridad moral que necesita su ejercicio. E EL RECUADRO ZP VIVE COMO UN MARQUÉS L tango del poder es como el tercio de mejora de un verso del Yira, yira de Discépolo. De cuando estén secas las pilas de todos los timbres que vos apretás nada de nada. El poder es que vos apretás el timbre, está perfecto de pilas y al momento viene un tío vestido de librea, o con galones en la bocamanga, o con una guerrera de color crema con el cuello azul marino, o con el chaleco de rayas del mayordomo de la prueba del algodón no engaña, dobla someramente el espinazo en señal de sumisión y te dice, solícito: ¿Llamaba el señor presidente? Esa maravilla de lo que es el poder no la he descubierto yo ahora con la huelga del servicio en La Moncloa, eso, Sonsoles, cómo está el servicio, y digo yo, María Teresa, ¿por qué no buscáis ecuatorianas o rumanas, como nosotros, quieres que te dé el teléfono de una agencia que te mandan una al momento? Esa maravilla de que el poder es que no estén secas las pilas de todos los timbres que vos apretás lo descubrí cuando el recién llegado inquilino de La Moncloa era González. En una revista salió el clásico reportaje de la vida familiar del presiANTONIO dente en La Moncloa. Entrañable, eso: BURGOS un reportaje entrañable. Y uno de los dos niños de González, preguntado por lo que más le gustaba de su nueva casa, dijo: -Que tocas un timbre y al momento viene un tío... El hijo de González había descubierto el poder, como Jesús Quintero, hombre de pueblo, de San Juan del Puerto y a mucha honra, cuando empezaba a ser rico y famoso con la nocturna radiación de sus locuras de la colina se encontró de golpe con los prodigios del room service Había obras en su piso o se estaba mudando de casa, algo así, y vivía provisionalmente en el hotel Los Lebreros, entonces de Rumasa. Y maravillado, le comentó a mi mujer, con entusiasmo: -Mira, Isabel, sea la hora que sea del día o de la noche, marcas un número en el teléfono y te traen un café, una taza de caldo, un bocadillo de jamón, lo que pidas. E Isabel le dijo: -Jesús, a ti lo que te pasa es que acabas de descubrir el room service A los socialistas obreros españoles les encanta ganar las elecciones porque saben que descubren el room service por la cara en La Moncloa. La huelga de los servicios de limpieza externalizados (como ahora se dice con un horror de palabra) ha descubierto que en La Moncloa les pagamos a los presidentes no sólo la pensión completa y los extras del room service sino que les damos full credit Que incluye lavandería, servicio de plancha, recaderos, doncella, mozo de comedor, supongo que limpiabotas, chófer. Y de fontaneros de La Moncloa propiamente dichos, y de electricistas, ni te cuento. De todo. Como dice la sevillana: Que no farte de ná Los presidentes del Gobierno del Reino de España, a juzgar por lo que han largado los huelguistas de Comisiones Obreras de servicio en Palacio, viven bastante mejor que los grandes del Reino, que los presidentes de los grandes bancos, que los consejeros delegados de las multinacionales. Los lujos domésticos del presidente y de la vicepresidenta son como aquella anécdota de la cárcel de Sevilla, cuando el pobre Duque de Feria estaba en el chabolo, y su compañero de celda, viendo el plan que se traía, le dijo: -Hijo, Rafael, tú serás duque, pero aquí desde luego vives como un marqués... El presidente del Gobierno será socialista obrero, pero, hijo, en La Moncloa vive como un marqués, con grandeza de España. O más. Ya quisieran las grandes casas, los inmemoriales del Reino, Medinaceli, Alba, Osuna, Medina Sidonia, tener el plan de servicio de la Presidencia del Gobierno. Hasta con paseador propio para cada perro, y no alquilones perropaseadores argentinos que los agrupan como en comunales y atrailladas pandillas perrunas. Ya únicamente en La Moncloa desmienten a Discépolo y no están secas las pilas de todos los timbres que vos apretás. Porque hasta en los hoteles de cinco estrellas gran lujo se te gasta el dedo apretando y aquí no viene nadie a recoger la talega para la lavandería...