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4 OPINIÓN MIÉRCOLES 22 s 11 s 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Sociedad, Cultura y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Nacional) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro Director general: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar LOS NUEVOS PARTIDARIOS DE LA PAZ EN IRAK L anuncio de la normalización de relaciones diplomáticas entre Siria e Irak- -después de la convocatoria de una cumbre en Irán en la que muy probablemente participarían los tres países- -representa una excelente noticia, y no sólo porque pone fin a un distanciamiento entre vecinos que data de más de veinte años, sino, sobre todo, porque puede contribuir a descomprimir la situación en la región. Hace tiempo que se venía advirtiendo que la gravedad de las condiciones de seguridad en Irak exige que los países vecinos contribuyan cuanto antes a buscar remedios a un estado de cosas que no beneficia a nadie, e incluso Estados Unidos se ha mostrado sensible a la posibilidad de negociar directamente con Teherán y Damasco si se confirma la receptividad del régimen teocrático de los ayatolás y de la dictadura de los Asad a las prácticas internacionales que se les exigen a ambos países, especialmente en el caso de Irán, en referencia a sus planes de construir y desarrollar armamento nuclear. Sin embargo, no sería razonable esperar soluciones milagrosas de este cambio de rumbo, porque en aquella parte del mundo persisten por desgracia prácticas político- criminales- -como el asesinato, ayer, del ministro de Industria libanés, el dirigente cristiano Pierre Gemayel, conocido adversario de Siria- -que no favorecen en absoluto las aspiraciones de pacificación. De hecho, los repentinos gestos en favor del apaciguamiento no hacen más que confirmar que, en efecto, estos gobiernos han estado hasta ahora contribuyendo por acción u omisión a enmarañar la reconstrucción de Irak, alentando la proliferación de la violencia. Los movimientos estratégicos en los países vecinos de Irak no se han dado hasta que no se ha vislumbrado claramente la posibilidad de una brusca retirada militar norteamericana, cuyos efectos saben positivamente que acabarían salpicándoles. Hasta ahora, era relativamente sencillo para los regímenes de Damasco o Teherán contemplar los toros desde la barrera, asistiendo cómodamente al desgaste de los gobiernos occidentales, que han ido dejando solos a norteamericanos y británicos sobre el terreno, y finalmente a las vacilaciones de Londres y Washington sobre la posibilidad de seguir aguantando en la zona. Si las fuerzas angloamericanas saliesen hoy de Irak, la guerra civil tardaría menos de tres meses en estallar abiertamente y, naturalmente, muy poco tiempo más en salpicar a todos los países de los alrededores: a Irán por la predominancia étnica de los chiíes; a Siria por el integrismo religioso y también por la cuestión kurda, igual que a Turquía. Aterrados, sin duda, por las perspectivas apocalípticas que se abrirían para ellos si Estados Unidos se retirase, los países vecinos comienzan a comprender que no tienen más remedio que contribuir a la estabilidad de Irak. Más vale tarde que nunca. E POLITIZACIÓN DE LA CARRERA DIPLOMÁTICA STÁ visto que al presidente Rodríguez Zapatero le gustan los cambios, sobre todo los de modelo. Empezó por el Estado y ahora parece haberla emprendido con la diplomacia. Sin debate político acerca de la idoneidad de la decisión y recurriendo a la vía de los hechos consumados, va introduciendo una fórmula que tenía carácter excepcional: el nombramiento de embajadores ajenos a la carrera diplomática. España generaliza así una práctica que nació ajustada a criterios de oportunidad y razonabilidad, pero que ahora parece haberse convertido en una válvula de escape que sirve para liberar tensiones internas dentro del partido gobernante, premiar servicios o, en su caso, restañar heridas ministeriales. Hasta el momento, el número de embajadores designados por motivos políticos llega a ocho: Luis Planas en Rabat; Raúl Morodo en Caracas; Germán Bejarano en Kuala Lumpur; Francisco Vázquez en Roma; Fernando Ballestero y María Jesús Sansegundo en París- -el primero ante la OCDE, la segunda en la Unesco- Rafael Estrella en Buenos Aires y, ahora, Emilio Menéndez del Valle, que deja su acta de eurodiputado del PSOE para ocupar el puesto de embajador en Bolivia. Con este último nombramiento, el listón de los beneficiados ha conseguido ya un dudoso récord: duplicar la cifra de embajadores no diplomáticos que tuvo Felipe González y cuadriplicar la de José María Aznar. Es más, a la vista de la progresión, no hay que descartar que siga en aumento, especialmente si la política exterior del Gobierno de Rodríguez Zapatero sigue decidida a alterar no sólo los ejes tradicionales de la acción exterior de España, sino a profundizar en iniciativas unilaterales que son ajenas a nuestros intereses estratégicos como sociedad abierta con vocación europea y trasatlántica. España es hoy una democracia occidental que bien podría ser descrita como una rareza dentro de nuestro en- E torno europeo. Lo acabamos de ver durante la pasada cumbre hispano- francesa celebrada en Gerona, donde, sin consensuarla previamente con los socios de la UE, el presidente del Gobierno planteó- -con la dudosa complicidad del presidente Chirac- -una propuesta de paz para Oriente Próximo que según pasan los días sigue sin concretarse y, lo que es peor, sin recabar algo más que simples chascarrillos. Por desgracia, esto empieza a ser el día a día que describe la política exterior de nuestro país. De hecho, nos estamos ganando a pulso la irrelevancia que en estos momentos sufrimos en el concierto internacional, responsabilidad directa de José Luis Rodríguez Zapatero y Miguel Ángel Moratinos. A ellos se debe, por ejemplo, que España haya suscrito una Alianza de Civilizaciones que nos vincula al Irán de los ayatolás o a la Turquía que ofende a Benedicto XVI; que la reciente Cumbre Iberoamericana de Montevideo haya pasado sin pena ni gloria; que el dictador Teodoro Obiang Nguema se pasee con honores de jefe de Estado por nuestro país; que participemos en la Cumbre de los No Alineados de La Habana; que mantengamos una relación especial con la Venezuela de Chávez; que nuestros intereses empresariales en Bolivia no sean adecuadamente defendidos ante las bravatas de Evo Morales, o, en fin, que después de tres siglos de conflicto bilateral hispano- británico la colonia de Gibraltar haya alcanzado el estatus de parte negociadora. Si España quiere seguir por este camino, no cabe duda de que el cambio de modelo diplomático que experimentamos con el nombramiento de embajadores políticos contribuirá a que nuestro país consolide el estatus de un país occidental con política exterior de tercera. Aquí, como en otros escenarios, el empeño de Rodríguez Zapatero por cambiar las cosas sin respetar los consensos básicos ha logrado que todo el crédito exterior de España ganado desde la Transición se haya volatilizado en dos años y medio. LOS REYES, EN CANARIAS L A visita de Don Juan Carlos y Doña Sofía a las Islas Canarias adquiere un especial significado al cumplirse el centenario del histórico viaje protagonizado por el Rey Alfonso XIII. La historia y la realidad social importan más que la geografía: en efecto, la lejanía física queda compensada por la proximidad afectiva y espiritual, puesto que la españolidad inequívoca imprime carácter a este archipiélago atlántico como lo define el proyecto del nuevo estatuto de autonomía. Como es notorio, la condición de región ultraperiférica a efectos de la UE, el singular régimen económico- financiero y la especial incidencia de la política de transportes plantean problemas específicos a la economía canaria que las instituciones del Estado deben afrontar en plena colaboración con el Gobierno autonómico. También es preciso tener en cuenta la vertebración territorial propia de Canarias, con su doble sede autonómica en Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria, así como la fuerte tradición de los cabildos insulares en su condición de centro y eje de la administración local. Los Reyes tienen muy presentes en su agenda estas características particulares, que les permitirán transmitir a los canarios el pleno apoyo de la Corona en su condición de símbolo de la unidad y permanencia del Estado de acuerdo con la Constitución. Al mismo tiempo, la visita real representa un reconocimiento de la contribución determinante de Canarias al desarrollo del modelo territorial vigente. Hay pocas regiones españolas que presenten singularidades tan claras en términos objetivos y, sin embargo, la comunidad canaria ha sabido integrarse a satisfacción de todos en un sistema flexible y eficaz que conjuga los principios de unidad y autonomía. La inmigración- -de nuevo el principal problema para los españoles, según la última encuesta del CIS- -afecta de manera especial al archipiélago. La llegada continua de los cayucos, el desbordamiento de los centros de acogida y los problemas sociales que plantea la convivencia hacen imprescindible que se aborde la cuestión desde una perspectiva de Estado. Todos los españoles tenemos que ser solidarios a la hora de afrontar el problema, y los poderes centrales y los autonómicos tienen que colaborar activamente para que dicha solidaridad no sea únicamente una declaración retórica, sino que actúe como principio institucional que inspire una política de alcance nacional. El constante interés mostrado por Don Juan Carlos y su contacto permanente con las autoridades canarias han logrado transmitir la idea de que las islas no están solas a la hora de afrontar un drama social y humano que nadie sería capaz de resolver por sí mismo. En este contexto, la presencia de los Reyes es el más alto símbolo de ese proyecto compartido por todos, más allá de la eventual ineficacia administrativa, de las coyunturas partidistas o de los egoísmos insolidarios.