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ABC MARTES 21 s 11 s 2006 CIENCIAyFUTURO 89 La cara dura de Jack el destripador A partir de un retrato robot realizado por expertos de Scotland Yard por ordenador, se sabe que Jack the Ripper lucía un poblado mostacho, tenía el pelo corto y el rostro anguloso, y medía casi 1,70 metros POR EMILI J. BLASCO LONDRES. A falta de una identidad segura, tenemos al menos su retrato por ordenador, realizado a partir de los testimonios de las trece personas que en su día, en la segunda mitad de 1888, aseguraron haberle visto. Jack el Destripador tenía entre 25 y 35 años, medía entre 165 y 170 centrímetros de estatura, llevaba un negro y poblado mostacho y lucía un denso cabello también oscuro. Tenía una mandíbula más bien cuadrada, su cara era angulosa y espigada, y vivía en una de las calles del barrio londinense de Whitechapel, en la misma zona donde encontraron degolladas a las cinco prostitutas cuya muerte se atribuye al destripador. Tómese como se quiera, porque sobre el más famoso asesino de la historia detectivesca aparece cada cierto tiempo una nueva teoría. Esta vez, ciertamente, se trata del uso de nueva tecnología para poner en orden los datos que en su día estudió la Policía londinense. Utilizando los intrumentos de que hoy dispone la ciencia criminal, John Grieve, un antiguo mando de Scotland Yard, que dirigió la rama antiterrorista y el departamento de homicidios, ha dibujado por ordenador el aspecto físico que tendría Jack el destripador el primer asesino en serie, tal como le presenta el título del programa de Channel 5 que hoy emite los resultados de la nueva investigación. Grive ha utilizado los testimonios de trece personas que aseguraron haber visto al sospechoso. El retrato electrónico recoge las descripciones coincidentes y desdeña aquellas en las que hubo desacuerdo. La testosterona refuerza los colores brillantes de las aves J. M. N. MADRID. A medida que los niveles de testosterona aumentan en las aves, también lo hacen los compuestos responsables de los colores brillantes de las plumas, crestas y otros distintivos de competitividad sexual. La expresión de colores brillantes, especialmente de los rojos, los naranjas y los amarillos, está controlada por los así llamados carotenoides, que regulan las señales externas que subrayan la potencia sexual. El investigador Julio Blas, de la universidad canadiense de Saskatchewan, ha investigado el vínculo que existe entre la testosterona y los carotenoides. Los investigadores fueron incrementando en determinadas aves los niveles de testosterona y se dieron cuenta de que también lo hacían los carotenoides presentes en la sangre y el hígado. Durante la época de apareamiento, las aves con un mayor índice de testosterona producían ornamentos más brillantes y con mayor riqueza e intensidad cromática. Los carotenoides, además, mitigaban el efecto negativo de la testosterona en el sistema inmune. La calle Flower and Dean Por su parte, Kim Rossmo, un profesor de la Universidad de Texas pionero en investigar los perfiles geográficos que localizan el área de residencia de criminales, ha concluido que Jack el destripador debió de vivir en la misma zona en la que cometió los asesinatos. Apunta como la más probable la calle Flower and Dean, Retrato robot realizado por ordenador por expertos policiales donde en su día la Policía interrogó a los vecinos. En el año previo a las muertes, todas las víctimas habían vivido dentro de un círculo de cien yardas. Channel 5 también cuenta con el parecer de Laura Richards, analista de conductas delictivas que encabeza la unidad de prevención del crimen de Scotland Yard. En su opinión, la Policía buscó en su momento al tipo de persona equivocado, pero el criminal suele ser alguien que pasa desapercibido en virtud del hecho de que es alguien ordinario y banal AFP Scotland Yard señala que su identidad real pudo corresponder con la del judío polaco Aaron Kosminski Vivió en la barriada londinense de Whitechapel y se le atribuye el asesinato de cinco prostitutas Detenido por otro delito Grieve, además, aporta la explicación de que Jack el destripador pudo desaparecer del mapa bien porque se suicidase o, algo más probable, porque fue detenido por otro delito y acabó tragado por el sistema carce- lario inglés o en un hospital Pero, por hipótesis que no queden, pues a lo largo de todo un siglo de especulaciones se han llegado a apuntar hasta 175 posibles sospechosos. La que cuenta con mayor fuerza es la que se expone desde el mes de julio en el Museo del Crimen de Scotland Yard, donde la anotación en un libro sobre el caso, realizada por uno de los agentes que intervinieron en la investigación, señala al judío polaco Aaron Kosminski como el autor de los cinco asesinatos. La Policía habría dado con él, pero debido a la falta de pruebas sólidas y a su estado de enfermedad mental no lo llevó a juicio; moriría después en un manicomio. Más información sobre el personaje: www. met. police. uk history ripper Una perdiz, parte del estudio EFE