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ABC MARTES 21- -11- -2006 MADRID 59 destinados a aquellas medianerías- -paredes que dos casas comparten- -situadas en el centro histórico que por una u otra razón quedan al descubierto. Por haber sido diseñadas para permanecer ocultas, es conveniente adecentarlas y embellecerlas, y ahí es donde entran en juego estos espejismos Así ocurrió en la plaza de los Carros, que acoge el trampantojo mencionado y considerado uno de los más tramposos En la memoria del primer Programa de Adecuación Arquitectónica de la Empresa Municipal de la Vivienda se indicaba que esta medianería había quedado al descubierto a causa del derrumbe de un edificio por un bombardeo en la Guerra Civil. El qué acabará formando parte de ese pared desnuda se elige, en la mayoría de las ocasiones, a través de un concurso de ideas. A salvo de los sprays Un poco más abajo de la plaza de los Carros y a salvo del spray de los grafiteros, sobre el patio de un colegio en la carrera de San Francisco, otro trampantojo de Alberto Pirongelli. El dibujo simula dos fachadas de viviendas y arbolado que sirven de marco a una tradicional verbena madrileña con majos, barquillero, títeres y noria, y un globo surcando el cielo estrellado. También se divisan las siluetas de la basílica de San Francisco el Grande, La Almudena, el Pirulí y otros edificios representativos. Más de uno, y más de dos, ha tenido que frotarse los ojos cuando ha observado este trampantojo desde el punto exacto de ilusionismo. Es increíble el ladrillo de la falsa fachada. No se aprecia casi diferencia con el real explicaba Juan, mensajero. Sobre un colegio de la carrera de San Francisco, este trampantojo recrea una antigua verbena Plaza Mayor, sobre una cafetería. Éste lleva aquí casi un cuarto de siglo. En la fachada de al lado también había hace tiempo pintado un enorme gallo con un cuchillo, pero ese lo quitaron por humedades explicaba Francisco Lucas, propietario del bar La Terraza, sobre el que se asienta el mural. En la plaza del Cascorro, un antiguo mural descolorido recrea la época del Rastro en la que los trastos se exhibían en el suelo. En él se aprecian máquinas de coser, radios, cajas, armarios viejos, maniquíes, butacas... La brocha de Pirongelli también ha dado vida a dos medianerías de la céntrica calle de la Montera. En el número 22, una espectacular calesa parece bajar, rauda, hacia la puerta del Sol. Me inspiré en una antigua estampa de Madrid. En la parte derecha se ve un edificio con una cúpula. Era el mentidero. En sus escaleras, los periodistas se reunían a contarse chismes reconoce el pintor, antiguo cartelista de cine. Frente a este trampantojo, en el número 26, otra fantasía urbana muy real. Unas escalinatas conducen hacia una calle que no existe, pero que cruzan varias personas. En los bajos, nuevamente destrozada por los grafitis, una floristería cuyo nombre corresponde al de una que había en el barrio en el que se crió el pintor. paneles publicitarios. Sin embargo, va a ser difícil. Estos trampantojos se realizaron, en su mayoría, entre los años 1988 y 2006 y en los presupuestos de la Empresa Municipal de la Vivienda ya no recibirán subvención. César Torquemada- -presidente de la Asociación de Vecinos y Comerciantes de Montera y Adyacentes- reconoce que los trampantojos de Montera le dejan boquiabierto. Esas paredes tan bonitas antes no tenían historia. Cuando terminaron la escalinata no podía dejar de mirarla. Son un homenaje al pasado, aunque haya una serie de desalmados que los destrozan con sus pintadas Dice Johina García- Concheso, muralista, que los trampantojos son algo mágico porque son capaces de romper los muros. En Madrid hay unos cuantos. Tal vez más de los que usted piensa. Por si acaso, la próxima vez que salga a la calle, frótese bien los ojos. Los monigotes de Mingote, en la calle de la Sal Antonio Mingote también ha dejado su sello en una medianería de una de las entradas a la Plaza Mayor, la de la calle de la Sal. En lo que antes era una simple fachada lisa, ahora hay cuatro balcones que representan estampas típicas de las novelas de Galdós. En el balcón del primer piso, el novelista canario con Fortunata y Jacinta, junto a su enamorado Juanito Santa Cruz. Un piso más arriba, en el segundo, un matrimonio burgúes con un obrero y el galanteador de la señora. En el tercero, un militar y un poeta junto a una dama; en el cuarto piso, aparece el artista, representando la vida bohemia. Jugar con la perspectiva Es difícil pintar un trampantojo porque tienes que jugar con la perspectiva. Te encuentras ante un volumen de unos 30 metros por 30 metros, que tienes que pintar en andamio, pegado a la pared, donde no ves lo que acabas de hacer arriba o abajo explica Pirongelli. Los vecinos que cada día se topan con estos trampantojos en sus calles desearían que el Ayuntamiento multiplicara estas obras de arte en las medianerías y se dejara de tantos Los murales En el barrio de La Latina, aparte de trampantojos, también hay varios murales. Estos se diferencian de los primeros en que no buscan engañar al ojo, pero sí decorar. Uno de los más grandes, vistosos y conocidos es una especie de bodegón de frutas y verduras que se sitúa en la plaza de Puerta Cerrada, a menos de cien metros de la