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58 MADRID MARTES 21 s 11 s 2006 ABC Espejismos de hormigón En algunas calles de Madrid se da un extraño fenómeno: las paredes grises de los edificios se rompen y surgen escalinatas, paisajes o personas que se asoman a los balcones. Son los trampantojos POR C. ALONSO FOTOS JULIÁN DE DOMINGO JUAN PIEDRA MADRID. En una de las plazas más castizas de Madrid, dos hombres, residentes en el mismo edificio, llevan años asomados al balcón de su casa examinando a todo aquel que discurre por su calle. Mi hijo me preguntó hace poco que quiénes eran esos señores que siempre estaban ahí. Yo me eché a reír y le dije que eran dos vigilantes que controlaban que los niños se portaran bien cuando jugaban en la plaza. Desde entonces les tiene un poco de miedo. Cuando pasamos por la casa, se esconde entre mis piernas para que no le vean comenta una mujer. Hay incluso vecinos que les han puesto nombre y les conocen como los pacos Son ya como de la familia. A veces hasta me dan ganas de darles los buenos días cuando voy para el trabajo comenta César, vecino de la carrera de San Francisco. Estos dos hombres, que habitan en la plaza de los Carros- -en pleno barrio de La Latina- no comen, no duermen, no hablan, ni siquiera envejecen. Sea de día o de noche, permanecen de pie en su minúsculo mirador porque de ahí no se pueden mover: la puerta entreabierta de su balcón no conduce a ninguna parte. El que los pintó se olvidó de dibujarles un salón en el que ojear el periódico o echar la siesta y de trazarles una puerta de salida que les permitiera bajar a la calle que tanto observan. Dos vecinos reales Estos asomados eran dos vecinos reales del edificio que, cuando me puse a pintar, estaban tan entusiasmados que me pidieron que les inmortalizase ahí, en la pared explica Alberto Pirongelli, creador de alguno de los trampantojos- trampas para el ojo -más famosos de la capital. Estos espejismos de hormigón, si se observan desde una determinada perspectiva, consiguen engañar al ojo y hacer que, donde sólo existe un muro, se abra una escalinata, una callejuela o un paisaje. En ocasiones, estas pinturas están tan bien hechas que, tal y como explica Pirongelli, los viandantes llegan a confundir la ficción con la realidad. He picado, lo reconozco El muralista recuerda que cuanto terminó el trampantojo de la plaza de los Carros y él y su equipo retiraron los andamios- -tras 25 jornadas de trabajo- -se produjo una situación surrealista Además de la fachada con los balcones y los dos asomados, habían pintado en los bajos del edificio tres comercios, con sus toldos y todo pertenecientes a las tres entidades que habían patrocinado el mural. Una de ellas era Ibercaja, un banco. De repente un hombre se me arrima y veo que lleva una tarjeta visa en la mano. He picado, lo reconozco me dijo después. Había aparcado el coche en doble fila para sacar dinero de la entidad pintada cuenta Alberto Pirongelli. En la actualidad, los grafiteros han hecho desaparecer esos tres comercios con sus garabatos. Pirongelli también fue el autor de una peluquería ficticia en la calle de San Bernardo. Cuando terminamos oí cómo dos viejecitas comentaban entre ellas mira, han abierto un bar abajo Yo me volví hacia ellas y les corregí: No, señoras, es una peluquería La ruta de los trampantojos y murales -Plaza de los Carros- Plaza de Puerta Cerrada- Plaza de Puerta de Moros- Plaza del Cascorro- Calle de la Montera, 22 y 26- Casa de la Panadería- Calle de la Sal- Parque del Capricho- Calle de Embajadores, 7- Carrera de San Francisco (edificio CEU) -Calle de San Bernardo, 48- Plaza del comandante de la morena En medianerías desnudas No todas las paredes pueden tener trampantojos. Según Isabel Pérez Montero, directora de servicios de rehabilitación del Ayuntamiento, estos están La medianería de la plaza de los Carros hace siete años, antes de que los grafitis la destrozaran