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ABC LUNES 20 s 11 s 2006 CULTURAyESPECTÁCULOS 79 TOROS CLÁSICA DANZA Liceo de Cámara Obras de Bach, Brahms y Schumann. sInt. Lorenzo Ghielmi, clave, fortepiano y órgano. s Lugar: Auditorio Nacional. Madrid. sFecha: 16- XI- 06 Compañía Nacional de Danza Gilded Goldbergs Coreografía de Nacho Duato. Música de Robin Holloway (sobre Bach) s Quiebro Coreografía y dirección: Wim Vandekeybus. Música: Charo Calvo y Marc Ribot Lugar: Teatro de la Zarzuela, Madrid Castella redondea con cuatro orejas una gran tarde en Querétaro GUILLERMO LEAL QUERÉTARO (MÉXICO) Sebastián Castella es un torero para la Plaza México. El francés cortó cuatro orejas y cuajó una buenísima impresión en su presentación en la temporada queretana, al realizar dos faenas llenas de poder, torería y mucho sentimiento. Si sus toros le ayudaron poco, eso no importó, porque delante estuvo un torero imprescindible en cualquier plaza que se precie de ser de primera categoría. Alternó con él, el maestro Jorge Gutiérrez, quien tuvo poca fortuna, siendo silenciado en su primero y escuchando división de opiniones en el último. Rafael Ortega, el otro alternante, cortó una oreja que le protestaron en el segundo. Se registró una media entrada, y los toros de Begoña estuvieron bien presentados, aunque fueron desiguales de juego. Jorge Gutiérrez, palmas y división; Rafael Ortega, oreja protestada y abucheo; y Sebastián Castella, cuatro orejas. Sombras ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE En la historia de la música hay un antes y un después de Bach. Se reconoce en la escritura de tantas partituras y en un sentimiento supramusical que convierte su obra en una meta a la que aspirar, aunque siempre inalcanzable Son muchos los autores que así lo han creído. Paul Hindemith entre ellos. La Fundación Caja Madrid ha publicado, en edición a cargo de Luis Gago, la conferencia que el compositor ofreció en 1950, con motivo del segundo centenario de la muerte de Bach. Su lectura y la del amplio libro programa firmado por Juan José Carreras ayudan a la escucha de lo mucho que habrá que oír durante la decimoquinta edición del actual Liceo de Cámara, al que la Fundación ha dado forma bajo el epígrafe de La huella de Bach Para comprenderlo, nada más ilustrativo que el programa presentado por Lorenzo Ghielmi transitando por épocas y espacios sonoros. Bach en el clave, Mozart y Schumann en el fortepiano, Brahms y otra vez Bach en el órgano. Sin duda, prometía mucho semejante combinación. Porque a Ghielmi le precedía la fama y porque son pocas las ocasiones en las que se puede asistir a un cruce de voces similar: arias y fantasías, suites, preludios corales y fugas. Algunas originales y otras escritas a partir de la obra de Bach o recreadas desde la transcripción musical de su nombre. Pero, en general, a Ghielmi le faltó rectitud de concepto, calma y seguridad. Demostró ser mejor clavecinista que organista, lo cual acabó por confirmarse en la Passacaglia en do menor acelerada y muy divagante a la hora de mantener el bajo ostinato. No le fue fácil dominar la delicada mecánica del órgano de la sala de cámara del Auditorio. Al margen de otros detalles, desde la regularidad en la medida, la decisión de algunos tempi incómodos o la realización de varios finales poco conclusivos. Y pese a todo, la huella de Bach caló entre los presentes: no era para menos. El día estaba lluvioso, la tarde desapacible. Y la música de Bach siempre vuelve a sonar como lugar de acogida. Sería eso. Noches de monotonía JULIO BRAVO La monotonía, en las artes escénicas- -como en la vida- es un peligro, el envés de la sorpresa y la fascinación, que son los que le dan latido a cualquier espectáculo. Con mucha frecuencia, la Compañía Nacional de Danza ha ofrecido a sus seguidores tardes llenas de sorpresa y fascinación, con coreografías llenas de chispa. Pero, desgraciadamente, la monotonía parece haberse instalado en su relación con el público madrileño, el que más contacto tiene con el conjunto. Algo de eso se ha dejado sentir en el último estreno de la CND en el teatro de la Zarzuela. La ebullición y la efervescencia que se vivía hace años en el hall del teatro cada noche de estreno se ha sustituido por una sensación de inercia. No se nota- -lo que no quiere decir que no exista- -un ambiente de expectación, no parece que sean muchos los que esperan sorpresas y sí los que acuden como quien ha de cumplir un deber (algo Gilded Goldbergs de Duato que seguro que no ocurre en noches posteriores, ya con público normal en las butacas) El programa que ha ofrecido la Compañía Nacional de Danza estos últimos días en la Zarzuela no ha hecho variar esta sensación. Y es una lástima, porque los bailarines son fabulosos, y la calidad artística de la compañía y de sus producciones es más que notable. Pero precisamente por eso, porque los bailarines están preparados más que de sobra para afrontar repertorios más amplios, apena ver cómo se avanza en un único sentido. REUTERS Gilded Goldbergs (en la que Duato vuelve a Bach, esta vez a través de la versión de Robin Holloway) es una pieza que deja indiferente, donde está todo el vocabulario del coreógrafo valenciano, donde se asoman su exquisita musicalidad y también su frialdad; por momentos parece más un ejercicio que una coreografía. Y Quiebro es una obra por momentos irritante, pretenciosa, difícil (por no decir imposible) de entender y que no aporta nada al repertorio de la CND... salvo la valiente y plausible interpretación de sus bailarines. Cayetano deslumbra en su debut americano en Venezuela ABC VALENCIA (VENEZUELA) Cayetano Rivera Ordóñez cortó tres orejas en el quinto espectáculo de la Feria Internacional de Valencia, un festejo que supuso el debut del torero dinástico en América. La presentación americana fue un gran éxito pues, además de los tres trofeos, entusiasmó al público en sus dos actuaciones, según informa mundotoro. Su hermano Francisco paseó un trofeo del toro que abrió plaza, mientras el local Rafael Orellana acompañó a Cayetano en su salida a hombros. Con la plaza llena, se lidiaron toros de Rancho Grande, de buen juego. Rivera Ordóñez, oreja y ovación; Rafael Orellana, dos orejas y ovación; Cayetano, oreja y dos orejas con petición de rabo. En Maracaibo, también Venezuela, con cartel de no hay billetes se lidiaron toros de El Paraíso, el primero premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre. Erick Cortés, dos orejas y silencio; César Jiménez, dos orejas y ovación; César Girón, silencio y dos orejas. CLÁSICA Temporada de la OCNE Escenas del Fausto de R. Schumann. sInt. Ch. Oelze, D. Kay Tiegs, P. González Arroyo, M. Astui Altuna, M A. Vassalo Neves, E. Wottrich D. Roth, A. Jun, J- H. rootering. OCNE. Escolanía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos. sDir. musical: J Pons. sLugar: Auditorio Nacional. Madrid Pasión y vértigo en Fausto ANDRÉS IBÁÑEZ ¿Para qué hacer música? ¿Por que es bonita? ¿Para ganarse la vida? A veces vamos a un concierto, pasamos allí dos horas y sentimos que no ha pasado nada y que no nos ha pasado nada. En otras ocasiones, la cosa es un poco diferente. Escenas del Fausto de Schumann no es una obra fácil: tiene pasajes bellísimos, pero es una obra un tanto desencajada, y la orquestación, como sabemos, no era el fuerte de Schumann. Lo que consigue Josep Pons es, por ello, doblemente sobresaliente. De todos los dones posibles que puede tener un intérprete él parece haber elegido, por encima de cualquier otro, la claridad. Su sentido de la construcción es impecable. Nos sentimos, con Pons, como con un anfitrión maravilloso que nos va mostrando cada parte de la obra en su luz justa, dando a cada una su tiempo adecuado, dejando que las melodías respiren, organizando los clímax y anticlimax igual que un estratega movería un ejército a través de un paisaje hecho de tiempo. Y ¡qué satisfactorios resultan siempre los conciertos con coro! El de la Nacional, preparado por Mireia Barrera, suena muy bien, pleno, empastado, apasionado, totalmente idiomático. En cuanto a la Nacional... Pons quiere convertirla en la mejor orquesta de España, pero todavía no lo es. ¿Qué le falta? Un grado de precisión, quizá, pero hay algo más importante: un grado de convicción interna, un grado de compromiso, quizá sólo un grado, quizá sólo un escalón, pero el escalón a partir del cual la profesionalidad se transforma en poesía, en abandono, en vuelo. A la Nacional le falta locura, vértigo. Deberían ensayar colocando las sillas al borde de un precipicio. De los solistas, quizá lo menos lucido del conjunto, destaca el barítono Detlef Roth, con una voz ideal para el oratorio a pesar de su extenso currículum operístico. Pero el centro emocional de la noche lo protagoniza un cuarteto de Niños bienaventurados de la Escolanía del Valle de los Caídos que, con las leves imperfecciones que son características de las voces blancas, nos recuerdan para qué se hace música. Se hace para que se abra el cielo y se detenga el tiempo. Así la hace, también, Josep Pons. Cualquier otra opción, no merece la pena.