Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
52 MADRID LUNES 20 s 11 s 2006 ABC AL DÍA Luis Prados de la Plaza Brindis por Menéndez Pelayo La Real Academia de la Historia celebra el 150 aniversario del nacimiento del sabio que bajó a la plaza a explicar la historia al pueblo con dos acciones de justicia un ciclo de conferencias y una exposición POR ANTONIO ASTORGA LETREROS golpe de noviembre madrileño, que aborda su último tercio con las hojas de los árboles todavía vestidas de verde- verde que te quiero verde, verde viento, verdes ramas la ciudad inunda sus calles de anuncios variados. Sin contar el aluvión de letreros que señalan los cambios de sentido, cortes de circulación, recados de las obras perdonen las molestias y espacios reservados con autorización sellada para efectuar mudanzas o rodar escenas de películas, las letras del escaparate urbano alivian el estado de ansiedad de los automovilistas atrapados por el colapso de mañana y tarde, lleno de lluvias. Confieso que resulta menos extraño el reclamo de ¡Madrid! entre admiraciones, lo mismo que la invitación para volver al teatro o la señorita sugerentemente desvestida que propone cambiar su sexto sentido por un instinto básico (algo anuncia, aunque supongo que no será lo que casi todo el mundo piensa) que todos los trapos mugrientos que se cuelgan por ahí. Son los restos del desaliño. La indicación provisional para seguir la flecha que conduce a las citas del tenis en la Casa de Campo, sobre un cacho de madera anclado en paisaje que parece camino de cabras, tampoco es para subir nota. Junto al concurso de diseñadores que han obtenido plaza para proponer destellos de Navidad, se han colado restos de las sopas de letras así como algunos sobrantes de muelles rotos que se descuajeringaron de los colchones de antes, de tanto traqueteo entre sueños. Con la sensación se podrían hasta dar calambres, en la imaginación y sensibilidad municipal de las artes tampoco destaca la fantasía del resplandor navideño. Pero, de actualidad plena, detalle de titulo breve y directo, reclama una mirada el siguiente mensaje, sobre gigante envoltorio de telón azul que cubre un edificio de la Gran Vía en estado de reforma o rehabilitación: Pasión inmobiliaria, la emoción del primer día ¿Sólo el primer día? Aunque no llegue a la Pasión Vega, un suponer, recuerda la lista de pasiones que provoca la construcción. A Un brindis de justicia por una mente ejemplar. La Real Academia de la Historia alza su copa con un ciclo de conferencias y una exposición de pinturas, grabados, fotografías, libros y documentos en honor de un prodigio de inteligencia amante de la lírica horaciana y devoto de Fray Luis de León. Don Marcelino Menéndez Pelayo no es una estatua, ni una calle, ni una plaza, ni una avenida... Es un sabio que dedicó toda su vida al estudio de la Historia de España en sus producciones literarias, científicas y filosóficas, desterrando errores y lugares comunes que, por desgracia para la convivencia del presente, en vez de haberse superado se han hecho más graves en los últimos tiempos advierte con gran juicio Gonzalo Anes al presentar el ciclo de conferencias y la exposición que le dedica la Real Academia de la Historia (Amor de Dios, 2) que él dirige con sabia armonía. Para disfrutar Don Marcelino Menéndez Pelayo en la Real Academia de la Historia Exposición organizada por Gonzalo Anes, director de la Real Academia de la Historia, con la colaboración de Carmen Manso. Patrocina: Comunidad de Madrid. Visitas: de lunes a viernes, de 4 a 7 de la tarde. Sábado, domingos y festivos, de 11 a 2 de la tarde hasta el 21 de diciembre. Entrada por la calle Amor de Dios, 2. Metro Antón Martín. Brindo por la nación española, amazona de la raza latina, de la cual fue escudo y valladar proclamó en el Retiro Fluencia de torrente Un recorrido por la muestra, preparada con pasión por Gonzalo Anes y Carmen Manso, introduce al visitante en la apasionante vida de un ilustre polígrafo (de quien el 3 de noviembre se cumplió el ciento cincuenta aniversario de su nacimiento) que volcó su conocimiento en beneficio de la España de su tiempo. De un gran hombre que aprendió alemán para estudiar a los filósofos germanos en su propia lengua. De un historiador capaz de proclamar, a viva voz en el Retiro, el mapa de sus convicciones pese a todo y a todos. De un erudito en el que sus pecados y deficiencias eran pecados y deficiencias por exceso de continuidad, por fluencia de torrente como detectó Eugenio d Ors. De un auténtico maestro que expurgó la verdadera erudición de la confusa y baldía. De un heterodoxo imprescindible ensalzado por el gran Marcel Bataillon que, como evoca Gonzalo Anes, mostró un justo reconocimiento a Menéndez Pelayo al escribir su enorme obra Erasmo en España y al afirmar que don Marcelino dio su lugar a los erasmistas entre los heterodoxos españoles. El recuerdo de don Marcelino Menéndez Pelayo en la Real Academia de la Historia se mantiene vivo: por lo que significó como académico desde que pronunció su discurso de ingreso el 13 de mayo de 1883, sobre la historia considerada como obra artística. En la Academia fue bibliotecario interino desde enero de 1889 y en propiedad desde el 16 de diciembre de 1892 hasta el 17 de diciembre de 1909, en que fue elegido director, cargo que desempeñó hasta su muerte en mayo de 1912. Los ojos abiertos, profundos, penetrantes de don Marcelino escrutan al visitante en estas maravillosas salas académicas desde el lienzo que le consagró José Moreno Carbonero. A su lado, el cuadro de Antonio Cánovas, pintado por José María Casado del Alisal, y otras obras sobre los Reyes y directo- Retrato de Marcelino Menéndez Pelayo que preside la muestra res de la Academia en tiempos de Menéndez Pelayo que junto a libros, documentos, fotografías y objetos sitúan al gran polígrafo en su época y quehacer. Y como eximio calderoniano que fue, brindando, a sus 24 años, en pleno parque del Retiro, por la antigua y tradicional monarquía española, cristiana en la esencia y democráti- ABC Yo no pensaba hablar, pero... 30 de mayo de 1881. Con motivo del bicentenario de Calderón, don Marcelino y los catedráticos de la Universidad Central agasajaron en el Retiro a calderonianos convictos y confesos. Llegado el momento de los brindis. Menéndez Pelayo, rogado por muchos, alzó su copa. Todos los periódicos lo publicaron. Resonancia, polvareda, injurias... siguieron al brindis: Yo no pensaba hablar; pero las alusiones que me han dirigido los señores que han hablado antes, me obligan a tomar la palabra. Brindo- dijopor lo que nadie ha brindado hasta ahora: por las grandes ideas que fueron alma e inspiración de los poemas calderonianos. En primer lugar, por la fe católica, apostólica, romana, que en siete siglos de lucha nos hizo reconquistar el patrio suelo, y que en los albores del Renacimiento abrió a los castellanos las vírgenes selvas de América, y a los portugueses los fabulosos santuarios de la India. Por la fe católica, que es el substratum, la esencia y lo más grande y lo más hermoso de nuestra teología, de nuestra filosofía, de nuestra literatura y de nuestro arte ca en la forma, que durante todo el siglo XVI vivió de un modo cenobítico y austero Brindaba don Marcelino por la nación española, amazona de la raza latina, de la cual fue escudo y valladar firmísimo contra la barbarie germánica y el espíritu de disgregación y de herejía que separó de nosotros a las razas septentrionales Brindaba por el municipio español, hijo glorioso del municipio romano y expresión de la verdadera y legítima y sacrosanta libertad española, que Calderón sublimó hasta las alturas del arte en El Alcalde de Zalamea Y brindaba Menéndez Pelayo por las ideas y sentimientos de Calderón; el poeta de todas las intolerancias e intransigencias católicas; a quien nosotros aplaudimos, y festejamos, y bendecimos, y a quien de ninguna suerte pueden contar por suyo los partidos más o menos liberales que, en nombre de la unidad centralista, a la francesa, han ahogado y destruido la antigua libertad municipal y foral de la Península Un brindis por don Marcelino.