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ABC LUNES 20- -11- -2006 INTERNACIONAL 39 reste de Asia, cuyo resultado sería que tanto Corea del Norte como Japón iniciaran programas nucleares. China también ha tenido que considerar las consecuencias que para las relaciones chino- estadounidenses tendría un fracaso de las conversaciones a seis bandas ocasionado por diferencias entre China y EE. UU. No puede tener ningún interés en el fracaso de unas negociaciones en las que Corea del Norte y China se opusieran a las medidas planteadas por EE. UU. y Japón, poniendo así en peligro las favorables perspectivas que conlleva la existencia de una comunidad bien avenida en el noreste de Asia y el Pacífico. Pasos a dar La principal tarea es abandonar las sanciones para poder concluir las negociaciones, y hacerlo a un determinado ritmo. En septiembre de 2005, al final de lo que acabaría siendo la última sesión de las conversaciones a seis bandas, Corea del Norte aceptó en principio el abandono de su programa nuclear, a cambio de compromisos de no agresión y de asistencia económica. Posteriormente, se negó a retomar las conversaciones, aparentemente como reacción a las medidas tomadas por Estados Unidos fuera del marco de Pekín, con la intención de poner fin a las falsificaciones y a otros chanchullos financieros con los que Corea del Norte mantiene a sus diplomáticos en el extranjero y el nivel de vida de sus dirigentes. Ahora este asunto ha sido encomendado a un grupo de trabajo de las recuperadas conversaciones a seis bandas. El desafío es triple: en primer lugar, mantener unas sanciones que ayudaron a dar un gran paso adelante y no repetir el error cometido en las guerras de Corea y Vietnam, cuando se suspendieron las presiones como premio por participar en las negociaciones; en segundo lugar, evitar que los agravios de Corea del Norte se conviertan en el tema principal de la primera ronda de negociaciones; y tercero, seguir centrándose en lo esencial y no entretenerse en cuestiones secundarias, ni en los países negociadores ni en las propias conversaciones. Si China, Japón, Rusia, Estados Unidos y Corea del Sur no pueden llevar a buen término una iniciativa tan imperiosa para la paz mundial, frente al desafío de un país con pocos recursos y una población relativamente escasa, los llamamientos a la diplomacia serán cada vez más vacíos. De igual modo, el éxito que ahora parece a nuestro alcance podría inaugurar una nueva era de cooperación en todo el Pacífico. (c) 2006 Tribune Media Services, Inc. Soldados norcoreanos en la ciudad de Sinuiju, cerca de la frontera con China ca, y separado de hecho la proliferación nuclear del objetivo a largo plazo que supone el cambio de régimen. Ya no se trata de que Estados Unidos esté o no dispuesto a negociar con Corea del Norte e Irán, sino de en qué marco y con qué propósito lo hará. Dos son las razones principales que explican que las negociaciones con Corea del Norte estuvieran bloqueadas durante dos años. La primera es inherente a la ideología de un régimen cuyo interés es renunciar a un proyecto al que se ha dedicado durante dos décadas o más, sometiendo para ello a su población a privaciones extremas y, en ocasiones, a la inanición, es extremadamente limitado, si es que existe. bién el más ambiguo. Está claro que tiene su propio programa de reunificación, que, de seguir sus preferencias, será gradual, con el fin de aliviar la sangría económica y salvaguardar sus intereses nacionalistas, que parecen basarse menos en una alianza con Estados Unidos que en lograr la equidistancia entre éste y China. Por diversas razones, Corea del Sur es reacia a la aplicación de sanciones, quizá porque cree que Corea del Norte está condenada a derrumbarse en cualquier caso, y porque no quiere castigar a quienes considera compatriotas. Sea cual sea su motivación, Corea del Sur no ha sido la primera en ejercer presiones y se ha limitado a respetar el consenso establecido, aunque de mala gana. Por lo que respecta a los demás, el principal interés de Rusia en lo tocante a no proliferación es Irán. Es probable que, respecto a Corea, siga la línea refrendada por Japón, China y Estados Unidos, que son los actores principales. Japón, directamente amenazado, por razones geográficas y por su expe- AP Negociar por separado No es sorprendente que su estrategia haya consistido en dividir a los cinco, tratando de negociar por separado con cada uno de ellos, y muy especialmente con Estados Unidos. Por esa misma razón, a EE. UU. no puede interesarle que lo manipulen hasta llevarle a aceptar todo el peso de la negociación, la culpa de su posible fracaso y la responsabilidad completa de verificar y poner en práctica un posible acuerdo. La segunda razón del bloqueo residía en que, hasta la explosión nuclear norcoreana, las otros seis interlocutores de las conversaciones no estaban lo suficientemente unidos como para superar las maniobras dilatorias de Corea del Norte mediante una política continuada. Corea del Sur es el interlocutor que más interés tiene en estas negociaciones, pero tam- La presión para obtener una decisión que la otra parte no había elegido es necesaria Es preciso mantener las sanciones sobre Corea que ayudaron al paso adelante para no repetir el error de Vietnam riencia- -al menos uno de los misiles que ha probado Corea del Norte pasó por encima de sus islas- siente que su diplomacia se ve coaccionada por la historia. Pero sí ha impuesto sanciones unilaterales inmediatamente después de la explosión norcoreana y sin duda apoyará a los demás en el marco de las conversaciones de Pekín. Si éstas fracasaran y el programa armamentístico nuclear norcoreano siguiera su curso, Japón recurriría a fabricar sus propias armas atómicas. La clave para avanzar es que China y Estados Unidos cooperen. Hasta la explosión nuclear norcoreana, China era reacia a presionar a su vecino, no porque le sea indiferente, como algunos alegan, que Corea del Norte adquiera armas nucleares o porque vea ciertas ventajas en incomodar a Estados Unidos. Más bien, la razón estriba en que los intereses de China en el noreste de Asia van más allá de la desnuclearización de Corea del Norte. La península de Corea ha sido durante siglos una ruta para invadir China. La caída de sus fronteras en el caos y el flujo de refugiados hacia su territorio son cosas especialmente importantes para este país. De hecho, China ha venido insistiendo en que se reconozcan esas preocupaciones. La prueba nuclear coreana ha acercado más a Estados Unidos y China. EE. UU. ha aceptado tácitamente que el problema de las armas nucleares y la evolución interna de Corea del Norte no tienen por qué ser objeto de la misma negociación. China ha dejado clara su preocupación por una posible carrera armamentística en el no-