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38 INTERNACIONAL LUNES 20 s 11 s 2006 ABC Diplomacia y armamento Las negociaciones para evitar que Corea del Norte e Irán continúen con sus programas nucleares han vuelto a suscitar el debate sobre si la diplomacia tiene sus propias reglas o si debe mantener el equilibrio entre presiones e incentivos La diplomacia coreana podría estar a punto de lograr un avance, pero las conversaciones con Irán están en punto muerto. Los dos programas nucleares no son idénticos. Corea del Norte mantiene su compromiso con un programa de armamento nuclear y ha puesto a prueba un artefacto atómico. Irán insiste en que su programa nuclear tiene fines absolutamente pacíficos y no afirma que haya conseguido fabricar armas atómicas. Pero las dos negociaciones tienen que ver con un mismo problema básico. Si los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, junto con Alemania y Japón, no pueden conseguir que Corea del Norte e Irán acepten sus recomendaciones, la proliferación campará por sus respetos y el mundo vivirá en precario al borde de la catástrofe. Esas negociaciones han vuelto a suscitar el tradicional debate sobre si el funcionamiento de la diplomacia tiene sus propias reglas o si su impulso debe proceder del equilibrio entre presiones e incentivos. Así, Mohamed El Baradei, director del Organismo Internacional para la Energía Atómica (OIEA) manifestaba sus dudas sobre la utilidad de las sanciones contra Corea del Norte, subrayando que prefería la diplomacia. De forma similar, el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergei Lavrov, se ha negado a apoyar el plan de sanciones esbozado por Europa para Irán, cuyos principios había refrendado anteriormente, aduciendo que la presión reduciría las perspectivas diplomáticas. ténticos de forma que sirva al conjunto de los intereses de las partes y, cabe esperar, con los del orden internacional. Si las sanciones no pueden modificar la postura de Corea del Norte, supuestamente el régimen más despiadado de la Tierra, y de Irán, ¿qué podrá hacerlo? ¿Cómo pueden imponerse los miembros permanentes del Consejo de Seguridad, junto a Japón y Alemania, si no es dejando claras las consecuencias de la intransigencia, cuando tanto Corea del Norte como Irán practican maniobras dilatorias? La máxima de Teddy Roosevelt, hablar con suavidad pero esgrimiendo un gran palo, expresaba esta realidad. La polémica sobre los cambios de régimen ha distorsionado el debate. Estados Unidos entró en ambas negociaciones con una actitud distante; participó en ellas respaldando la posición de otras partes que actuaban como representantes, pero sin implicarse formalmente en conversaciones con países del eje del mal a los que trataba de relegar al aislamiento diplomático. Como el objetivo de negociar es llegar a un acuerdo que pongan en prác- Henry A. Kissinger uede que dos negociaciones mantenidas a miles de kilómetros de distancia por un grupo de participantes que en gran medida se solapan determinen las perspectivas del orden mundial. En Pekín, Estados Unidos, China, Rusia, Japón y las dos Coreas están negociando el programa nuclear de Corea del Norte; en Viena, el denominado E- 3 (Alemania, Francia y Reino Unido) se reúne de cuando en cuando con una delegación de Irán para tratar del programa nuclear de este país. P Presión necesaria No obstante, la presión- -el intento de obtener una decisión que inicialmente la otra parte no había elegido- -es un componente necesario de casi todas las negociaciones. La diplomacia no es un seminario académico, sino que pretende conciliar intereses nacionales au- tica las partes, la diplomacia no puede funcionar si una de ellas pretende derrocar a la otra. Ésta es la razón fundamental por la que la Administración de Bush ha cambiado sus prioridades. Ha sido prácti-