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ABC LUNES 20 s 11 s 2006 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA LOS CUERNOS DE LA PANTOJA O que faltaba: la Pantoja despechada. Pero por cuestiones de dinero, mardito parné, no por amor. En el escándalo de Marbella no ha lugar para sentimientos; todo es pasta, pringue, una prosaica amalgama de lujo hortera, coimas municipales y tosca ingeniería financiera que comunicaba con cuentas de Suiza el cubo de las bolsas de basura de Julián Muñoz and wife. En medio de ese cenagal, a la Pantoja la han chuleado, y su queja amarga ha resonado en los platós del colorín con ecos de copla glosados por el maesIGNACIO tro Burgos, aunque los CAMACHO haya redactado el ilustre barón de Saavedra, abogado de moda. En este romance de penas negras y dineros turbios se van a escuchar pronto cantes por carceleras. Ay. El tal Muñoz ha resultado un Donjuán rociero con las manos largas, capaz de ponerle cuernos simultáneos a media España, sin distinción de sexos ni ideologías. Trajinó a Gil con Zarrías, a Zarrías con Roca, a Roca con Del Nido, a Del Nido con Caldas. Qué tío. Y acabó engañando a su amante... ¡con su mujer! que es como cuadrar el círculo. A la Pantoja la chuleaba Muñoz haciéndose el tieso y la ponía a cantar el garlochí por esos pueblos, arrastrando su honda melancolía de heroína griega pasada por Rafael de León, mientras la Zaldívar recolectaba los euros manchados con la grasa de la mordida, las recalificaciones y los cohechos. Lo que la corrupción ha unido que no lo separe el divorcio. La familia que roba unida permanece unida... en un banco suizo. Con este culebrón de rencores y desengaños, con este folletín de desfalcos adulterinos, con este cuplé de despechos, con este bululú de deslealtades, todos contra todos y sálvese el que pueda, el latrocinio de Marbella se ha convertido en carne de amarillismo que entusiasma a la plebe mientras los responsables políticos juntan las manos esperando que la justicia pase de largo distraída con el espeso humo de pajas. Los que tenían a su cargo la custodia de la decencia pública y la supervisión administrativa de los pelotazos se hacen los longuis a ver si cuela, como si se acabasen de caer del guindo, o piden dinamita para el ladrillo bajo cuyos cimientos se amasaron las fortunas que ahora separan amistades y trizan corazones despechados por la traición. El truco consiste en ponerse de perfil mientras se sustancia este espectáculo con la Pantoja de primadonna en medio de un elenco de rufianes. En el fondo este hatajo de granujas tiene suerte: si en vez de Marbella se tratase de Palermo ya habría aparecido gente con los genitales en la boca. En Celtiberia, por fortuna, nos distraemos con melodramas malayos y cantares de cornamentas que arrebatan en la pelu a una marujas que no entienden de ropones ni de política. Pero incluso ellas atisban que en el enredo faltan por aparecer los trujimanes de cuello blanco y corbata de seda. L ADOCTRINANDO A LA CIUDADANÍA nadie que no sea demasiado ingenuo se le escapa el objetivo de esa nueva disciplina que el Gobierno pretende introducir, llamada arteramente Educación para la Ciudadanía. Del mismo modo que en el País Vasco se ha logrado, a través de las ikastolas y, en general, de unos planes educativos infiltrados de ensoñaciones separatistas, formar sucesivas generaciones de votantes a piñón fijo que garantizan la permanencia indefinida del nacionalismo en el poder, la llamada Educación para la Ciudadanía aspira a crear una masa gregaria que, en las sucesivas convocatorias electorales, muestre su gratitud al Régimen, que tan próvidamente se ha encargado de procurarle el mejor de los mundos posibles. Ya sabíamos que la tentación totalitaria admite muchas expresiones y subterfugios, algunos disfrazados bajo la máscara del buenismo. Y, sin duda, esta asignatura diseñada para el adoctrinamiento científico, minucioso e implacable de millones de chiquillos y adolescentes será considerada en el futuro una de las obras maestras del totalitarismo post- democrático, algo así como la piedra angular de una JUAN MANUEL nueva era, levantada sobre los escomDE PRADA bros de una nación entregada, puesta de rodillas, dispuesta a comulgar con las ruedas de molino que el Régimen le arroja, como se arrojan huesos al chucho obediente. El desenvolvimiento del llamado proceso de paz la chapuza centrífuga de los estatutos y demás perlas salidas del caletre presidencial ya han demostrado sobradamente al Régimen que cuenta con una masa sometida, a la que basta con llenar el buche y proveerle la tarjeta de crédito para que no diga ni mu. Ahora ya sólo falta asegurar que esa masa estólida y aborregada se prolongue en las generaciones venideras; y para eso se han sacado de la manga la asignatura adoctrinadora. No se trata de una novedad, por supuesto. Desde la noche de los tiempos, las tiranías se han esforzado por crear un hombre nuevo que se amolde a sus postula- A dos. El ser humano, cada ser humano, posee unas convicciones de índole moral que dificultan la consecución de ese modelo; las tiranías, lejos de admitir la pluralidad de sensibilidades que componen la sociedad, tratan de modificarlas mediante la reeducación Esta labor de ingeniería social se presenta, paradójicamente, como una empresa amable, incluso filantrópica. Los artífices de este nuevo y poderosísimo instrumento al servicio del Régimen suelen mostrarse muy cínicamente escandalizados de que haya gente que se resiste a que sus hijos sean formados en los principios y valores del sistema democrático ¿Quién podría oponerse, sino los habitantes de la caverna- -parecen decirnos- a que nuestros hijos sean instruidos en la existencia de unos derechos humanos, de unas libertades individuales, de un deber de respeto a las minorías, etcétera? Pero el rechazo a esta asignatura no nace de la aversión a tales principios, sino a su utilización ideológica y a la invasión de cierto ámbito de libertad personal e inviolable en el que el Estado no puede inmiscuirse, entre otras razones porque la propia Constitución así lo establece, al reconocer la libertad de conciencia y el derecho de los padres a elegir la formación moral que desean para sus hijos. Resulta, ciertamente, espeluznante, que para garantizar el cumplimiento de un derecho constitucional haya que recurrir a la objeción de conciencia; el mero hecho de que ésta haya sido la solución recomendada por quienes se oponen a la obligatoriedad de la asignatura adoctrinadora demuestra el grado de depauperación de las garantías legales, cuán frágil e inerme es la posición del individuo ante la trituradora del Régimen. Resulta que ahora hemos de apelar a la objeción de conciencia cuando de lo que se trata es de exigir el mero cumplimiento de un derecho constitucional. Los padres podemos elegir la formación moral que deseamos para nuestros hijos; así de sencillo y así de simple. Si se recurre a la objeción se debe, simplemente, a que los derechos constitucionales ya no pueden ejercerse pacíficamente. El totalitarismo post- democrático los usurpará, quizá para siempre, si no nos revolvemos.