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16 ESPAÑA La negociación ETA- Gobierno DOMINGO 19 s 11 s 2006 ABC El optimismo quebrado Existe el miedo al terrorismo, a la participación política, a hablar de ella sin tapujos, a ser políticamente incorrecto en un ambiente en el que se une a la violencia la presión nacionalista. No es de extrañar que surja ese deseo de que termine esto como sea En el País Vasco no se han sufrido, desde el nacimiento de ETA, bombardeos similares, pero el terrorismo lleva demasiados años cobrándose vidas y sumando víctimas, algunas no por invisibles menos destrozadas. Los análisis económicos demuestran, si no una paralización (es una región activa, que aprovecha bien sus privilegios fiscales y las inversiones públicas) sí una creciente pérdida de oportunidades por la inestabilidad causada por la violencia. El censo subraya la diáspora de perseguidos y descontentos que se cifra actualmente en 200.000 personas. Las encuestas revelan el miedo, el miedo al terrorismo, a la participación en la política, a hablar de ella sin tapujos, a ser políticamente incorrecto en un ambiente en el que se une a la violencia la presión nacionalista. No es de extrañar que surja también ese deseo de que termine esto como sea Germán Yanke callejera (10 Cuando en mayo de 1989, tras las elecciones autonómicas, se firma un acuerdo de legislatura entre el Gobierno de Ibarretxe (PNV y EA) y Euskal Herritarrok, los encuestados creen que este hecho es importante para la pacificación (81 porque supone la incorporación de EH a las instituciones (64 En el Euskobarómetro de la Universidad del País Vasco, desde 1996 se observa en 1999, con la tregua vigente, un salto cualitativo entre los que opinan que la situación de la violencia es mucho mejor (22 o algo mejor (61 cuando el año anterior el resultado había sido 1 y 15 respectivamente. El espejismo Cuando ETA rompe la tregua, las encuestas oficiales del Gobierno vasco siguen dando cuenta del espejismo. El 77 de los ciudadanos preguntados cree que la causa ha sido la falta de acuerdo entre los partidos o la poca flexibilidad del Gobierno de José María Aznar (70 y solamente un 47 responde que ETA nunca ha querido sinceramente la paz. La tregua ahora teóricamente vigente- -o el alto el fuego permanente -se anunció el 22 de marzo de este año. Venía precedida de la declaración del Congreso de mayo de 2005 autorizando al Gobierno a iniciar un diálogo con la banda terrorista siempre que esta abandonara la violencia, pero también de un largo periodo de eficaz lucha contra el terror. Los casi tres años sin asesinatos, que a menudo recuerda el Gobierno, y la sensación de que en esta ocasión, como en todas las anteriores, sí se puede terminar con la violencia (según el Sociómetro Vasco de este mes el 85 de los encuestados tienen esperanza de que en los próximos años se consolide la paz viene acompañada por datos significativos. MADRID. Varios decenios de violencia terrorista han convertido a la sociedad vasca en una sociedad aturdida, con una cierta tendencia a escapar de una realidad a menudo dolorosa y con un deseo, a veces sin detenerse en otras consideraciones, de que las cosas cambien. Los efectos de la violencia continuada han sido estudiados en muchas y variadas circunstancias pero, por dejar a un lado por un momento a los politólogos y sociólogos, fijémonos, por ejemplo, en uno de los grandes poetas del siglo XX, Wystan H. Auden, que, de mayo a julio de 1945, estuvo en Alemania trabajando para el Strategic Bombing Survey americano. Se trataba de entrevistar a civiles sobre los efectos psicológicos de los bombardeos y Auden concluyó que los primeros bombardeos producían en la población una intensa indignación no exenta de deseos de venganza. Sin embargo, la continuidad de los mismos iba sensibilizando a la gente hasta que se deslizaba en la opinión pública un agobiado que termine esto como sea Varias personas se manifestaron ayer en Hernani por los presos final feliz- -de querer a toda costa erigir el Guggenheim europeo en Bilbao con inversiones consideradas entonces por muchos exageradas. Pero Gehry concebía su proyecto arquitectónico como un trozo del cielo en la tierra y ningún lugar mejor que allí donde, apasionadamente, se quería salir del infierno. Y, naturalmente, las expectativas, la ilusión, el entusiasmo en cuanto aparece la posibilidad de que la violencia terrorista termine. Durante la tregua de 1998 el entusiasmo se desbordó a pesar de que su declaración partía del Acuerdo de Lizarra, es decir, del entendimiento previo y reivindicativo de los nacionalistas vascos. Ayer éramos Irlanda, hoy somos Quebec se decía como prueba de que la violencia no era ya el instrumento de las conquistas nacionalistas, sino el entendimiento y la negocia- EFE Un trozo de cielo en la tierra La necesidad de abandonar el agobio, que es cotidiano aunque sea sutil, aunque a veces parezca imperceptible, se constata hasta en las fiestas que se celebran últimamente en el País Vasco y que han abandonado el tono ceremonioso por la vorágine, en el afán de llenarlo de iniciativas que den la impresión de que se saca la cabeza del agujero. Es significativo, por ejemplo, la locura -con ción. Las cifras económicas, el número de visitantes y turistas, etc. acompañaban el entusiasmo y ya nadie parecía acordarse de que el propio ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, había definido la tregua como trampa No aprovechar la oportunidad, se dijo también, supondría un delito de lesa majestad Lo importante de aquel entusiasmo, que se palpaba en la calle, era, por decirlo de algún modo, un espejismo: la confianza en que ETA había cambiado. Según el Sociómetro Vasco, encuesta oficial del Gobierno Vasco, el 72 de los consultados percibía menos tensión en la sociedad y entendía que, entre las dificultades, eran más sobresalientes la falta de unidad entre los políticos (34 o la actitud del Gobierno de Madrid (32 que el no abandono definitivo del terrorismo por parte de ETA (17 o la lucha