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6 OPINIÓN DOMINGO 19 s 11 s 2006 ABC AD LIBITUM DOS GRANDES TIMOS PROVERBIOS MORALES PUEBLO S I nos atenemos a la segunda acepción del verbo timar- engañar a otro con promesas o esperanzas debemos reconocer que José Luis Rodríguez Zapatero es un timador modélico, un maestro del género y un artista consumado de la especialidad. Lleva más de treinta meses instalado en La Moncloa y, aparte de algunas chapuzas estatutarias, no le ha dado un palo al agua; pero no importa, la ciudadanía confía en él y sus compañeros de filas, capaces de tragar sapos tan grandes como la candidatura digital de Miguel Sebastián a la Alcaldía de Madrid, no parpadean. Es el efecto mágico y seductor de uno M. MARTÍN de los grandes timos de la FERRAND Historia, el del llamado proceso de paz que, a falta de ideas más enjundiosas, sostiene a Zapatero en contra de todas las evidencias que, casi a diario, nos ofrecen los terroristas etarras y sus asociados políticos. Hay que remontarse al Madrid de Fortunata y Jacinta para encontrar un timo tan creador y estimulante como el de Zapatero. Era verano y apretaba el calor. Un bien organizado grupito de hábiles sinvergüenzas, que no llegó a ser desmontado por la Policía, se distribuía por los puntos de acceso a Madrid en espera de la llegada de algún paleto. El timador de turno, con aire solemne y maneras de autoridad, se acercaba a la víctima elegida para convertirla de presunta a cierta. ¿Tiene usted ya- -preguntaba el delincuente- -la cédula necesaria para andar por la sombra? Aprovechando la natural perplejidad, el pícaro explicaba al viajero que, en Madrid, la sombra es propiedad municipal- -todo se andará- -y que era necesario satisfacer una tasa para poder utilizarla. El sorprendido visitante se aflojaba unos cuantos reales y todos contentos, el timador por el fruto de su trabajo y el timado por el derecho adquirido al frescor umbroso. En los tiempos cercanos no hay casos que superen la brillantez del timo de Zapatero. La esperanza de una paz sólida en el País Vasco, inalcanzable por la vía de un diálogo como el emprendido, mantiene el calor de una adhesión al líder que, necesariamente, se volverá frío rabioso cuando desaparezca el hechizo; pero, de momento, a ambos lados de la Ley, unos ganan tiempo para su recomposición y rearme y otro se sienten salvadores del Estado. Lo que nos ayudaría a entender el fondo de la cuestión es conocer la naturaleza de los compromisos adquiridos por Zapatero frente a sus interlocutores. Alguno ha de haber para que tan violentos personajes se conformen con el desahogo de una kale borroka, el intento de hacer arder a dos policías y poco más. ¿Podrá el Estado, sin romper el esquema constitucional que le mantiene enhiesto, cumplir con los pagos comprometidos por el presidente del Gobierno para solidificar el monotema de su gestión? No parece probable, aunque hay casos, como el del uso de la sombra municipal, en que el timador se sale con la suya. U trahistoria. Allí nunca pasaba nada. Las cosas de las NA de las escenas de obligado cumplimiento que hablan los periódicos suceden en un nivel muy suen cualquier antología del cine del siglo pasaperficial de la realidad, eso que entendemos por histodo (y de todos los siglos venideros) es la que cieria (o por política) El pueblo y la intrahistoria terra Las uvas de la ira (1940) de John Ford, basada en nían, en opinión de Unamuno, dos funciones: padela gran novela de John Steinbeck. Recordarán los leccer la historia y rectificarla cuando se desviaba más tores el momento de infinita pesadumbre en que la fade la cuenta. Si los políticos se extralimitaban, el puemilia Joad, de Oklahoma, emprende de nuevo la marblo intervenía para meterlos en vereda y luego volvía cha, a bordo del destartalado Ford (el camión, no el dia varear aceituna o a pescar anchoa, cantanrector) por la América de la Gran Depresión, do romances de Bernardo del Carpio. El puedespués de su enésima derrota. Recordarán la blo era como un termostato, que impedía que escena, pero no las palabras finales de Mamá la historia se congelase o ardiese en pompa. Joad- -la tremenda Jane Darwell- porque reA lo largo del siglo XX, el pueblo fue desapasultaban banales en su versión española. No reciendo de todas partes, incluso de la inlo eran en la original: We re the People. Frase trahistoria. Es lógico, porque el pueblo de verintraducible en la España de los cuarenta. dad no hacía gasto. Se tejía él mismo los escar No nos vencerán, porque nosotros somos el pines, fabricaba botijos y cazaba gazapos con Pueblo eso es lo que decía la señora Joad. CoJON honda durante los períodos de asueto entre la mo para pasarlo por las pantallas españolas JUARISTI cosecha y la siembra. Una civilización indusde la época. Lo que aquí se oyó fue nosotros trial necesita consumidores, no pueblo. En cuanto somos la gente Según en qué contextos, lo de puelos Estados Unidos dejaron atrás la depresión de los blo seguía sonando subversivo veinte años después, años treinta, se acabó el pueblo. Los nietos de Mamá y por eso aquel coro paroxístico de Mississippi o de Joad, por ejemplo, se apuntaron a Viva la gente y vipor ahí cerca que nos visitó en los sesenta para ponernieron a España a grabar un disco Esta mañana nos en guardia contra la revolución soviética tradujo temprano con la gente me encontré: al lechero, al su nombre, Up with People, por Viva la gente. Seguro cartero al panadero saludé... Fue una pena, porque no han podido olvidar el estribillo que lo hizo inque ahora, si la historia se sale de madre, hay que esolvidable: Viva la gente, la hay donde quiera que vas. perar a las próximas elecciones. Salvo en el País Vas Viva la gente, es lo que nos gusta más. Con más genco, el único punto del planeta donde hay todavía puete a favor de gente en cada pueblo y nación, habría blo, según Arnaldo Otegui. Cuando la política se tuermenos gente difícil y más gente con corazón Y la izce, dice Arnaldo, el pueblo se cabrea y monta la kale quierda decía, decía, que Viva la gente era de la CIA. borroka. El interlocutor válido nos ha salido un UnaQué tiempos aquéllos. muno de pega y rompe y rasga (y quema si es posible) Lo que Mamá Joad proclamaba en la película lo hay la deriva del proceso de paz hacia la bronca genebía dicho un siglo antes don Francisco Pi y Margall: ralizada está alcanzando unos niveles de indecencia el pueblo es eterno. O sea que no hay quien pueda con ya no sólo retórica que exigen una rectificación urla gente marinera. El pueblo es infatigable, indeleble, gente. Incluso de un agente mentalmente indigente invencible e incunable. Unamuno, que se tomó en semetido a presidente, cuando su sitio estaba quizá en rio lo de Pi y Margall, confinó al pueblo en una espeViva la gente. cie de intemporalidad amodorrada a la que llamó in-