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10- 11 S 6 LOS SÁBADOS DE LUGAR DE LA VIDA Balmoral J Mónica FernándezAceytuno Locking Schoking diseñan para hombres y mujeres, sin demasiadas barreras en los tejidos y las formas les parecen estas opiniones? -Obsoletas y desfasadas. Reducen y simplifican conceptos estéticos. ¿Qué les aporta la multiculturalidad? -El mestizaje cultural es necesario para evitar la endogamia. Esto no significa que estemos de acuerdo con leyes que lo único que consiguen es crear focos de marginación, muy alejados de la coexistencia cultural que enriquece a las civilizaciones. ¿Hasta dónde les gustaría llegar en la comercialización de sus propuestas? -Hasta el espacio, la última frontera... Esto no significa una masificación del producto, que vemos inviable por nuestras necesidades y características. Somos una firma con un gran potencial en el mercado extranjero. -Con la anorexia se abre un nuevo frente: la homogenización de las tallas. ¿Les afecta este asunto? -Se ha desvirtuado con tanta exageración. Es muy contradictorio ver cómo te imponen ciertas modelos según unos patrones muy subjetivos, mientras se consume lo opuesto en revistas de tendencias y pasarelas internacionales. Los fines son más de carácter mediático que de salud. Una hipocresía en la que salen desfavorecidos, como siempre, los diseñadores. amás envidié a los reyes hasta que ayer vi, en la película The Queen Balmoral. Excepto la cocina, que me encantó, con sus puerros alineados sobre una bandeja como si fueran tallos de flores, no quiero el palacio para nada, pero ah, esas dieciséis mil hectáreas de Balmoral, qué no daría yo por tenerlas. Esos brezales rosados, esos ríos de aguas limpias, esa lluvia que vuela con el viento, cuánto me gustaría ser la reina. Después salía Tony Blair en su atiborrada y estrecha y agobiante casa de Downing Street, donde llama la atención lo austeramente que puede llegar a vivir un primer ministro en el Reino Unido. Menos mal que luego volvíamos a Balmoral, donde transcurre una buena parte de la película. Miraba a la reina. Al menos me parezco en la forma de vestir que tiene por el campo: calzo las mismas botas, y suelo llevar esos pañuelos de seda en la cabeza, llenos de patos, y la misma cazadora impermeable tres cuartos. Tengo esos perros y estoy con ella: no hay nada para pensar como un paseo al aire libre. El caso es que ya fuimos a ver la película muy bien ambientados, en mi viejísimo Land Rover, y con calcetines de príncipe de Gales y, antes de entrar al cine, merendamos. Hay una escena en la que se le nota claramente a la reina la cara de fastidio cuando le interrumpen la merienda, aunque fuera por una llamada del primer ministro. La entendí perfectamente. En casa de mi tía trabajaban dos señoras, Cecilia y Dionisia, que un día me vieron cómo salía siendo una niña a secarme el pelo al sol mientras tomaba un té con tostadas. Al regresar mi madre, le dijeron: esa niña es una señora Pero la escena que más me gusta es cuando se queda la reina en mitad de un río y sale un venado de catorce puntas. Es una pena que, a propósito de este venado, patine después la cinta hacia la demagogia. Es la única pega que le pongo a esta excelente película, llena de admirables actores, y con un paisaje de cine. Mi hijo Guillermo, que ha estado toda la semana sin colegio en casa, me dijo el otro día: Mama, te he observado estos días, y te voy a decir una cosa: vives como una reina Si hijo, pero yo no tengo Balmoral.