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ABC VIERNES 17 s 11 s 2006 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA ZAPATERO I EL INNOVADOR S LA HAMBURGUESA MALDITA P UEDE ser discutible el atractivo gastronómico de determinadas hamburguesas. De acuerdo. Las perpetradas por algunas franquicias de nombres históricos son, reconozcámoslo, atractivas y asequibles para los más jóvenes, si bien no resultan en exceso apreciadas por los consumidores más exigentes. Son locales bien situados, empresas de funcionamiento dinámico y fuentes de no pocos puestos de trabajo, pero al personal de más edad sólo nos encontrarán en ellas si es acompañando a nuestros hijos pequeños o adolescentes. Bien es cierto que si usted acude cualquier día a una de estas firmas advertirá el ambiente feliz de sus consumidores y el incansable esfuerzo por contentarles de los creadores de la marca. Recientemente, la ministra de Sanidad del Gobierno de Rodríguez Zapatero, la inefable Elena Salgado, ha llamado la atención a uno de estos productores a cuenta de un anuncio en el que se publicita una poderosa hamburguesa de nombre XXL. A decir del Ministerio, anunciar un producto de esas características es una invitación a la obesidad ya que el aporte calórico del susodicho bocadiCARLOS llo ronda las novecientas calorías, jusHERRERA to lo que no precisa la juventud española, tan dada a la bollería industrial y al güisqui de botellón. Más o menos, esa hamburguesa comportaría las calorías semejantes a uno de esos tremendos platos de macarrones que se come cualquier joven con apetito común, pero con el añadido de determinadas grasas animales cuyo abuso podría causar contratiempos dietéticos no deseables. El ejercicio habitual de los consumidores medios de este tipo de comida rápida y entretenida hace que las calorías duren en sus organismos bastante menos de lo que durarían en cualquiera de sus padres, con lo que el problema se ceñiría a los que consumieran dicho producto de forma abusiva, insistente y machacona, es decir, a los que se comieran cinco todos los días. Pero la reflexión no es ésa: toda la exposición anterior no es más que una guía para recién llegados. Se trata de considerar el machacón esfuerzo del Ministerio en cuestión por velar en exceso por nuestros hábitos privados. La ministra de Sanidad se ha volcado personalmente en vigilar represivamente la aplicación de una Ley Antitabaco llena de medidas absurdas y de alguna que otra sensata- -considero sensato no fumar en los centros de trabajo, considero absurdo y estúpido no poder entrar con mi hijo adolescente a tomar una tapa de jamón a un bar en el que se pueda fumar- -y en reñir a los ciudadanos con costumbres no adecuadas al patrón lánguido del momento. Ese mismo coraje intervencionista debería mostrarlo la administración y su alta representante en un aspecto mucho más dañino para la salud que una simple hamburguesa: el consumo de alcohol. Cuando se trata de meter en cintura a los miles de jóvenes que se emborrachan literalmente una noche de sábado en cualquier calle abarrotada del país, se derivan las responsabilidades a los padres de los muchachos y se teme legislar de forma que sea imposible beber en las calles, comprar o consumir alcohol en cualquier parte, de la misma forma que es imposible fumar en un despacho del Ministerio. Se teme, se lo piensan mucho y no sé por qué, aunque me lo malicio. Hay países con los suficientes arrestos como para prohibir beber en la vía pública, otros como para impedir el consumo de alcohol a menores de veintiún años y otros como para sancionar con prisión a quien suministre bebidas alcohólicas a jóvenes. En el nuestro andamos aún por decidir quién le pone el cascabel al gato, mientras el gato está borracho y su hígado padece por ello muchísimo más que lo que pueda padecer por el sándwich totémico. Su hijo, querido lector, al amparo de las leyes, no puede entrar con usted a tomarse un par de langostinos en la Barbiana, pero sí puede, a sus espaldas, beberse botella y media de ginebra una noche cualquiera. Y a estos va y lo que les preocupa es la hamburguesa... www. carlosherrera. com ABIDO es que Felipe González va por ahí diciendo a quien le quiere oír que el peor defecto de Zapatero es que se cree que ha inventado la política El diagnóstico es cierto sólo a medias: el presidente tiene una indubitada tendencia al más alegre adanismo, pero es dudoso que ésta resulte la peor lacra de un gobernante que tiene dividida a la opinión pública entre quienes sostienen que es un peligroso resentido y quienes prefieren creer que se trata de un incompetente elevado a la enésima potencia del principio de Peter. Es evidente, en todo caIGNACIO so, que está encantado CAMACHO consigo mismo y siente propensión a compartir con el orbe universal sus frecuentes descubrimientos del Mediterráneo. Ayer, por ejemplo, propuso ante Chirac, presidente de una nación que lleva más de cuatro décadas conviviendo con el fenómeno migratorio en todas sus variantes, la necesidad de innovar y abrir rumbos hasta ahora no recorridos en dicho ámbito social y político. El mandatario francés estaba por agradar y además jugaba fuera de casa, de modo que pasó por alto la invitación a compartir lecciones de quien su ministro del Interior, el ausente Sarkozy, declaró hace bien poco no estar dispuesto a recibirlas. Pero las innovaciones de Zapatero en materia de inmigración son conocidas en toda la Unión Europea: se trata de hacer regularizaciones masivas y luego ir pidiendo ayuda para frenar el lógico entusiasmo que tales medidas provocan en las masas de desheredados africanos, latinos sin horizontes, buscavidas eslavos y demás parias de la tierra. La vehemencia innovadora del presidente español se surte de la doctrina del ingeniero social a quien aún tiene de asesor, ese Miguel Sebastián al que ha designado para hacer de comparsa a Gallardón en las próximas elecciones locales. Sebastián ha rebuscado en sus papeles, ha cruzado tablas estadísticas, ha hurgado en la prospectiva del optimismo histórico y ha sentenciado que en España caben hasta 66 millones de personas, un 50 por ciento más de las que actualmente pueblan el solar patrio, y que pueden ir llegando a ritmo de 200.000 anuales hasta que se acabe el cupo y empiecen los empujones. Entusiasmado ante el horizonte de un crisol de culturas, ZP está dispuesto a encontrar novedosas recetas de acogida como experiencia piloto de su Alianza de Civilizaciones. Chirac quizá se muestre un poco más escéptico porque dirige un país que descolonizó media África y al poco se encontró millones de inmigrantes apretados como piojos en costura, cuyos vástagos más recientes han dado en la costumbre de quemar barrios periféricos en las ociosas noches del fin de semana. El ardor creativo de Zapatero I el Innovador le inspiró una cordial sonrisa de cortesía, pero Europa hace tiempo que es refractaria a estas explosiones imaginativas que suelen acabar en dramas sociales. Esos tristes dirigentes antiguos que creen que la política ya está inventada prefieren hacer los experimentos con gaseosa.