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ABC MIÉRCOLES 15- -11- -2006 Nuria Espert y José Luis Gómez, juntos por vez primera sobre un escenario 85 ria subraya que es el prestador el que da las instrucciones para el traslado de su obra, él decide cómo y en qué condiciones viaja, y el museo lo asume. En este caso iba sin un correo (un conservador encargado de supervisar su custodia) Los fantasmas persiguen a Goya Robos, grietas, polémicos viajes, discusiones eternas sobre la autoría de sus obras... Los espectros de sus pinturas negras sobrevuelan la memoria del genio NATIVIDAD PULIDO MADRID. Milos Forman acaba de poner rostro a los fantasmas de Goya, pero mucho antes los espectros que poblaban la Quinta del Sordo ya habían regresado al mundo de los vivos. Una leyenda tan negra como aquellas pinturas sigue persiguiendo hoy al genio aragonés. El robo del cuadro Los niños del carretón cuando se dirigía a Manhattan procedente de Ohio no es el primero que tiene como protagonista una obra de Goya. Muy sonado fue, en agosto de 2001, el robo de 17 cuadros de la colección de Esther Koplowitz, entre los que se hallaban dos goyas: El columpio y La caída del burro La rocambolesca Operación Cuba para rescatar las obras de la empresaria dio al traste con el objetivo de Cásper y su banda. Propio de una novela de Capote, el rescate contó con todos los ingredientes del mejor guión del Hollywood más negro: FBI, Interpol, una cita en la habitación de un hotel de Madrid, un centenar de policías disfrazados, un maletín, las llaves de dos coches... En uno de ellos, bajo un colchón, varias de las obras robadas, entre ellas El columpio la más valiosa. En diciembre de ese mismo año robaban en una galería de Turín un lienzo atribuido a Goya: se trataba de un retrato del conde Ugolino della Gherardesca (el conde caníbal) valorado en 500.000 euros. El lienzo fue recuperado en Montenegro cuatro años después. También en 2005 desaparecieron de la Galería Nacional de Helsinki una treintena de grabados del maestro. Reina Sofía cayera sobre un cuadro de Juan Gris de su colección, decidieron retirar tres goyas que habían cedido a la Galería Nacional de Berlín en 2005, como parte de la muestra Goya, profeta de la modernidad Una grieta de 22 centímetros en la tabla Escena del Tribunal de la Inquisición había aumentado. Resultaba imposible determinar si fue motivado por su traslado en camión a Berlín. Según la institución, la causa de tan precipitada retirada de este cuadro y de otros dos Procesión de disciplinantes y Autorretrato ante el caballete se debía al incumplimiento de las condiciones de préstamo: el nivel de luz al que eran expuestos era superior al fijado. Pero también hay buenas noticias sobre Goya: un dibujo realizado durante su exilio en Burdeos, El toro mariposa saldrá a subasta en diciembre en Christie sLondres. ¿Sobrevolará algún fantasma la sala ese día? Seguros de guerra Uno de los logros de la presente muestra supone el reunir obras de pintores españoles de cinco siglos procedentes de museos y particulares de todo el mundo (66 viajan desde España, 31 de centros europeos, y 40 proceden de Rusia y Estados Unidos) Giménez destacó que todas las obras procedentes de España han llegado en perfectas condiciones custodiadas por 26 correos españoles y las europeas por 14. Sin embargo, confesó que hay una creciente dificultad para organizar muestras de estas características, sobre todo cuando reúnen obras históricas Más aún en un país como EE. UU. donde los seguros son de guerra, contra ataques terroristas Pero esto puede ocurrir en cualquier museo del mundo. Y no hay culpables La exposición Pintura española. Del Greco a Picasso. El tiempo, la verdad y la historia toma el nombre de un cuadro precisamente de Goya. El planteamiento de esta muestra, según sus comisarios, es completamente distinto al que avalaba, en 1987, otra exposición realizada en París, que abordaba también los últimos cinco siglos de arte español, y que fue coordinada por Carmen Giménez. Más información en: http: www. guggenheim. org y http: www. toledomuseum. org Unas Majas muy viajeras Las obras del aragonés han sido muy viajeras. La polémica acompañó el viaje de las dos Majas a Washington en 2002. Tras el 11- S, el temor a posibles atentados provocó el rechazo de préstamos relevantes y los seguros de las obras de arte se dispararon. El viejo debate sobre la conveniencia o no de que se muevan tesoros del patrimonio histórico resucitó. Las Majas viajeras (la vestida y la desnuda) lle- El columpio de Goya (colección Esther Koplowitz) garon sanas y salvas. Peor suerte corrió un goya de la Academia de Bellas Artes, institución que también parece que tiene fantasmas persiguiéndola. Días después de que una gotera en el Escena del Tribunal de la Inquisición de Goya (Academia de Bellas Artes de San Fernando) Juan J. Luna Conservador del Prado, donde fue comisario de una gran exposición de Goya en 1996 UN CUADRO QUE YA FUE ROBADO EN TORNO A 1870 E s uno de los pocos cartones de tapicería de Francisco de Goya (1746- 1828) que existen en colecciones extranjeras- -pertenece al Toledo Museum of Art (Ohio) -y por causa de haber si- do robado en una fecha imprecisa, en torno a 1870, de los sótanos del Palacio Real de Madrid. Se encontraba en los depósitos del Oficio de Tapicería, a donde había sido trasladado desde los almacenes de la Real Fábrica de Santa Bárbara a mediados del siglo XIX. Apareció en Boston, en la colección de Philip Hofer, más tarde fue propiedad de la firma Wildenstein de Nueva York y finalmente terminó su andadura en la ciudad norteamericana de Toledo, en el estado de Ohio. Tal sustracción no fue la única; también desaparecieron otros cartones más y del mismo autor. Se pintó como modelo para un tapiz destinado al dormitorio de los Príncipes de Asturias, Carlos de Borbón, futuro Carlos IV y María Luisa de Par, ma, en el Palacio Real de El Pardo. Goya presentó la factura de su realización en 1779, lo que asegura la datación de la obra. Pertenece a una serie compuesta por varias piezas, todas célebres por su jovialidad, derivada tanto de la temática festiva y plena de buen humor, como del espíritu del maestro en esa etapa, que está iniciando la década más feliz y triunfal de su vida. A tan positiva situación personal se une el ambiente cortesano madrileño que vive el período culminante del reinado de Carlos III (1759- 1788) Se advierte que en todos los cartones del grupo, a excepción de éste, pertenecientes al Prado, el genial aragonés cuida más sus composiciones. Denota que conoce los efectos técnicos de Velázquez, cuyas obras ha estudiado en las Colecciones Reales; lentamente, de manera sutil y gradual, emplea una gama cromática cada vez más matizada, internándose en un progresivo enfriamiento de la paleta, y valora los contrastes en la indumentaria, resaltando pormenores típicos de la pintura de género. El protagonismo infantil domina plenamente en el presente lienzo: dos pequeños interpretan melodías en sus respectivos instrumentos para otros dos que viajan en el carretón. La impresión es que se trata de una especie de simpático desfile: los músicos ocasionales semejan estar guardando la carrera a ambos lados para que el ornamentado transporte pase entre ellos, como si sus ocupan- tes poseyeran una categoría superior. Goya capta las actitudes con gran acierto; la posición de los brazos del que toca el tambor como los carrillos hinchados del trompetista denotan que se ha tomado muy en serio el redoble y el soplido. De modo paralelo, la pareja sentada expresa con sus rostros una considerable atención destacando el que conduce el carruaje, con gesto de mantener firmes las riendas. En definitiva, lo que este lienzo cartón siguiendo la terminología tradicional del arte de la tapicería) sugiere al espectador es un espectáculo, alegre y despreocupado, ganando la admiración de quienes lo contemplan en razón de su carácter agradable, y eminentemente decorativo.