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58 MADRID MIÉRCOLES 15 s 11 s 2006 ABC De Lucifer a la cerilla Como soporte publicitario o propaganda electoral, para conmemorar eventos o recordar visitas turísticas. Las cajas de cerillas, casi relegadas al olvido, recuerdan ahora el coleccionismo más auténtico POR MABEL AMADO MADRID. ¿Se imaginan a estas alturas tener que frotar dos palos para conseguir fuego? Un invento a primera vista tan sencillo como la cerilla logró facilitar la vida a nuestros antepasados y, a día de hoy, se ha convertido en una singular fuente de rarezas y coleccionismo. Para mostrar desde un punto de vista anecdótico una magnífica colección de cajas de cerillas, el centro comercial Gran Vía de Hortaleza se ha vestido con los colores del fósforo: rojo, blanco y negro. Y es que en pocos años, un objeto de la vida cotidiana de marcado valor promocional casi ha quedado relegado al olvido. Para que mantengamos en nuestra mente la precisa función de tan sencillo invento, el arquitecto vallisoletano Julio Arévalo ha reunido desde 1978 una colección cercana a las 800 cajas, la más antigua de 1969. Ahora podemos admirar una selección de 500 fósforos- -los más significativos por antigüedad, procedencia o mensaje- -que repasan hoteles y restaurantes del mundo, establecimientos comerciales, marcas, visitas turísticas, conmemoraciones, bodas, mundiales de fútbol... merchandising pródigo en imaginación. Sin embargo, esta exposición también recuerda el origen de tan singular elemento a través de sus once vitrinas tematizadas. Este recorrido por el diseño efímero del último tercio del siglo XX arranca con una pequeña historia con el fósforo como protagonista. Viajamos en el tiempo hasta 1669, fecha en la que el alquimista de Hamburgo Henning Brand realizaba experimentos con la orina humana. Tras calentarla hasta la ebullición consiguió un residuo sólido que mezcló con arena. Con más calor, finalmente el vapor enfriado se convirtió en una sustancia muy inflamable que brillaba en la oscuridad. Había nacido el fuego frío Durante un siglo más se siguió obteniendo a partir de la orina, hasta que en 1771, Scheele lo produjo a partir de huesos calcinados. Con el tiempo, y por sus variadas propiedades, comenzó a diferenciarse entre fósforo blanco- -muy venenoso en estado puro- rojo- -descubierto en 1844 por Kopp- -o negro. La exposición concluye con una curiosa- -y gigantesca- -caja de cerillas inglesa esta exposición, la organización sugiere un particular juego de pistas en cada vitrina. Bajo el título Encuentra pedirá al visitante que descubra una caja de cerillas de un hotel situado en la capital de Nicaragua, otra con forma de taza o en la que se ha rotulado la palabra cisne en inglés, cuáles están repetidas, dónde se ha dibujado una locomotora verde o un motivo sevillano... Seguimos con la vitrina de Bares españoles, donde se aprecia una arraigada costumbre de este país. Desde logotipos a representaciones de animales ABC y flores, pasando por edificios o fotografías del dueño del local, toda esta representación tenía cabida en tan pequeño espacio promocional. La tercera, cuarta y quinta vitrinas hacen referencia al país que popularizó los mixtos tal y como los conocemos hoy. Vemos muchas cajas de cerillas de marcado estilo victoriano y centradas en Londres, aunque también se exhiben escocesas y galesas, de especialidades nacionales o foráneas... Ya en Cerillas del mundo se han seleccionado cajas de Bangkok, Grecia, Panamá, Italia, Francia, Estados Unidos, Inglaterra, Venezuela... En la trastienda La historia de la cerilla es tan singular como su propio descubrimiento. No en vano, la casualidad llevó a John Walker, propietario de una farmacia, a sorprenderse en su trastienda mientras intentaba crear un explosivo en 1826. No consiguió su objetivo, pero a cambio descubrió- -aunque nunca lo patentó- -la primera cerilla de fricción. Fue Samuel Jones quien, tras observar cómo ardía la cerilla, las comercializó con el nombre de Lucifer Pero volvamos a las vitrinas de la exposición, que organizan temáticamente la colección bajo los epígrafes: Hoteles, Bares de España, Empresas, Bebidas y tabaco, Conmemoraciones, Reino Unido (abarca tres vitrinas) Resto del Mundo y Miscelánea. En el primero de ellos encontramos cajas de cerillas de hoteles de todo el mundo, desde Israel a Venezuela, pasando por Honduras, Checoslovaquia, Mali o Bahamas, entre otros. Además, para animar a los más pequeños a implicarse en La cerillera A partir de la séptima vitrina nos acompañará en este nostálgico viaje un célebre y emotivo libro de Andersen, La cerillera Aunque todavía no es la noche de San Silvestre, siguiendo el relato descubriremos en posteriores paradas algunas marcas de tabaco que ya han desaparecido, bebidas que no se comercializan en España, establecimientos de barrio, compañías aéreas, vistas de ciudades, trajes regionales y hasta rarezas. Entre ellas destacan cajas con chistes, estuches de apertura complicada, un periódico en miniatura, cajas que no anuncian nada... Aunque se trata de una colorista y sentimental colección, el porvenir de este elemento es cada día más oscuro. Esperemos que aún perduren los juegos con cerillas, los niños que se animen a realizar manualidades con ellas o los despistados que apunten un teléfono sobre sus cajas. En el peor de los casos, siempre nos quedará el cine con sus representaciones de tipos duros que encienden la cerilla en su barba... El fuego frío Casi a la altura de los posavasos, mecheros o calendarios de bolsillo, las cajas de cerillas también se revelaron pronto como un perfecto soporte de Más información Qué: Exposición sobre curiosidades y coleccionismo de cajas de cerillas ¿Tienes fuego? Cuándo: Hasta el 3 de diciembre. Dónde: En el centro comercial Gran Vía de Hortaleza (Gran Vía de Hortaleza, s n) Cuánto: Entrada libre. Esta exposición realiza un singular recorrido por el diseño efímero del último tercio del siglo XX