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56 MADRID MIÉRCOLES 15 s 11 s 2006 ABC Los ecologistas piden a la Justicia la paralización de las obras en la M- 501 ABC MADRID. Las organizaciones Ecologistas en Acción y Sierra Oeste Desarrollo Sostenible han solicitado al Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) la paralización de las obras de la carretera M- 501, más conocida como la carretera de los pantanos. Ambas organizaciones explicaron que la carta de emplazamiento enviada el pasado 12 de octubre por la Comisión Europea a España pone de manifiesto que la Comunidad de Madrid ha actuado en contra de la normativa europea y ha causado un grave daño a la Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) y Lugar de Interés Comunitario (LIC) de los Encinares de los ríos Cofio y Alberche Ecologistas en Acción aclaró a Efe que la petición realizada al TSJM pretende la paralización de las obras en el tramo de la M- 501 que actualmente se está desdoblando. El hecho de que no exista declaración de impacto ambiental, añadieron los grupos ecologistas, impide un adecuado seguimiento de los compromisos adquiridos y una evidente descoordinación entre las consejerías de Medio Ambiente y Transportes quienes, a su jui- cio, están permitiendo la consumación de un gran desastre ambiental En respuesta a la nueva petición de paralización de las obras por parte de grupos ecologistas, la Consejería de Transportes e Infraestructuras subrayó ayer que las obras de desdoblamiento de la carretera de los pantanos están avaladas por tres autos favorables del TSJM. Fuentes del departamento que dirige Elvira Rodríguez hicieron hincapié en que de cada cuatro euros invertidos en dichas obras, uno es para medidas compensatorias medioambientales AL DÍA Manuel de la Fuente BALADA DE OTOÑO ndaba mi Mari el domingo de chino en chino, ansiosa de repoblar (reforestar, se diría) su fondo de armario otoñal (ya saben, súbeme las cajas con la ropa de verano, bájame las cajas con la ropa de invierno, y así sucesivamente) de manera que tomé las de Villadiego, que para el caso vinieron a ser las del Retiro. Bajo chopos y castaños me recreaba en ese sencillo ir y venir de gente con ánimo de fiesta, relajada, sonriente, incluso. Me regocijé una vez más ante la inverosímil pero bellísima presencia del ángel caído, con el paisanaje aupado a sus patines y disfruta que te disfruta también del placer de los pedales. Los músicos echaban a volar sus notas dicharacheras, y en los teatrillos de títeres el tiempo de la infancia parecía detenerse. Anduve a solas, como un filósofo en paro, por los aledaños del Palacio de Cristal y mientras me llenaba los pulmones de aire moderamente puro un tsunami de recuerdos me partió el alma, al tiempo que los pies se me iban hacia esa senda que entre viejos (pero nunca antiguos) árboles conduce al Bosque del Recuerdo, aquél al que llamaron de los Ausentes. Tiraban de mí como una marioneta los hilos de la memoria, una memoria encogida todavía por las lágrimas de aquellos días de marzo cuando la vida de ciento noventa y dos hermanos quedó en la cuneta. Un puñado de personas subía y bajaba por esa colina tan artificial como necesaria. Quizá me temblaron las piernas y quizá volvieron a humedecerse mis ojos, es probable, muy probable. Arriba, un ramo de flores malvas, blancas y amarillas, al lado de los olivos con las aceitunas en sus ramas, a la espera de utópicas vareas. Dicen que allí deben descansar nuestros recuerdos, si antes no los recalifican. Está bien, que allí descansen en paz, aunque no sea en silencio, rodeados como están del estruendo de futbolistas tripudos y domingueros. Me vi en la cima rodeado de cipreses, con el corazón en un puño bastante cerrado. Me vi en la cima, rodeado de cipreses y recordé que antes que yo un poeta, humanamente desolado, apuntó que los cipreses creen en Dios. Bien está. Pero, ¿y nosotros? A