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40 INTERNACIONAL Tribuna abierta MIÉRCOLES 15 s 11 s 2006 ABC Martín Santiváñez Vivanco EL MAQUILLAJE DEL TIEMPO D ERROTADO por Violeta Chamorro, Enrique Bolaños y Arnoldo Alemán, el líder sandinista Daniel Ortega es, sin lugar a dudas, un auténtico fénix de la política centroamericana. Como un huracán caribeño, el ex guerrillero se ha impuesto de manera contundente a liberales y conservadores, dueños del poder y las prebendas por más de tres lustros democráticos. A la cuarta, va la vencida, Comandante. Su perseverancia, irracional, caudillesca, le abre las puertas de un nuevo mandato, convencido, como está, de la necesidad de un nuevo talante que revitalice la castigada política nicaragüense, y que se refleje, antes que en progresos macroeconómicos, en mejoras concretas de la cesta familiar. En pos de la unidad nacional- -o el sillón del poder, qué más da- -el sandinista ata su destino al de su Némesis: los contras, la Iglesia Católica y los somocistas. Conciliación edulcorada, compromiso político y lealtad a la componenda partidista son los signos inequívocos de la conversión de este Saulo del marxismo en desempolvar sus textos de Maquiavelo y aplicar una estrategia digna de Sun Tzu- -uno tropical, por supuesto- sepultando a la oposición interna y controlando a sus díscolos camaradas de tiempos revolucionarios. No le ha temblado la mano- -acostumbrada al fusil- -mientras liquidaba a la quinta columna de su partido. En su ascenso pacífico hacia el poder total, el sandinismo ha consolidado un gran frente que, de mediar una buena gestión, logrará la estabilidad de un país que aún no olvida la lacra de la guerra civil. Tu amor revolucionario te conduce a nueva empresa donde esperan la firmeza de tu brazo libertario. Que un antiguo paladín de la revolución iberoamericana se recicle como apóstol de la reconciliación nacional no debería quitarnos el sueño, ni mucho menos sorprendernos. Es sano- -muy sano- -contemplar cómo líderes políticos que abrazaron en momentos de confusión ideológica la violencia sectaria como panacea y remedio a los males sociales, deponen las armas y se adhieren a las fórmulas democráticas, al ethos poliárquico. Con todo, es grotescamente perturbador observar ese extraño contubernio querido y buscado por Ortega. En pos de la unidad nacional- -o el sillón del poder, qué más da- -el sandinista ata su destino al de su Némesis: los contras, la Iglesia Católica y los somocistas. Conciliación edulcorada, compromiso político y lealtad a la componenda partidista son los signos inequívocos de la conversión de este Saulo del marxismo. El comandan- Orteganohadudado, esosí, más, una política reformista, un lulismo caribeño, dirigido, controlado. Financiado, en suma, por los viejos aliados del enclenque Estado nicaragüense: EE. UU. Taiwán, la UE. Para ello, Ortega debe hilar fino con el tío Sam, pues sus excesos de antaño, aunque Jimmy Carter lo bese y lo consienta, siguen revoloteando en la memoria de los halcones. Busca, además, un acercamiento con Brasil, con México, con la Comunidad Andina. Al menos formalmente, se aleja de Cuba. Se aproxima a la Unión Europea. El segundo escenario, en cambio, es harto complicado. Un sandinismo tomado por el ideal populista, entregado a la locura chavista, le granjearía enemigos poderosos. Nicaragua no es Venezuela. La derecha nicaragüense- -pústula de corrupción y mediocridad- -es perversa, cosmopolita, farisea. Y, precisamente por ello, no dudará en oponerse con todos los medios- -como antes, ¡como siempre! -a cualquier guiño de complicidad con Caracas. Un puñal en el Parlamento podría minar la gobernabilidad que el país necesita, precipitando un tinglado de equilibrios contrahechos, difícil de sostener sin el aval corporativo. Chávez, faltaba más, conoce perfectamente la débil posición de su aliado. El barón del petróleo intentará reducir al líder revolucionario, convirtiéndolo en un peón de su ajedrez antiimperialista. Enemistado con todos y fotografiado de la mano de dictadores, la estrella de Ortega, y con él, la del sandinismo, no tardaría en eclipsarse. ÁNGEL CÓRDOBA te ha madurado. Y con él, el sandinismo. Veremos, pues, un nuevo movimiento, en el que el legado de Daniel Ortega pesará más que el de sus correligionarios de la primera hora, aferrados a ucronías y quimeras, tan astrales como estúpidas. Y si el aprismo, en el Perú, es Haya de la Torre- -aunque García se fastidie- o el peronismo, en Argentina, es Perón- ¡que Kirchner se incomode! el sandinismo, desde hace tiempo, es un hombre, un estilo, un carácter: Daniel Ortega. Si el comandante se eleva en esta nueva aventura, el sandinismo- -el mayoritario y no el disidente- -se afianzará en el poder pese a la inquina norteamericana. américa, es poco menos que suicida. Además, sin complejos, ha buscado entre sus enemigos a aquéllos que comprenden que el sandinismo, pese a quien le pese, es historia viva de Nicaragua y que sólo su liderazgo ha logrado mantener la herencia de la revolución a salvo del paredón reaccionario. Acostumbrados como estamos al extraño sincretismo que suele pulular en la política, esta simbiosis contra naturam no nos sorprende. Bienvenido sea, pues, el abrazo del Comandante con Jaime Morales Carazo, su vicepresidente, ex somocista. Ex enemigo. Hoy, aliado incondicional. En el poder, hermanos. Existendosescenariosposi- radical o converso de la política? ¿Cirugía plástica o maquillaje? Sombra aquí y sombra allá, Comandante. Al fin y al cabo, fue Ernesto Cardenal quien, en un poema bellísimo, al hablar de su vida, retrató, sin quererlo, el futuro de un movimiento romántico, patriota, valiente: el sandinismo. Sí, como latas de cerveza vacía han sido los días de la revolución. Como colillas de cigarrillos apagados No ha quedado, compañero Cardenal, nada de aquellas jornadas de gloria y pólvora. Nada, nada. Menos mal. Esa revolución, vieja utopía arcaica, ha sido traicionada- -o mejorada, quién sabe- -por una elite de políticos profesionales que, por segunda vez, tienen en sus manos el destino de un país de gentes amables, guerrilleros feroces y pobres muertos de hambre. ¿Impenitente Genuflexo, Ortega ha besado, pudorosamente, decenas de anillos episcopales para conquistar el sillón presidencial. Ha hecho bien. Enemistarse con la Iglesia Católica, en Ibero- bles para el neosandinismo. En el primero- -el realista- el comandante Ortega elige como lugartenientes a jóvenes tecnócratas comprometidos con la ortodoxia del consenso de Washington. Ensaya, ade- Director para América Latina de la Cátedra Garrigues de Derecho Global de la Universidad de Navarra