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ABC LUNES 13- -11- -2006 85 una proyección de vida. Cuando estaba inmerso en la flojedad de la salud sólo pensaba en salir, ni siquiera en torear. Luchaba por vivir y disfrutar de lo que gané ¿Y no se le ha pasado por la cabeza la misma idea, disfrutar de lo ganado, tras los puntos de inflexión de las cornadas y los percances? No, son cosas de la profesión Y vuelve a hablar de Natalia, una mujer maravillosa la mujer que en su reciente boda proyectó en una pantalla la vida infantil del César bogotano plagada de hambre y dolor: su madre y su hermana murieron en 1981 en una capilla rezando por la suerte del torero. Las velas prendieron el infierno. Cada día piensa en ellas. En la madre muerta, a la que le debe una casa de sueños. ¿Le hubiera dado el visto bueno a Natalia? Seguro, aunque las mamás siempre le ponen reparo a todo O a todas. El mítico Bastonito Cuántas veces habrá soñado con Bastonito el mítico toro de Baltasar Ibán, la fiereza encarnada, cárdena y terrible, en encarnizada batalla. No hubo Puerta Grande. Fue la épica lo mejor, una faena histórica Otra vez la vida y la muerte. Aunque a César le sobran las faenas históricas. Bastonito recuerda, y un toro Astolfi que le lamía las hombreras con sus astifinas lenguas de fuego. Madrid siempre le examinaba, le exigía; pero necesitaba Madrid: Si no salgo en el 95 la quinta vez por la Puerta Grande, ya me habrían quitado de aquí Y en 2005 descerrajó el portón venteño por sexta vez. Y La Séptima se le resistió como al Real Madrid la séptima Copa de Europa. ¡Qué bonito sería despedirme con una Puerta Grande! Aunque jamás pueda alcanzar las catorce de Su Majestad El Viti Madrid se lo ha dado todo pero no le ha regalado nada. Sin embargo César Rincón torea ahora mejor que cuando todos le alababan, y curiosamente se le valora menos. Evoluciona el toreo. Hay faenas de entonces que hoy no valdrían las dos orejas, y faenas actuales, que se premian con una, significarían comparativamente tres. Evolucionan los públicos y el toreo. Los vídeos lo cantan. César Rincón lo admite, lo sabe, se queja un poco: No a todo el mundo se le mide con la misma vara de medir. Ojalá que todas las plazas fuesen así. Hoy no a todos les hace falta Madrid, aunque hacerse a través de Madrid es muy duro, mucho más... Les digo enhorabuena, ¡qué bueno! Pero esto es la Cátedra Hablamos de que no hay distancia con los toros, de que hay distancias, que no es lo mismo. Y desde la distancia su carrera se hace más grande, más importante y pura. César Rincón no sabe mentir. No se va con la faena soñada hecha. El compendio de todas suman el diez. Unos gramos de ésta, otros de aquélla... ¿Asignatura pendiente? Seguro, unas cuantas, pero estoy satisfecho. Siempre he salido a darlo todo ¿Alguna excepción? Sí. Son las circunstancias del hombre, físicas y del alma Probablemente es el torero Rincón, en su sexta salida a hombros por la Puerta Grande de Madrid, en San Isidro de 2005 BOTÁN Enrique Ponce es el torero al que más he admirado, al que más celos le he tenido, por su capacidad Me voy. Cuando has entregado tanto a la profesión hay una cuenta pendiente con la familia Nadie me regaló nada. De haber nacido en España hubiera cambiado el cuento, pero no sería igual más importante que Hispanoamérica haya parido. Ni los mexicanos míticos, Gaona, Garza, Arruza, ni los vendavales de los girones, César y Curro, le hacen sombra, con respeto y con perdón. En un cuarto de siglo de matador de toros ha toreado con muchas figuras, con todas, más exactamente. Y por encima de todas admira a Enrique Ponce. Rincón, un tipo generoso siempre para con el toro, lo es también en el elogio: Siempre le he tenido muchos celos. Me ha llegado muchísimo. Su facilidad, su cabeza, su capacidad... Nos perde- mos en Colombia, con Álvaro Uribe, con optimismo a pesar de las FARC, las alternativas al cultivo de la coca, la emigración y, al final, en el toreo, esa playa de inmensas arenas doradas donde César Rincón escribió su nombre. Y ahora se va. Como una ola. Como la vida.