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60 AGENDA LUNES 13 s 11 s 2006 ABC Santiago Grisolía Bioquímico CIENCIA Y MÚSICA UNQUE muchos países y ciudades se consideran centro de la música, en mi opinión no hay otra región que supere a la Comunidad Valenciana, en la cual a todos los niños, o a casi todos, se les enseña a tocar algún instrumento y como ejemplo de este interés valga la ciudad de Liria con sus dos bandas de música, La Primitiva y La Unión que no solo rivalizan sino que también atraen a grandes compañías musicales y viven para la Música. Hace unos días tuve la ocasión de decir unas palabras con motivo de la Proclamación de Rosa Oliver como Reina para este año de la Banda La Primitiva y eso me hizo reflexionar algo sobre la relación música- ciencia porque hay muchos científicos que conozco o he conocido, que son excelentes músicos. Albert Einstein era un gran aficionado al violín, que solía tocar, si bien parece que no con maestría, y sus opiniones musicales eran acertadas y demostraban un enorme conocimiento. Su primo Alfred Einstein fue uno de los grandes críticos musicales del siglo XX y escribió, entre otras obras, una biografía de Mozart que les recomiendo. Edmond Fischer, el bioquímico que recibió el Premio Nobel de Medicina en 1992, pudo haber sido un buen concertista de piano. De hecho se lo planteó durante un tiempo, aunque finalmente escogió dedicarse a la ciencia. Él dice que pensaba que sería más fácil destacar como científico que como pianista, debido a los magníficos maestros de piano y lo difícil que es la interpretación. En cualquier caso, es un gran pianista, como nos demostró a todos cuantos nos reunimos hace dos años en Castellón con motivo de la reunión de los jurados de los Premios Rey Jaime I. El Dr. Fischer acompañó al piano a la soprano Magdalena Ernst, esposa del Premio Nobel de Química Richard Ernst, en un concierto organizado por la esposa del también Premio Nobel Sir Aaron Klug, Liebe. A Según parece, el área del cerebro que determina las habilidades musicales y la del pensamiento y habilidades verbales se superponen me sorprendió porque se sabía todas las canciones. Así que, años más tarde, fuimos una noche en Madrid a verla actuar en la calle de La Palma y D. Severo disfrutó. Recuerdo la dificultad para conseguir un abono para el Metropolitan Opera House en Nueva York, y cómo, ante el interés del Dr. Ochoa por conseguir uno, fue la valenciana Lucrecia Bori, entonces directora artística del teatro en cuyo escenario había triunfado durante tantos años como soprano, quien se lo facilitó. Pero no sólo hay científicos que renunciaron a su vocación musical: también hay músicos con interés por la ciencia: recuerdo a un astrofísico que, tras publicar unos trabajos sobre el polvo estelar, decidió dedicarse a la música y se convirtió en uno de los guitarristas y compositores de rock más considerados del mundo. Seguro que muchos lectores lo conocen. Se trata de Brian May, el guitarrista de Queen. May tampoco ha abandonado totalmente su segunda vocación y colabora con otro astrofísico en un proyecto para hacer audibles, es decir, musicalizar, las ondas provenientes del Sol y otros cuerpos celestes. Es la música de las esferas. Aquella de la que hablara Pitágoras hace 2500 años. Y es que el Universo está lleno de música, ritmos y resonancias regidas por números. en las que nos contó que cuando Florey y él solicitaron a la Royal Society la aprobación para patentar la penicilina, el entonces presidente de la sociedad se negó alegando que los caballeros no piden patentes Ello determinó que unos investigadores que pudieron haberse hecho riquísimos tuvieran que seguir buscando financiación para sus investigaciones durante el resto de sus vidas. Pero mencioné a Chain por su relación con la música, pues era un excelente pianista y director de orquesta, como pudo comprobar en Oxford, al principio de los cuarenta, el entonces muy joven futuro Premio Nobel español, Severo Ochoa, en muchos aspectos mi maestro. Déjenme mencionar un detalle curioso: las numerosas calles españolas dedicadas al Dr. Fleming se deben a la popularidad que éste alcanzó gracias a los toreros, pues fue en los quirófanos de las plazas de toros donde primero se utilizó la penicilina en España. cientes, investiga las relaciones entre las facultades musicales y poéticas de los humanos. Tengan en cuenta que, aunque parezca que la vista es el órgano de los sentidos más importante, el oído es nuestra mayor fuente de información sobre el mundo. Pensamos, esencialmente con palabras, y no sólo cuando hacemos razonamientos abstractos. En algún sitio leí que los objetos se incorporan como independientes a medida que se les pone un nombre. En cuanto al talento científico, Einstein decía que la apreciación de la ciencia y la apreciación de la música demandan en parte procesos mentales similares Aunquesóloseacomocurio- Otro Compaginar la ciencia con la música no sólo es posible, sino intelectualmente muy provechoso. La educación de la sensibilidad también educa el intelecto. Gerald Edelman, que es un excelente violinista, cuando a los 20 años reconoció que quizás no llegaría a virtuoso universal, empezó a estudiar medicina... y en 1972 obtuvo el Premio Nobel por sus descubrimiento de la estructura química de los anticuerpos. Ahora, en sus trabajos más re- interesante caso es el del bioquímico Ernst Boris Chain, quien compartió el Nobel de Medicina en 1945 con Alexander Fleming y Howard Florey. Chain tuvo más mérito, a mi entender y el de muchos otros científicos, que Fleming en el descubrimiento de las propiedades terapéuticas de la penicilina. Pero era un judío alemán que se había trasladado a Inglaterra en 1933 (una muestra más de su inteligencia) y quizá eso pesara en que los británicos les dieran menos publicidad a Chain y a Florey, que era australiano, frente a Fleming, que era escocés. Chain hizo varias visitas a Valencia, Ochoa también era muy aficionado a la música, especialmente le gustaba la ópera. Conocía muchas arias de memoria y solía cantarlas, y también otras piezas musicales. Un día en que estábamos en mi casa, le puse un disco de Olga Ramos, que quizá los lectores de más edad recordarán, y Severo sidad, me gustaría referirme al llamado efecto Mozart publicado en 1993 por la revista Nature Se trata del resultado de las investigaciones realizadas por un grupo de científicos en la Universidad de Wisconsin, en que observaron que la audición de algunas de las piezas del genial Amadeus, y muy concretamente la de la Sonata para dos pianos en re mayor La Köchel 448 parece mejorar la comprensión espacio- temporal. Si a esto unimos el hecho de que las grandes familias de músicos, como los Bach, que recoge más de cien prestigios profesionales en este campo, tienen otros miembros que son eminentes matemáticos. Según parece, el área del cerebro que determina las habilidades musicales y la del pensamiento y habilidades verbales se superponen. En definitiva, hay profundas y estrechas relaciones entre las dos profesiones, la musical y la científica. En cualquiera de ellas, si se quiere destacar, se necesita tener gran imaginación, capacidad de trabajo, de sacrificio y de disciplina. Es tan errónea la idea del científico loco o distraído que tiene una inspiración como la del compositor, director de orquesta o solista que actúa como un bohemio.