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ABC LUNES 13- -11- -2006 MADRID 53 baladizas para las pezuñas de los animales. Las ovejas, un millar aproximadamente, llevaban consigo a dos perros guardianes. Pero no eran mastines: al parecer estos también habían sido retirados de la expedición porque no tenían chip explicó a la prensa un acompañante del rebaño. Pago en maravedís a cambio de cuatro días en la Villa El responsable de las ovejas paga cada año un canon en maravedís al Ayuntamiento. El pago lo fija la concordia de 2 de marzo de 1418, firmada por el rey Alfonso X, y son 50 maravedís por cada millar de ovejas, que dan derecho a parar y descansar cuatro días en la Villa. A lo largo de los trece años que se ha repetido la fiesta de la Trashumancia, el encargado de recibir el pago en la Casa de la Villa ha ido bajando en el escalafón jerárquico. Primero fue el alcalde, entonces José María Álvarez del Manzano. Después, el alcalde en funciones (1998) el concejal de Medio Ambiente (1999 a 2002) el coordinador general de Medio Ambiente (2003) y el concejal de Centro (2005) Este año le ha tocado a la oficial de protocolo municipal, Elena Herranz. De nuevo las obras les esperaban en este punto; esta vez, las de la estación de Cercanías que lleva a cabo el Ministerio de Fomento. Las ovejas pasaron sin problemas por este punto, y continuaron por la calle de Alcalá en dirección a la Puerta de Alcalá, a donde llegaron tras atravesar Cibeles. El mojón En este lugar hicieron otra pausa junto al mojón que indica que aún hoy, en pleno siglo XXI, aquello es una cañada real. Aprovecharon para recordar el motivo de esta fiesta, que se repite año tras año en la capital desde 1994 para reivindicar el uso y el mantenimiento de las cañadas reales. De vuelta a la Casa de Campo, por el mismo camino que recorrieron a la ida, las calles tenían aún más espectadores, que disfrutaban del doble espectáculo de la radiante mañana y el paso del rebaño por plena calle de Alcalá. Nuevos personajes Desde allí, subieron por la avenida de Virgen del Puerto y la Cuesta de la Vega, hasta alcanzar la calle Bailén. Una vez salvado el obstáculo de la M- 30, se fueron añadiendo personajes a la escena: al pastor que cuidaba de las cabezas, que además es su dueño, Julio de la Losa, se le unieron varios jinetes, una carroza tirada por dos bueyes y diferentes grupos folclóricos procedentes de Burgos y León, que amenizaron el trayecto al son de gaitas y castañuelas. De la Losa estaba, todo hay que decirlo, un poco enfadado: recordaba los días que había pasado completamente solo mientras se enfrentaba a los gigantes de la burocracia y sus ovejas estaban inmovilizadas en la Casa de Campo. Y dudaba si volvería con los animales a Madrid. El medio rural Según declaró a Ep José Gutiérrez, pastor de Pedrul de Torio (León) la fiesta le supone una excusa para venir a Madrid, una cuidad que siempre se muestra abierta con este acto. No en vano, para muchos niños urbanitas de nacimiento y crianza, supone el único acercamiento a la vida rural del que gozan a lo largo del año. Tras el paseo y la entrada, de nuevo, a la Casa de Campo sobre la pasarela, se celebró una comida de hermandad con caldereta incluida, seguida de una fiesta pastoril y espectáculos como el rodeo del ganado. Y hasta el año que viene, si las ovejas aguantan. Pendones y luces navideñas Todos juntos emprendieron el camino por las calles del corazón de la ciudad, encabezados por varias decenas de pendones, de unos diez metros de altura y unos 50 kilos de peso. A veces, son llevados por una sola persona que los porta en su cinturón, en una demostración de fuerza y destreza. Pendones que, por cierto, tuvieron algún que otro proble- ma con las luces navideñas que ya están colocadas en algunas vías de la ciudad. La siguiente parada del rebaño se produjo en la plaza de la Villa, para cumplir con la tradición de pagar al Ayuntamiento los 50 maravedíes por las reses en trashumancia. Desde allí, y ya rodeados de centenares de madrileños y de turistas atónitos ante el espectáculo, las ovejas y su pastor siguieron rumbo a la Puerta del Sol. El paso de las ovejas sobre la pasarela fue muy complicado