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90 CULTURAyESPECTÁCULOS DOMINGO 12 s 11 s 2006 ABC ROCK JAZZ Evanescence Concierto de EvanescencesLugar: Sala La Riviera, Madrid Festival de Ciudad Lineal Concierto de Kenny Garrett QuartetsLugar: C. C. San Juan Bautista, Madrid Indolente oscuridad PABLO CARRERO Que, en plena crisis de la industria discográfica, un grupo tan de medio pelo como Evanescence llegue a vender más de once millones de discos en todo el mundo con su primer álbum constituye una de las muchas incógnitas que rodean al misterioso negocio de la música popular. Pero así es, y en España el público no ha sido ajeno al fenómeno. De esta forma, La Riviera presentaba el viernes un lleno absoluto, con todas las entradas vendidas desde hacía semanas. Así las cosas, y con un montaje muy sencillo pero efectista gracias sobre todo a los juegos de luces, la banda norteamericana se llevó a la audiencia de calle con un concierto breve y más bien poco exigente. En algún lugar a medio camino entre Metallica y los Sugarcubes, Evanescence no son capaces de encontrar ni la arrolladora potencia y presencia escénica de los primeros ni la abundancia de matices de los segundos. Suenan potentes y ágiles en las composiciones más afortunadas Bring me to life pero éstas son más bien escasas, y el concierto acaba resultando definitivamente demasiado lineal y aburrido. El concierto formaba parte de la gira de presentación de su flamante The open door en la que tampoco se adivinan grandes cambios con respecto a su celebrado debut. Es decir, que el repertorio no contribuye precisamente a hacer el concierto más variado. La única novedad la constituye, ya mediada la actuación, la aparición del piano, interpretado por la propia Amy Lee, que se toma un respiro con un par de canciones algo más pausadas. Pero enseguida vuelven la descarga guitarrera, los ritmos machacones y las melodías deslabazadas cantadas con algo de indolencia por una cantante y líder que llena el escenario más con su imagen y su energía que con sus capacidades vocales. La disposición de la banda- -no entusiasta pero sí, al menos, aplicada- la aceptable calidad del sonido, la rotundidad de las guitarras y, especialmente, la actitud del propio público logran que éste se quede finalmente satisfecho con una actuación que a muchos les resultaría breve pero que lo cierto es que, después de algo más de hora y cuarto, no parecía que fuera a poder dar mucho más de sí. Dominio y exhibición LUIS MARTÍN Éste es el saxofonista más popular de cuantos han sobrevivido a las orquestas de pop galáctico con las que Miles Davis nos visitó en sus últimos años de vida. Aquejado de un extraño silencio desde 2003, Kenny Garrett protagoniza ahora una gira que incluyó el verano pasado el Festival de Vitoria. Ya entonces sorprendió su forma de hacer relectura de Coltrane, con la música expandiéndose en todas direcciones, que no es lo mismo que hizo, empeñando voluntad y trabajo, en aquel álbum Pursuance de 1996. Ahora, desde el arranque, fiero y gritón, vuelve a evocar a Coltrane a través de una dilatada versión de Beyond the wall Toda una declaración de principios. Garrett cuenta en estos conciertos con una rítmica especialmente acorde con el concepto en el que trabaja. Benito González es el pianista aventurero que coincide con Garrett en su visión de una música verdaderamente universal. Sugerente su apoyo en Tsunami song y necesario el ganchillo que realiza con el contrabajo y la batería, respectivamente en manos de Kris Funn y Jamire Williams. El primero es un especialista corrigiendo trayectorias melódicas que no se inclinen hacia la vanguardia; el segundo, uno de esos músicos que no renuncian jamás a nada, que estiman que ningún recurso expresivo les es ajeno. Buena cosa, salvo por un detalle; es preciso dosificarse si no se quiere- -y es lo que sucedió- -que el entramado de los codos de las piezas quede al aire. Por fortuna, Garrett cubre estas carencias sobradamente. Un tipo de jazzista con tal dominio de su instrumento que añade a su música un componente de exhibición. Un gimnasta, doblando hacia atrás y hacia delante la mitad superior del cuerpo. No molesta. Estas fueron las formas con las que le conocimos en la banda de Miles, y así ha quedado. Expresó el placer que le proporcionaba actuar en este festival por el solo hecho de estar en él. Es mucho teniendo en cuenta que, a menudo, llena mayores aforos. Últimamente se nos ha hecho un adelantado a su tiempo; como sus admirados Coltrane y Charlie Parker, gusta de volcar todo su conocimiento en lo que hace y se reproduce de una manera distinta cada día. Robert Lepage, en su montaje The Andersen Project ABC TEATRO The Andersen Project Autor, director e intérprete: Robert LepagesColaboración en el texto: Peder Bjurman y Mari GignacsAsistencia de dirección: Félix DagenaissAsistencia en el diseño de la escenografía: Jean Le BourdaissAsistencia en el diseño de la iluminación: Nicolas MaroissVestuario: Catherine HigginssLugar: Teatro de Madrid. Festival de Otoño Vidas cruzadas JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN Robert Lepage convoca sobre el escenario al espíritu de Hans Christian Andersen como suave lazo entre las historias que se cruzan en París. Historias de soledades esenciales y egoísmos que se disfrazan, de inquietudes insatisfechas tras una coraza de coartadas impostergables; historias que mezclan el pasado y el presente; historias sobre los fantasmas de las sociedades contemporáneas, e historias con fantasmas, pues espectrales son las presencias telefónicas cuyas voces el espectador no escucha pero cuyas palabras intuye por las respuestas y reacciones que suscitan; historias en las que participa una perra invisible que pasea por el Bois de Bologne y es tratada por un psiquiatra canino. Un complejo y hermoso montaje en el que el fundador y motor de Ex Machina se multiplica para estar presente en todos los rincones del espectáculo, tanto en lo artístico como en lo técnico. El genial canadiense es el escritor quebequés que, tras romper con su novia que le pedía tener hijos, acude a París con el encargo de preparar el libreto de una ópera infantil basada en textos de Andersen; es también el agitado manager operístico con problemas familiares y adicto a las cabinas de peepshow que lo ha contratado, y el callado grafitero marroquí que limpia esas cabinas tras el paso de los clientes, y la dríada y la sombra que protagonizan sendas narraciones del autor danés, y el propio Andersen... Y, sobre todo, el urdidor del ajustadísimo invento escénico que mezcla proyecciones, iluminación y filigranas escenográficas como la utilización de una pantalla cóncava que le permite literalmente introducirse en lo proyectado. Un montaje que, pese a alguna leve caída de tensión, resulta apabullante por su belleza y su hondura nada afectadas. Uno de los mejores espectáculos del Festival de Otoño de Madrid, que ha llegado ya a su fin y que no querría despedir sin hacer mención a otros dos que he visto y de los que, por diversas circunstancias, no he escrito aún. Dos montajes que siguen el curso de la flechas del amor. Uno es la aproximación a Romeo y Julieta que, dirigida por el lituano Oskaras Korsunovas al frente su compañía OKT, acogió el Teatro de la Abadía y que transcurre en el obra- dor de un par de pizzerías o panaderías. Puestos a sorprender, la acción podría haber sido situada en cualquier otro tipo de negocio, la imaginación es libre, pero así los Montesco y los Capuleto pueden meterse en harina con toda propiedad y con las manos en la masa lanzarse a una representación caracterizada por el vigor de las interpretaciones- -los actores son estupendos- -y el afán por atemperar con trazos de humor grueso y apelaciones a lo grotesco cualquier solemnidad. Agotados los mecanismos del juego, acaba por resultar tedioso. El otro, representado en el Teatro de la Zarzuela, es La mosca de la fruta creación músico- teatral del alemán Christoph Marthaler para la prestigiosa Volksbhüne, en la que, a través de las investigaciones de un grupo de científicos, se traza un paralelismo entre el comportamiento sexual de dípteros y humanos, y se concluye que el género masculino terminará por desaparecer pues dejará de ser necesario para la reproducción. En este bien trabajado montaje, que en algunos tramos resulta divertido y en otros frío y narcótico, la alquimia de los sentimientos se presenta como consecuencia de las reacciones fisológicas provocadas por diversos elementos bioquímicos de origen hormonal; lírica de laboratorio con las alas de las metáforas cargadas con combustible de neurotransmisores, oxitocinas, endorfinas y serotoninas: la ciencia del amor.