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ABC DOMINGO 12 s 11 s 2006 Tribuna abierta OPINIÓN 7 Jose Manuel Durao Barroso Presidente de la Comisión Europea EUROPA Y EL CAMBIO CLIMÁTICO UNQUE los temas que acaparan los titulares no siempre son los más relevantes, de vez en cuando esa atención estájustificada. Elcambio climático no es una mera moda, sino que de él depende nuestro futuro. Políticos, dirigentes, empresas, familias, ciudadanos, cualquiera que se interese por nuestro porvenir sabe que urge actuar ahora para resolver los problemas que se avecinan. Europa lidera los esfuerzos desplegados paraabordar elcambio climático, y no setrata deninguna casualidad: cuenta con un sistema de cooperación basada en normas que reconoce que los problemas comunes precisan soluciones comunes, disfruta de una posición de liderazgo mundial en tecnologías clave y, además, quizás haya algo en la psiqueeuropea quelahagaespecialmente receptiva ante los desafíos a largo plazo. En ocasiones, la solidaridad no deja de ser un concepto un tanto vago, pero afrontar desde ahora el cambio climático es el máximo ejemplo de solidaridad que nuestra generación puede brindar a las venideras. A No se trata sólo de costes económicos: el agravamiento de la escasez de agua, la reducción de la producción de alimentos y la elevación del nivel de los océanos impondrán costes sociales, económicos y ambientales enormes Ángel Córdoba en el primer semestre de 2007. En la Perspectiva energética mundial para 2006 publicada el 7 de noviembre por la Agencia Internacional de la Energía, se demuestraqueexisteunaalternativa creíble a la actitud de dejar que todo siga como siempre. Estos últimos años, Europa ha demostradosucapacidad ydeterminación de predicar con el ejemplo. El régimen europeo de comercio de derechos de emisión de gases de efecto invernadero ha dejado patente la posibilidad de encontrar formas rentables de reducir dichas emisiones y ha incitado a las empresas a buscar sus propios mecanismos de reducción. Es el mayor régimen de comercio de derechos de emisión del mundo y abarca más de 11.000 instalaciones en todaEuropa. Este régimen ha introducido el cambio climático en el orden del día de cada una de las principales empresas europeas y sentado las bases para un mercado internacional del carbono cada vez mayor, por lo que a nadie le puede extrañar que muchas grandes empresas estadounidenses reclamen el establecimiento de un régimen similar en los EE. UU. En la actualidad, nuestro objetivo consiste en limitar a 2 grados centígrados el aumento medio global de la temperatura en comparación con los niveles preindustriales. El cambio climático ya ha provocado un aumento de 0,65 grados en la temperatura del planeta, y en el peor de loscasospodrían llegar aaumentar 5,8 grados a finales de siglo. Para frenar esta evolución es necesario actuar con decisión. ¿Cómo procederemos? Los problemas complejos exigen soluciones diversas, por lo queestamos preparando una amplia batería de medidas. En primer lugar, la energía. La estrategia de la Comisión Europea en favordeunaenergíasostenible, competitiva y segura muestra que afrontar el cambio climático, garantizar nuestra seguridad energética y consolidar nuestra competitividad van de la mano. El incremento de la eficiencia energética y eldesarrollo de energías renovables satisface simultáneamente diversos objetivos: disminuir las emisiones, reducir la dependencia de las importaciones, incrementar la estabilidad del mercado e impulsar la tecnología europea. mático son indiscutibles: nuestro planeta se está calentando más rápidamente que nunca y la principal causa es la actividad humana. Sabemos que a partir de 1995 se han registrado diez de los once años más cálidos desde 1850, que la mayoría de los glaciares están en rápido retroceso en todo el mundo y que la fusión de los hielos polares se ha acelerado durante los últimos años. El estudio sobre los aspectos económicos del cambio climático presentado por el profesor sir Nick Stern el pasado 30 de octubre establece con claridad meridianalos elevadoscostes deno tomar medidas. Y nosetratatan sólo de costes económicos: el agravamiento de la escasez de agua, la reducción de la producción de alimentos y la elevación del nivel de los océanos impondrán costes sociales, económicosy ambientales enormes. Los países pobres serán los más afectados, lo que irá necesariamente acompañadodenuevosriesgosparalaseguridad mundial. Resulta difícil no parecer catastrófico cuando se escribe sobre el cambio climático. Yo prefiero parecer decidido sobre el proceder que adoptaremos. En la reunión celebrada en Finlandia el mes pasado, los líderes europeos pidieron que se aceleraran las medidas de lucha contra el cambio climático y que la Comisión guiara ese proceso político. La próxima presidencia alemana ya ha dejado patente su voluntad de avanzar en esa dirección Losdatossobreelcambiocli- El pasado 19 de octubre, la Comisión presentó su Plan de Acción sobre Eficiencia Energética, en el que propone incrementar en un 20 por ciento la eficiencia energética de la UE de aquí a 2020. En enero se desvelarán nuevas medidas que supondrán una revisión estratégica de la política energética. El mensaje será claro: debemos acelerar la transición hacia una economía con un consumo reducido de carbono y ampliar nuestra seguridad energética a través del aumento de nuestra eficiencia energética, el desarrollo de alternativas a los hidrocarburos y la utilización de combustibles menos contaminantes. A tal efecto es tan esencial configurar un mercado europeo de la energía como impulsar la investigación y la innovación, razón por la que creo que una de las prioridades del Instituto Europeo de Tecnología debe ser desarrollar tecnologías ambientales limpias. En segundo lugar, afrontar directamente el cambio climático, lo que significa una posi- ción firme y más rigurosa de la Comisión en la próxima serie de planes nacionales de control de los gases de efecto invernadero para el período 2008- 2012, de modo que se ajusten a nuestros compromisos en el marco del Protocolo de Kioto. Y debemos también lanzar la vista hacia el futuro, lo que significa extender a la aviación el régimen de comercio de derechos de emisión, en relación con lo cual la Comisión Europea no tardará en presentar propuestas: a principios del próximo año, publicará un Libro Verde sobre nuevas medidas para atajar el cambio climático después de 2012. Ahora bien, Europa no puede resolver por sí sola el desafío del cambio climático. Nuestras emisiones apenas representan el 14 por ciento del total mundial y deberían ir disminuyendo hasta el 8 por ciento de aquí al año 2050. Así pues, nuestra voluntad se enfrenta al gran reto de lograr que otrosnos acompañen enunanueva generación de acciones globales. Necesitamos una mayor cooperación de la industria europea con terceros países en materiadeeficiencia energética, energía renovable y captacióny almacenamiento de carbono. Debemos ofrecer ayuda a los países en desarrollo para sumarse a la labor contra el cambio climático. Y, loquees másimportante, necesitamos un acuerdo sobre reducciones de las emisiones mundiales y un mercado universal del carbono para que los efectos se dejen sentir verdaderamente en todo el planeta. El firme liderazgo europeo puede contribuir a persuadir al mundo de la urgencia de actuar con decisión para atajar el cambio climático. Hasta el próximo viernes, todos los países debatirán nuevas medidas en la conferencia sobre cambio climático que se celebra en Nairobi bajo los auspicios de la ONU. Esta conferencia debería aprovechar el impulso proporcionado por la nueva voluntad de abordar el cambio climático y forjar un nuevo consenso sobre el camino a seguir. La labor que se está realizando en el G 8 debería también ayudar a preparar el terreno para un acuerdo mundial. mático merece el lugar destacado que ocupa en la lista de prioridades de la UE. Europa tiene ideas, experiencia y también la visión necesaria para propiciar cambios reales. En el horizonte se perfilan decisiones duras que plantearán exigencias reales a cada ciudadano europeo, pero el cambio climático es demasiado importante para aparcarlo entre los asuntos demasiado difíciles En los meses venideros, Europa puede mostrar su determinación de desempeñar el papel de liderazgo que le corresponde. Laluchacontraelcambiocli-