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ABC SÁBADO 11 s 11 s 2006 CULTURAyESPECTÁCULOS 71 CLÁSICA Ibermúsica Obras de Mozart, Debussy, Berlioz, sibelius, Grieg y Chaikovski. Int. M. Pletnev, piano. Philharmonia Orchestra. Dir. C. Dutoit. Lugar: Auditorio Nacional. Fechas: 4 y 5- XI El filme Alexander Nevsky muestra en el Real al Prokofiev cinematográfico S. GAVIÑA MADRID. El Teatro Real prosigue con la programación del apartado Contextos, en el que se pretende mostrar, a través de diversas actividades, el paralelismo creativo, a veces, y antagónico, en otros casos, de varios compositores que dejaron su impronta en el periodo de entreguerras- -R. Strauss, Alban Berg, Sergei Prokofiev- Un periodo que tuvo dos focos importantes de atención: Alemania y Rusia. Después de la programación de Ariadna en Naxos de Richard Strauss, que se completó con el concierto- proyección del filme El caballero de la rosa de Wiene, le ha tocado el turno a Prokofiev. Tras subir a su escenario la fábula El amor de las tres naranjas y, en versión de concierto, Semion Kotko hoy se podrá escuchar al Prokofiev cinematográfico, con Alexander Nevsky (1938) una película épica ambientada en 1242 que cuenta cómo este príncipe defendió Novgorod de los invasores. Dirigida por Eisenstein, se podra ver ahora en el Real en una copia restaurada en ruso, con subtítulos en alemán, y sobretítulos en castellano, con la banda sonora original, aunque adaptada a las condiciones actuales afirmó ayer Víctor Pa- Rachas ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE Charles Dutoit y la Philharmonia Orchestra han tenido suerte: una segunda oportunidad les ha permitido demostrar lo que valen. En ambos casos han actuado para Ibermúsica. Primero en horario nocturno. Se notó el viaje o el tocar tan tarde. A la Philharmonia le precedía la fama y un sonido con otra entidad. Por supuesto que a lo largo de la sesión asomaron detalles: desde el Mozart de la sinfonía 35, sonando tan ancho y tan antiguo a pesar de algunos cortantes acentos iniciales, hasta la Fantástica de Berlioz que comenzó ensoñándose de forma poco engrasada, continuó bailando a ritmo de vals con pies de plomo y terminó soñando en el aquelarre bajo la iluminación de un metal cuya claridad fue lo mejor del concierto. Eso y la forma de desgranar algunos trazos de los Jeux de Debussy. Muy distinta fue la segunda sesión. Sin duda, más divertida, porque permitió observar el interesante duelo entre Charles Dutoit y Mikhail Pletnev, maestro y solista. De nuevo se comprobó que es muy difícil convencer al pianista de hierro. Serenidad asombrosa, una media sonrisa en el saludo, el gesto medido, relajación absoluta, pasmosa seguridad y un pianismo rutilante, bestial, ligeramente matizado por el pedal, de sonido cristalino y de extremos sorprendentes. Pero, sobre todo, un sentido fascinantemente arbitrario en cada una de sus interpretaciones. Dutoit se las vio y se las deseó tratando de encajar a la orquesta. Por lo menos en varias ocasiones. En otras fue Pletnev quien controló la situación. No hubo ocasión para el aburrimiento. Como no la hubo tampoco ante la contundente Finlandia de Sibelius y aún ante la quinta de Chaikovski. Aunque esta comenzara con algunas originalidades y acabara cayendo en la rutina. Lo cierto es que, en esta segunda comparecencia, sonaba otra orquesta. Incluso cuando la madera se desajustó en el segundo movimiento, cuando el fagot perdió la medida o cuando la trompa pifió en el cuarto. La igualdad general, la especial calidad de algunas familias, varios detalles particulares como los protagonizados por el timbal en Sibelius, permitieron calibrar la gran clase de la orquesta londinense. blo, que la dirigirá en directo al frente de la Sinfónica de Madrid, con la colaboración del Coro Nacional de España y la mezzosoprano rusa Ekaterina Gubanova. El director de orquesta definió la partitura con una gran sinfonía cromática en blanco y negro, con muchos matices de grises. Es música brutal, que debe hace doler los tímpanos algo que yo intentaré que suceda La composición se ajusta como un traje a las imágenes en algunos momentos, mientras que en otros, éstas han sido especialmente creadas por Eisenstein para conocer, en toda su extensión el genio de Prokofiev.