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8- 9 S 6 LOS SÁBADOS DE La tez, muy blanca, casi de porcelana, llegando a veces al blanco más puro, y los labios, siempre bien rojos, y con brillo La vida en Japón en la treintena La última moda para las chicas en Japón es ser kogal Las kogals son una subcultura de chicas adolescentes y mujeres jóvenes urbanas japonesas, que se caracteriza por vivir en casa de sus padres, y tener altos ingresos que gastan íntegros en moda, música y actividad social, aficiones además en las que tienen unos gustos particulares. Las kogals llevan minifalda, cantidades copiosas de maquillaje, tinte de pelo (normalmente rubio) bronceado artificial, uniforme escolar y accesorios de diseño. Son asimismo grandes consumidoras de la telefonía móvil japonesa y hacen de las compras una forma de vida... hasta el momento de su matrimonio. Entonces aparcan su antigua vida. Muchas incluso dejan el trabajo y, por lo tanto, las compras, los últimos diseños, y los viajes por Europa y por el resto del mundo. Pasan a ser, como afirmaba el famoso escritor japonés, Junichiro Tanizaki, bellezas en la sombra Las japonesas buscan los últimos colores y la última tecnología. Las chinas, sin embargo, no son tan atrevidas, pero no dejan escapar un buen masaje ñas, mientras que en Europa nos damos una media de quince. Eso nos ha llevado a fabricar un producto específico, más ligero, para Japón explica Pierre- Yves Arzel, director general de la compañía en aquel país. La sofistificación de los ritos de belleza en Corea del Sur es, también, elevadísima. Utilizan dos productos hidratantes diferentes para la piel, que cambian según la estación del año y, por supuesto, al igual que las japonesas, persiguen sin descanso una piel nacarada, por lo que nunca olvidan ponerse una base con protección solar. Sus hábitos son muy parecidos a los suyos pero con una gran y llamativa diferencia para los occidentales: se lavan el pelo un par de veces al día. Esto no ocurre, sin embargo, en la vecina China, donde la herencia de un regimen comunista apenas dejaba margen para la imaginación. Sin embargo, los nuevos aires aperturistas han dado lugar a que cerca de 100 millones de mujeres en entornos urbanos empiecen a disfrutar ya de un cierto poder adquisitivo, convirtiéndose en un mercado excelente para firmas como L Oreal. Dejando de lado los rápidos cambios en la forma de vida de las grandes ciudades, las facilidades occidentales que presentan las casas son todavía muy variables de un hogar a otro, y esto afecta a los rituales de belleza. Así, aunque todos sus moradores dispongan de teléfono móvil, de la última tecnología e internet, algunas casas sólo tienen un punto de agua, lo que lleva a sus habitantes a poner en práctica rutinas un tanto particulares de limpieza. Una de ellas es que la mayoría de las mujeres, si no se lava el cabello con agua hervida en casa, acude a cualquiera de las peluquerías que pueblan el país, en las que las especialistas aplican el champú en el mismo sillón en el que luego van a peinar a la clienta. Un tratamiento que se conoce como lavado en seco que puede durar unos cuarenta y cinco minutos, y suele ir seguido de un largo masaje de cara, brazos y parte superior de la espalda. Estamos seguros de que algo tendrán que decir quienes llevan practicando este arte desde hace miles de años.