Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
60 AGENDA Tribuna VIERNES 10 s 11 s 2006 ABC Miguel Torres Periodista EL SCOOP DE WOODY ALLEN OODY Allen ha titulado su última película Scoop que en términos periodísticos se refiere a la noticia que publica un periódico antes que los demás. Scoop es la primicia, la exclusiva, el sueño de cualquier periodista para darle un pisotón informativo a la competencia. El deseo es tan vivo, tan apasionado, en el buen profesional, que Woody Allen lo lleva hasta el extremo de que un tenaz periodista que ha muerto, en su travesía de la laguna Estigia en la barca de Caronte, camino de la otra orilla, escucha de una compañera de viaje la clave para aclarar una serie de asesinatos que han ocurrido en Londres. El periodista abandona la barca y se lanza a comunicar desde el más allá mediante apariciones su descubrimiento para que alguien pueda recogerlo y poner en marcha la investigación. Tan divertido y disparatado planteamiento de Woody Allen no hace sino abordar desde una original perspectiva el tema de la primicia periodística, que ha sido tantas veces tratado en el cine y la novela norteamericana. W El scoop periodístico, la noticia y su imagen, ha llevado a la muerte, a lo largo de la historia, a miles de periodistas en guerras y revoluciones en los cinco continentes. Otros, como Anna Politkóvskaya, recientemente asesinada en Rusia, por haberse enfrentado al poder político recordamos el hilarante y demoledor papel de Walter Matthau como director del Chicago Examiner en la película de Billy Wilder Primera plana y las inmorales argucias a que recurre para que Jack Lemmon entreviste antes de la ejecución al injustamente Todos condenado Earl Williams, un pobre diablo, al que la política y la justicia, aún a sabiendas de que es inocente, consideran oportuna víctima propiciatoria en plena campaña electoral. Para redondear su feroz sátira, Wilder convierte al personaje interpretado por Walter Matthau, al jubilarse, en profesor de ética periodística. Todo lo que es divertida sátira se convierte en la más despiadada tragedia en otra película de Wilder, El gran carnaval Charles Tatum, un periodista encarnado por Kirk Douglas, mantiene durante semanas en una larga agonía a un pobre ciudadano de origen indio atrapado en el derrumbamiento de una mina. Tatum sabe que la víctima puede ser rescatada fácilmente, pero urde una larga operación de salvamento que contempla horadar una roca a fin de mantener su scoop periodís- tico. Es uno de los más duros filmes de la historia del cine, rechazado por la sensibilidad de muchos espectadores. famosa exclusiva periodística de los últimos tiempos fue la que mantuvieron Bob Woodward y Carl Berstein durante casi dos años, entre 1972 y 1974, sobre la responsabilidad de Richard Nixon en el allanamiento de las oficinas del partido demócrata en el edificio de Watergate, y que se saldó finalmente con la dimisión del presidente norteamericano y el encarcelamiento de Haldeman, jefe de personal de la Casa Blanca, y de Ehrlichman, consejero presidencial. Durante treinta y tres años, los dos periodistas mantuvieron en secreto el nombre de la garganta profunda que orientó sus in- Lamás vestigaciones, y que no era otro que el número dos del FBI, Mark Felt, con quien se entrevistaban en un aparcamiento público. La identidad de garganta profunda fue uno de los misterios mejor guardados de todos los tiempos, por encima incluso al de los infiltrados Papeles del Pentágono con que The New York Times se enfrentó al gobierno. Precisamente el Times de Nueva York tuvo en su día, años antes, la información de que John Kennedy preparaba la invasión de Cuba en Bahía Cochinos. El gran rotativo, dirigido entonces por Orvil Dryfoos, sucesor de Arthur Sukzberger, prefirió, inspirado por James Reston, minimizar la noticia para no poner en peligro la vida de los que iban a participar en la operación. Después, y a la vista del fracaso del desembarco, se arrepintieron de su prudencia. Si se hubiera publicado como noticia de primera, quizás la invasión se habría anulado y, con ello, evitado el desastre y muchas muertes. Elscoopperiodístico, lanoti- cia y su imagen, ha llevado a la muerte, a lo largo de la historia, a miles de periodistas en guerras y revoluciones en los cinco continentes. Otros, como Anna Politkóvskaya, recientemente asesinada en Rusia, por haberse enfrentado al poder político. Cualquiera de ellos, como en la historia de Woody Allen, habría también saltado de la barca de Caronte para comunicar desde el más allá la información por la que habían muerto. LA INMOLACIÓN POLÍTICA José Manuel Cuenca Toribio Catedrático La crónica cuotidiana de los trabajos y los días de ayuntamientos, consejerías, ministerios y parlamentos se encuentra inundada, más que salpicada, de escándalos, zancadilleos y rifirrafes las veces, la política no es la alquitara de bajezas que una imagen muy difundida nos presenta. En tales ocasiones, su nivel moral no tiene nada que envidiar al de las actividades más nobles y altruistas. En sus episodios y lances nimbados con la generosidad y entrega más extremadas, el ciudadano se reconforta y enorgullece con los gobernantes y dirigentes públicos que hacen del servicio a los demás la razón última de su oficio y función. Por desgracia, no son muchas las páginas de la actualidad política española esmaltadas de ejemplos y actuaciones de dicho tenor en las diferentes escalas de la representación local, autonómica y nacional. Pese a haberse convertido en botín de cronistas desaprensivos y comentaristas carroñeros, Marbella es desde todos los puntos de vista un caso aislado A o al menos no generalizable, sin abusiva licencia, al conjunto del quehacer edilicio de la España de comienzos del siglo XXI. Pero aun así la crónica cuotidiana de los trabajos y los días de ayuntamientos, consejerías, ministerios y parlamentos se encuentra inundada, más que salpicada, de escándalos, zancadilleos y rifirrafes continuos, muy alejados de la atmósfera limpia y serena en la que el común de la sociedad querría ver envueltos los afanes de su clase política, sin distinción de competencias o servicios. Esta es la causa por la que, aunque distante la vida pública nacional- -convendrá repetirlo- -de recordar los ejemplos de Sodoma y Gomorra, los ciudadanos de a pie no pueden ocultar su letífica sorpresa ante hechos como el acontecido en una capital del mediodía, en la que un afianzado aspirante al puesto de regidor de una de sus más renombradas capitales debió renunciar, en el postrer instante, a su legítima esperanza ante la decisión final del aparato de su partido, acatada con envidiable elegancia y resignación, sin dar cuartos al pregonero ni filtraciones a las sensacionalistas mesas de redacción de periódicos, radios y televisiones. El asombro sube- -y mucho... -de punto al conocer que la formación a la que pertenece el sacrificado concejal es de filiación conservadora, poco propensa, como todas las del mismo signo en la historia española contemporánea, a la obediencia estricta de mandatos y consignas del lado de sus militantes, como, por el contrario, suele suceder en los partidos de ideologías opuestas, en los que la mitificación de sus principios y emblemas convierte la disidencia o la discrepancia en drama de conciencia o grave tortura mental. En los acabados de citar, su trayectoria se encuentra jalonada de inmolados y mártires, no siempre reivindicados. Su recuerdo es, por supuesto, acreedor al respeto más sincero y, en no pocos casos, a la simpatía más viva por hallarse impregnado de idealidad y consecuencia con los principios profesados a lo largo de toda la existencia. Pero ello, desde luego, no ha de conducir a la exaltación del método como el más idóneo para un partido político en un Estado de Derecho. Sólo en la profundización de su democracia interna- -asignatura una y otra vez suspendida en el curso de las formaciones parlamentarias del presente español- -cabe depositar alguna semilla de esperanza en el hodierno horizonte hispano. Probablemente la raíz más íntima de la loable actitud del edil andaluz suscitadora de este furtivo comentario responda a tan estimulante deseo.