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ABC VIERNES 10- -11- -2006 Blair intenta eludir un interrogatorio en Downing Street por el caso de los préstamos 31 La salida de Rumsfeld abona el acercamiento La fulminante marcha del jefe del Pentágono y blanco de todas las críticas lima asperezas entre ambos partidos. Los demócratas celebran el primer gesto de Bush POR M. GALLEGO NUEVA YORK. La primera decisión del presidente George W. Bush para afrontar el suspenso que le ha dado el pueblo norteamericano en las urnas ha encontrado terreno común en los dos partidos. La dimisión de Rumsfeld fue ayer aplaudida por todos los sectores, y si algo se lamentaba era que no se haya producido antes dijo la senadora Hillary Clinton. El primero en reaccionar fue el senador republicano de Arizona, John McCain, quien pospuso en el año 2000 sus aspiraciones presidenciales ante la presión del partido para que dejase el camino libre a Bush. El ex prisionero de guerra celebró la decisión de despedir al arquitecto de una estrategia militar que ha criticado públicamente, y expresó su deseo de que el nuevo jefe del Pentágono opte por reforzar las tropas en Irak, en lugar de disminuirlas. Estoy deseando discutir con el secretario designado Gates sus ideas para corregir los errores del pasado, sobre si estamos siguiendo hoy la estrategia correcta y si tenemos o no suficientes fuerzas en Irak como para dar el nivel de seguridad indispensable para derrotar a la insurgencia y conseguir la resolución política del conflicto sectario declaró. Desde las filas demócratas, el senador Carl Levin, candidato a presidir el Comité de Servicios Armados del Senado, celebró la elección de Gates como alguien que escuchará, particularmente a los miembros de los cuerpos uniformados En la prensa, el diario The New York Times criticaba en su editorial la ridícula insistencia (de Bush) en que Rumsfeld ha hecho un gran trabajo y observaba que puesto que todo el mundo ve su marcha como el principio de una nueva era, parece que es mejor simplemente aplaudir la decisión Pero para el rotativo, si Bush no entiende los fallos que ha cometido Rumsfeld y sigue esperando una victoria en Irak, no habrá servido para nada Donald Rumsfeld, ayer en una universidad de Kansas AFP José Manuel Costa LA VOZ DE LA MODERACIÓN Aplauso generalizado Igual de crítico resultó el diario de más tirada, USA Today que ponía el acento en el engaño del presidente, quien la semana pasada calificaba de fantástico el trabajo de Rumsfeld y ratificaba su cargo cuando, según dice ahora, ya estaba planificando su reemplazo. Este periódico cree que Rumsfeld era una distracción tóxica por lo que su dimisión elimina un obstáculo en la nueva dirección de ideas sobre Irak Incluso entre los pasillos de la Casa Blanca se aplaudía el despido de un hombre que, según la CNN, ha torpedeado la presidencia de Bush L a conmoción ha sido brutal. En la Cámara de Representantes, entre los gobernadores y en el Senado. Un huracán otoñal se ha llevado por delante las políticas de George W. Bush (Irak, Kathrina, Servicio de Salud... pero también la revolución conservadora aquella nacida en 1995, cuando bajo el liderazgo del ahora apartado Newt Gingrich, los republicanos acabaron con 40 años de dominio demócrata en el Congreso. Existe una ley no escrita en la política según la cual el control absoluto de un partido en un sistema democrático suele entrar en crisis en torno a los diez años. La experiencia dice que esto sucede, no por un hartazgo estético de los ciudadanos, sino porque sobre esa época los gobernantes, mucho más si dominan además los poderes legislativo y judicial, tienden a perder contacto con la ciudadanía en general, cuya opinión es muchas veces despreciada en favor del griterío más extremo de su propia base electoral. También puede suceder que se caiga en la corrupción parcial o generalizada y o que la autocomplacencia conduzca a la incompetencia. En el caso de la administración Bush y el partido republicano se han dado los tres supuestos, de manera que su caída es únicamente el cumplimiento de esa fatídica ley. Y es que los ciudadanos, aunque los manipuladores políticos crean otra cosa, ni se dejan engañar eternamente ni admiten sin más la ineptitud prepotente. Lo que han hecho los norteamericanos resulta dramático, pero en realidad es muy simple: han optado por establecer controles democráticos sobre una administración que ha utilizado chapucera y engañosamente su dominio de toda la esfera política. Por otra parte, estas elecciones han servido para situar en la rampa de lanzamiento hacia la presidencia a personajes ya conocidos. En primer lugar Hillary Clinton. Su refrendo en Nueva York, con un 67 de los votos, es tan aplastante que desdice su presunta incapacidad de llegar a amplios sectores de la población. Al otro lado del país hubo otro triunfador, aunque no pueda presentarse a la Casa Blanca. Arnold Schwarzeneger ha barrido en California adoptando en sus últimos dos años como gobernador una política de consenso que en Europa llamaríamos centrista y con ello ha marcado una posible nueva dirección a los hoy desorientados republicanos. La revolución (neo) conservadora parece haber sucumbido al llegar a su extremo. Terminator ha sabido moderarse.