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ABC JUEVES 9 s 11 s 2006 CULTURAyESPECTÁCULOS 81 Lluís Llach comieza su gira de despedida en el Teatro Madrid MANUEL DE LA FUENTE MADRID. Lluís Llach deja la militancia musical seis años después de que detectara y sospechase que la energía que ha tirado de él hasta aquí podía estar en peligro de agotarse. Me parece que ésta es la forma más elegante de despedirme, acabar antes de que las cosas pierdan la brillantez que aún puedan tener y antes de que por edad, por aburguesamiento o por lo que sea, no me sienta cómodo sobre el escenario y acabe por enfadarme con mi profesión dice. En estos cinco recitales en Madrid (el primero fue anoche) que forman parte de una gira por toda España que concluirá en la primavera de 2007, Llach ha dejado a un lado ciertas canciones emblemáticas como L estaca y otras muchas que él considera de referencia, porque no me he planteado estos conciertos como el típico recital de despedida, sino que quería poder ofrecer canciones que conformasen otra mirada del trabajo estético, y que donde las palabras que yo dijese o los mensajes que quisiese transmitir a la gente estuviesen muy de acuerdo con los sentimientos anímicos que ahora mismo tengo Lluís Llach, quien también quiere aprovechar esta gira para poder decir gracias a toda la gente que conmigo ha practicado la tolerancia cuarenta años después sigue considerándose un aprendiz, y no cree que el Viatge a Itaca (título por cierto de su primoroso álbum de 1976) haya, ni mucho menos, concluido: Nunca se llega al final del viaje, y si crees que has llegado lo mejor que puedes hacer es inventarte otra Itaca. En cualquier caso, el viaje ha sido hermosísimo Durante este año que ahora enfila su recta final, Llach ha escrito la banda sonora de Salvador un filme sobre unos hechos que ocurrieron en una España muy distinta de la de hoy. A los que nacimos en la posguerra, esa separación de las dos Españas nos causa terror, nos pone los pelos de punta No obstante, el músico catalán no es partidario de la amnesia. Creo que es bueno que la gente joven sepa que la libertad que hoy disfrutamos se ha tenido que pagar muy duramente y que algunas generaciones se han dejado en ello la moral, la piel y el ánimo. Tanto en la derecha como en la izquierda hubo infinidad de gente que ha pagado precios personales muy altos por aquellos años de lucha CLÁSICA Semyon Kotko Música: Prokofiev y KataievsInt. Lutsyuk, Pavlovskaya, Akimov, Bulycheva, Tanovitski, Chernomortsev, Loskutova... Coro y Orquesta del Teatro Mariinsky de San Petersburgo. sDir. V. Gergiev. Teatro Real. sFecha: 7- XI Un estreno con grandes mimbres ANTONIO IGLESIAS Aunque en versión de concierto, el Teatro Real acaba de estrenar en España la ópera en cinco actos de Sergei Prokofiev Semyon Kotko siguiendo un libreto del propio compositor y Valentin Kataiev, que trata de un soldado que regresa a su hogar en los turbulentos tiempos de Lenin, luchando por una enamorada a la que su padre quiere casar con otro. La partitura de Prokofiev revisa sus personales características de libertad de escritura- -siempre adscrito a los moldes tonales su evolución politonal- con una temática muy rica y una sabia orquestación en la que quizá se deja observar un relevante papel de la tuba. Inspiración natural enla utilización de la melodía, sabiamente sostenida, llena de emoción que llega a todos directamente. Estas y otras cualidades nos las reitera aquí el gran talento compositivo de Prokofiev, afirmando su indiscutible personalidad y que hemos conocido con un plantel de cantantes del más alto nivel que, partiendo de una pareja (Viktor Lutsyuk- Tatiana Pavlovskaya) extraordinaria en verdad, mantiene su inmensa altura con un reparto de enorme calidad como se desprendió de sus nombres, a los que es justo añadir los de Evgeny Akinov, Zlata Bulycheva, Alexei Tanovitski, Victor Chernomortsev, Irina Loskutova, Gennady Bezzubenkov, Nadeshda Vasilieva, Nikolai Gassiev, Alexaner Morozov, Yuri Laptev, Lyudmila Kannunikova y Mikhail Petrenko. La Orquesta y Coro del Teatro Mariinsky de San Petersburgo se nos mostraron en una muy cara clase y el todo tuvo admirable responsabilidad en Valery Gergiev, con resultados hasta si se quiere espléndidos, aunque debiera haber contenido los excesos de la tuba y limar la conjunta actuación, algo desequilibrada en momentos de los actos cuarto y quinto. Naturalmente, faltó la escena... Y si acabamos de conocer la estupenda versión de concierto de Semyon Kotko cabe imaginar lo que será la ópera de este Prokofiev, completa, con estos grandes mimbres interpretativos. Antony and The Johnson, anoche, en una escena de Training JULIAN DE DOMINGO Sexo, mentiras y cámaras de vídeo FESTIVAL DE JAZZ Training Música: Antony and The Johnsons. Vídeo: Charles Atlas. Palacio Municipal de Congresos (Madrid) 8- XI- 2006 JESÚS LILLO En poco más de año y medio y de forma progresiva, Antony Hegarty ha ido añadiendo elementos a aquel espectáculo que, de paisano, voz y teclado, estrenó en el Círculo de Bellas Artes. A medida que aumenta en tamaño y ambición la compañía liderada por el cantante británico- -primero con los Johnsons; ayer con el espectáculo videográfico de Charles Atlas- -mengua su figura y, en paralelo, la libertad del público para ponerle imágenes, o simple ceguera, a un discurso de sugerencias, violencias y claros desafíos vocales. El síndrome de la MTV que suele afec, tar a las estrellas del rock de estadio, sostenidas y a la vez devoradas por sus propias pantallas de vídeo, contagia ahora a un intérprete de cercanías y patio de butacas, un autor cuya fragilidad amenaza un montaje en el que no pasa de ser el intérprete de su banda sonora. Perejil de casi todas las salsas de última generación, asiduo a homenajes e invitado a los más heterogéneos proyectos, Antony ha pasado a ser un creador dócil y codiciado por la industria del arte, ya sea para hacer de corista en un disco de canciones piratas, de heredero en un documental sobre Leonard Cohen, de protagonista de un monográfico de Hot Rod o de narrador de una obra de videoarte que reflexiona sobre la identidad sexual en los bajos fondos de Nueva York, un mundo que no le es ajeno a un cantante que frecuentó las salas de cabaret y mala fama, pero cuya aplastante visualización resulta accesoria para quien sabe emocionar sin intermediarios y a viva voz. En Turning título del espectáculo, sale ganando Charles Atlas, artista crecido por las abismales baladas de un Antony disminuido en la monumental maleza visual de un show en el que su garganta, honda y prodigiosa, es simple atrezo. En la mesa de realización, Atlas mezcla, ralentiza, satura y distorsiona las secuencias que dos cámaras graban de las trece mujeres que, Antony mengua entre la maleza visual de un show en el que su garganta, prodigiosa, es simple atrezo una por canción, van pasando por una plataforma rotatoria. Vestidas de novia o de buscona, pintadas, desnudas, invidentes, enmascaradas, ajadas, tiernas, con masa muscular o en los huesos, las modelos posan para unas cámaras que ignoran sus cuerpos, sus cinturas, sus pechos y sus espaldas y sólo proyectan en la gran pantalla del escenario imágenes de sus rostros: pueden que sean mujeres o todo lo contrario, como el travestido negro que cierra la sesión. Con más Johnsons de la cuenta- -ocho había ayer, pianista incluido- -Antony se libera del teclado y, como un predicador, dicta el argumento de la función: trata de situar en el mapa de las horas el borde que delimita su vida, se enamora de alguien a quien pregunta su sexo, hace de su nombre un objeto de deseo o cuenta los minutos que le faltan para nacer. Salvo celebradas excepciones- Hope There s Someone Twilight You Are My Sister -el repertorio es nuevo, pero ajustado a ese turbio relato que Antony interpreta desde hace varias temporadas, una confesión que va perdiendo intensidad a medida que los Johnsons se multiplican- -a solas, la voz se pelea con el piano; en compañía, se relaja- -y bajo un mantra visual cuya pantalla lo separa del público hasta impedir que le llegue, directo, su aliento de pecado.