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64 AGENDA Necrológicas- -Esquelas MIÉRCOLES 8 s 11 s 2006 ABC Jean- Jacques Servan- Schreiber s Periodista JJ SS, perdedor magnífico Autor de un bestseller mundial, El desafío americano (1967) JJ SS creyó que Francia sería tan fácil de conquistar como las mujeres dispuestas a seguirlo en alguno de sus coches deportivos JUAN PEDRO QUIÑONERO Jean- Jacques Servan Schreiber (JJSS) era tan moderno que no parecía francés. Rico, famoso, hombre de mundo, seductor, cambió la historia del periodismo galo del brazo de la más famosa de sus amantes; pero la Francia negra, arcaica y mafiosa terminó por arruinar sus más bellas ambiciones. JJSS (fue él quien introdujo en Francia el uso periodístico de las iniciales, comenzando por sí mismo) nació en París, en 1924 en un barrio proustiano (el distrito VIII) en el seno de una familia de judíos adinerados que bien pudieron alternar en los salones de la Recherche: ricos, ambiciosos, inteligentes. Y murió la noche del 6 al 7 en una residencia normanda, en Fecam, muy próxima a la geografía veraniega de Marcel Proust. Hizo la más brillante escolarización, culminada en el cuerpo de elite de la Escuela Politécnica, que abandonó voluntariamente para huir a los EE. UU. recibir una formación de aviador de caza militar y volver a Europa como suboficial de la US Air Force, instalado en Alemania, tras una guerra en la que no pudo participar, como hubiera sido su deseo. Aureolado con el carisma de los jóvenes soldados que entraban en París para instalarse en el Ritz, JJSS sedujo a Hubert Beuve- Mery, reconstructor del vespertino Le Monde, que lo contrató como joven analista de política internacional. Rico heredero, adorado por una madre afortunada, pronto pudo comprarse el semanario L Express (suplemento del matutino financiero Les Echos, propiedad de su familia) en 1953. Fue su gran aventura: transformar una vieja hoja parroquial en un gran semanario moderno, acompañado por la más bella y brillante de las periodistas de su tiempo, Françoise Giroud, que pronto se convirtió en su amante. La aventura de JJSS- FGL Express es una de las historias más apasionantes de su época. Jóvenes, afortunados, ricos, ambiciosos, inteligentes, se rodearon de lo más pujante del periodismo y la cultura de su tiempo. Por aquel Express pasaron Sartre, Camus, Mauriac, etc. Animado por el dúo JJSS- FG, L Express defendió todas las causas justas: la descolonización de Argelia, la AFP construcción europea, la carrera de Pierre Mendes- France, la amenaza de un De Gaulle autárquico, etc. En poco más de un quinquenio, L Express se quedó muy pequeño para el talento de su fundador, que pronto se dejó arrastrar por las sirenas de la política. Se apoderó en pocos meses del antiguo y arcaico Partido Radical (PR) una vieja institución agonizante. Y aspiró a transformarlo en maquinaria de conquista del poder, al servicio de una modernización radical de Francia. La aventura comenzó bien y terminó de manera catastrófica. Autor de un bestseller mundial, El desafío americano (1967) JJSS creyó que Francia sería tan fácil de conquistar como las mujeres dispuestas a seguirlo en alguno de sus coches deportivos (Jaguar o Bentley) Pero sus tribulaciones comenzaron entonces. La ruptura con FG tuvo un punto trágico: ella intentó suicidarse y llegó a escribirle cartas de atormentada obscenidad. Su matrimonio feliz y el negocio de L Express no calmaron su fogosidad política. Su viejo condiscípulo en la Escuela Politécnica, Valery Giscard d Estaing, lo hizo ministro de sus reformas. Pero JJSS era demasiado libre. Se embarcó en la lucha anti nuclear. Y comenzó un melancólico ocaso. Sus proyectos reformistas fueron enterrados. Sus amigos reformistas lo consideraban ingobernable, inteligentísimo, de un irrealismo infantil. Sus adversarios terminaron por envenenarle la vida. Olímpico, a su manera, JJSS decidió abandonar Francia para refugiarse temporalmente en la costa Este americana, en la Carnegie Mellon University. Los libros que siguieron fueron grandes éxitos, pero no le devolvieron el aura perdida del ya lejano Desafío americano. De vuelta a Francia, se recogió en el exilio interior de un hombre admirado y sin embargo condenado al desván de las cosas usadas. Apoyó la descentralización que lanzó su viejo amigo Gaston Defferre, primer ministro del interior de François Mitterrand. Siguió recibiendo y dando consejos, que todos escuchaban y finalmente despreciaban. Altivo, gran señor, terminó refugiándose en una casa familiar, en Normandía, donde ha muerto solo, acompañado de sus mujeres, sus hijos y sus sueños, dorados, como un interminable ocaso. Mara Goyanes JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN Si nos imagináramos la profesión teatral como un gran bosque, con árboles muy altos y otros a su alrededor que adensan y entretejen sus ramas formando una urdimbre que es la que da consistencia y espesor al conjunto, Mara Goyanes sería uno de estos ejemplares firmes y anchos, bien enraizados. Podemos seguir su rastro en multitud de series de televisión, elencos teatrales y películas, como parte de la maravillosa y muy bien preparada grey de actores de reparto o secundarios- dicho sea esto sin ningún matiz peyorativo- que forman el sólido tejido de la actividad actoral en España y otorgan con su presencia crédito de calidad y credibilidad a cualquier proyecto en el que participan. Dentro del bosque, forma la dinastía Goyanes un tupido grupo de árboles. Hijas de Mimí Muñoz, Mara y sus hermanas Vicky Lagos, Conchita y María José Goyanes, componen la tercera generación de esa familia teatral. Nacida en 1942, la noticia de su muerte el pasado lunes, tras larga y penosa enfermedad y a causa de una insuficiencia respiratoria, llegó ayer a las redacciones, entre los testimonios de condolencia de sus compañeros de profesión. Fallecida en el Hospital de Madrid- en cuya UVI, una triste coincidencia, se encuentra ingresado su esposo, Ramón Reparaz- sus restos mortales fueron incinerados en la tarde de ayer en el cementerio de la Almudena. La lista de sus trabajos televisivos es muy amplia: numerosos Estudio 1 y apariciones en series y programas como Un, dos, tres... responda otra vez Historias para no dormir Periodistas El comisario Hora 11 Las doce caras de Eva Escuela de matrimonios Fernández punto y coma En el apartado cinematográfico, intervino en una decena de títulos, entre los que destacan La vida alrededor (1959) de Fernando Fernán Gómez; Bombas para la paz (1959) de Antonio Román; Tiempo de amor (1964) de Julio Diamante; Muere una mujer (1965) de Mario Camus; Las panteras se comen a los ricos (1969) de Ramón Fernández; Tarot (1973) de José María Forqué; Un casto varón español (1973) de Jaime de Armiñán, y Pim, pam, pum... ¡fuego! (1975) de Pedro Olea. Su dedicación teatral fue larga y generosa como integrante de repartos en los que con frecuencia coincidió con su madre o alguna de sus her- manas. Tres sombreros de copa y Carlota de Miguel Mihura; Bodas de sangre de Federico García Lorca; La vieja señorita del paraíso de Antonio Gala; Una mujer sin importancia de Oscar Wilde; El diario de Ana Frank de Frances Goodrich y Albert Hackett; El Gran Teatro del Mundo de Calderón de la Barca, y Los intereses creados de Jacinto Benavente, los tres últimos dirigidos por José Tamayo, fueron algunos de los pasos escénicos de su carrera. En esos tres montajes de Tamayo, coincidió con Pepe Rubio, quien ayer declaró a Efe que Mara Goyanes fue una actriz maravillosa y una gran amiga. Hizo mucho teatro y de gran calidad, porque era una intérprete espléndida Descanse en paz entre el susurro de las hojas de ese gran bosque del que forma parte.