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56 MADRID MIÉRCOLES 8 s 11 s 2006 ABC AL DÍA SE DICE, SE COMENTA La precampaña electoral ha comenzado con el debate urbanístico como eje central. El caso Ciempozuelos ha originado un torbellino en la vida política madrileña y el PSOE intentó contrarrestar ayer sus efectos presentando en la Fiscalía una batería de denuncias. Ruth Porta, con su habitual diálectica, intentó hacer ver que lo de Ciempozuelos es algo así como un pequeño tropezón sin demasiada importancia. Mientras, a esa misma hora, el fiscal archivaba el caso de Tres Cantos. Por otra parte, la precampaña entra en su vertiente más política. Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz- Gallardón asisten en las últimas semanas a actos conjuntos, algo que se repetirá con frecuencia a partir de ahora. Mientras Miguel Sebastián se reunía con Rafael Simancas, aunque ha decidido no aterrizar hasta final de mes. Esta actitud no se entiende bien en el seno del Grupo Municipal Socialista, donde se cree que Sebastián apenas tiene tiempo para darse a conocer. CARTAS DE LOS LECTORES Pueden dirigir sus cartas a ABC: Por correo: C Juan Ignacio Luca de Tena 7. 28027 Madrid Por fax: 913 203 356. Por correo electrónico: cartas abc. es ABC se reserva el derecho de extractar o reducir los textos de las cartas cuyas dimensiones sobrepase el espacio destinado a ellas. Manuel de la Fuente Metro vuela El Metro debería volar en la estación de Chamartín desde el andén hasta el vestíbulo. En estos momentos los clientes de la línea 10 del metro que deseen conectar en esta estación con Renfe y viceversa, deben salvar un inmenso obstáculo: dos tramos interminables de esca- LUCECITAS na vez más el refranero cargado de razones: qué poco dura la alegría en la casa del pobre, en la casa de un ciudadano allende la M- 30. Porque he de confesarlo, fue oír la palabra alumbrado y fue oír campanas y no saber dónde, claro. Alumbrado, sí, pero navideño. Miles de bombillas, miles de voltios desparramados por las calles, como si nos sobrasen. Y mientras en los barrios, en tantos barrios, a tientas, palpando como los ciegos, palpando como Santo Tomás, primero tocar, luego creer. Nos venden Madrid como la ciudad de los milagros y sin embargo la falta de servicios básicos es indignante en muchas zonas de la Villa. Se supone que las autoridades, municipales o de cualquier otro tipo, deberían servir para apaciguar los excesos de la ciudadanía (y en este caso de las grandes superficies) pero muy al contrario, desde la Casa de la Villa parece querer azuzarse a los ciudadanos, parece que se quiere darles otro empujoncito para que se tiren aún más convencidos por los acantilados del consumismo. Luego, vendrán con lo de que no se use el coche para ir al centro, al meollo de la compra y de la bolsa. Mientras, una muy conocida concejala aseguraba este fin de semana que ya ha hecho las compras de Navidad. Y el Ayuntamiento está dispuesto a convertir el centro de Madrid en un remedo de la sevillana Feria de Abril. Será todo tan bonito, qué bello va a ser vivir, que sólo echaremos de menos a Jimmy Stewart. Y mientras muchos barrios en pelota, es decir, al ventestate, que eso y no otra cosa es que cuando caen cuatro gotas (o hasta cinco como en estos últimos días) las farolas (ya de por si mayorcitas, que valdrían para un decorado de Cuéntame se apagan ipso facto. No es que en el barrio haya mucho que ver, pero se supone que se pagan impuestos, entre otras cosas, para no necesitar un lazarillo que nos deje en nuestro propio portal. En fin, poco importan estas menudencias en el día a día de la metropoli de los prodigios. Aunque no lo crean, señores munícipes, hay vida más allá centro comercial, más allá del adosado. Vida sí, pero extraterrestre. U leras no mecánicas- que se hacen casi insalvables si se llevan maletas. La mayoría de estos clientes se ven obligados a descansar varias veces para viajar con su equipaje. Es inconcebible que se haga una Chapuza como esta en un centro de conexiones de transporte público. Debería gastarse menos en mensajes publicitarios propagandístico s y más en las infraestructuras necesarias. ¡Cómo se nota que quien diseña el transporte público no lo utiliza! M Isabel López de Alda Pues que se ponga una bata Recordando al bueno de Gila no puedo salir de mi estupor cuando ayer llamé al 010 para informarme de los trámites para gestionar la tarjeta de la ORA. La pregunta fatídica fue: ¿me puede dar el telefóno del único lugar en Madrid donde gestionan este documento? escuché la música del exorcista de fondo dentro de mi mente... y me contestaron no tienen teléfono Entonces les dije que si el tema iba con señales de humo o de alguna otra forma; me dijeron que solamente en persona te puedes comunicar con este ente situado en Alberto Aguilera. Ignacio Caballero Botica DE SAN BERNARDO Ideas para el palacio de congresos Se ha abierto el plazo para el concurso internacional de ideas sobre el Centro Internacional de Convenciones, que será el tercero dedicado a esta actividad en la ciudad y estará junto a las cuatro torres de la antigua Ciudad Deportiva. Dominique Perrault, Alberto Campo Baeza y Carrillo Da Graça forman parte del jurado DIMES Y DIRETES Francisco Javier de Águeda Ex director general de Carreteras ROTONDAS Y POLÍTICA aya por delante que la política del título lleva p minúscula. Ya se verá porqué. Nos hemos acostumbrado a ver a las rotondas formando parte de nuestra vida diaria, y las hemos aceptado como un elemento eficaz para mejorar nuestra seguridad vial. Pero es fácil comprobar cómo mientras en algunas se circula con fluidez, en otras reina más bien el caos. Los profanos en trazado viario se preguntarán cómo es posible que con una geometría tan sencilla como la de una rotonda, en ocasiones parece que todos los malos espíritus se hayan confabulado pa- V ra que no podamos atravesarla. Por supuesto que la técnica del proyecto de rotondas tiene algo que ver: muchas tienen un diseño impecable; pero las hay pequeñas para el tráfico que soportan, o que tienen forma de círculo partido, u otros defectos. Hay quien soluciona el problema a lo grande, y sustituye rotonda por un paso a distinto nivel, sin parar en gastos. Pero se trata de proponer soluciones racionales, baratas y lógicas. De hecho, en la práctica, parece que nos las arreglamos bastante bien para pasar sin molestar mucho a los demás si podemos ver bien todo lo que ocurre y lo que debemos hacer para atravesar la glorieta, acoplando nuestra posición a la del resto de los conductores. Y es que dos pares de ojos ven más que uno solo; y decenas de pares de ojos ven aún más. Y así, felizmente, las rotondas cuyo diseño deja que las decenas de pares de ojos- y sus correspondientes cerebros- decidan cómo deben de circular, al unísono y en tiempo real, son un paradigma de fluidez. Sin embargo, en muchas ocasiones durante el proceso de diseño de las rotondas aparece el técnico y, por no creer en ese inaudito mecanismo colectivo, con el más sincero ánimo de ayudar a circular, hace colocar un semáforo, o dos, o tres, en los diferentes tramos circulares de la rotonda, y la magia desaparece como por encanto. Todo son dudas. Cada grupo de coches ante un semáforo estorba al grupo del semáforo siguiente. Al peatón se le crea un cierto sentimiento de culpabilidad por provocar tamaño zafarrancho sólo por ejercitar su derecho a cruzar. Y si además a este conjunto de circunstancias estresantes tiene la desgracia de añadírsele un agente de la autoridad, con un único par de ojos queriendo arreglar todo, la confusión puede alcanzar proporciones bíblicas. Cuanto más intervencionista (o protector) se sienta el técnico al dibujar sus planos, más semáforos colocará y, en consecuencia, más acabará complicándole la vida a los usuarios. Cuanto más liberal se sienta, más libertad de movimientos dejará y, al desencadenar el proceso de razonamiento conjunto, más les ayudará. De ahí la referencia a la política en el título; pero no a la política de las ideologías, sino a la política como vivencia diaria de los ciudadanos, y de forma especial aquí, a la vivencia del proyectista de glorietas. No se trata de que sea de izquierdas o de derechas; se trata de cuánta confianza tiene en la capacidad de sus semejantes. ¿Es todo esto proponer el liberalismo en las rotondas? Desde luego que no: Adam Smith quedó matizado por la historia y por la práctica hace ya muchas décadas. Unas reglas de funcionamiento y de diseño (y de uso) son necesarias. Pero es sensatez suprimir las no indispensables. Utilícese pues la creatividad conjunta que suponen las mentes de los conductores trabajando al unísono en las cercanías de una rotonda; quítense los semáforos y desplácense los guardias sólo para resolver casos de auténtica emergencia. Y si alguien llama a esto liberalismo, es que no ha entendido nada de Política.