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ABC MIÉRCOLES 8- -11- -2006 Elecciones Legislativas en Estados Unidos INTERNACIONAL 39 Pedro Rodríguez UN HURACÁN LLAMADO GEORGE ara explicar el peculiar clima político de Estados Unidos ante unas elecciones se suceden las analogías meteorológicas que coinciden en señalar el avance hacia Washington de un amenazador huracán político que podría llamarse George. Es decir, un presidente en la Casa Blanca que pese a lograr hace dos años un segundo mandato con millones de votos adicionales se encuentra ahora lastrado con un esquelético 35 por ciento de respaldo popular en virtud de una cada vez más criticada combinación de arrogancia e incompetencia materializada sobre todo en Irak. Una posguerra sangrienta, costosa y atascada, con más de cien soldados del Pentágono muertos el mes pasado y otra veintena en lo que va de noviembre, que en el mejor de los casos es percibida como negligente. Ante encuestas de intención de voto que se han ajustado en los últimos días y la perspectiva de una larga noche electoral con un número multiplicado de escaños en el aire, los pronósticos sobre el huracán George coinciden en anticipar un retroceso del Partido Republicano que durante los últimos doce años ha mantenido mayorías en ambas cámaras del Congreso federal. Si el huracán se queda en galerna el resultado más previsible es el final de la mayoría conservadora en la Cámara Baja, clave en el proceso presupuestario. Con la posibilidad más remota de que esta tormenta electoral generada desde el verano de Katrina pueda suponer también un cambio de mayorías en el Senado, foro decisivo para la política exterior del gigante americano. Sin que falten previsiones triunfalistas que se niegan a evacuar y aceptar la tradición de que el partido que controla la Casa Blanca tienda a perder escaños en las legislativas. En momentos como este es cuando el término ciencia política resulta más irónico que nunca. Es cuando se multiplican las referencias etéreas al clima, al humor, la química y el ambiente. Mientras, los analistas, académicos y tertulianos pueden quedarse tan tranquilos advirtiendo que en Estados Unidos toda la política es local menos cuando es nacional y que las elecciones son siempre sobre el futuro excepto cuando se centran en el pasado. P AP Baja y un senador en la sombra Sólo en 1961 le fue reconocido el derecho a su más de medio millón de almas a elegir al inquilino de su inmueble más famoso, la Casa Blanca. Janine Bowle, que a sus 34 años ha pedido una excedencia como gerente de un hospital de Washington para dedicarse a su hijo nacido hace seis meses, votó ayer por la mañana en el Centro Comunitario de Chavy Chase, uno de los distritos más ricos de Washington, D. C. donde estos días se representa la obra Muerte por chocolate No ocultaba su resquemor frente a quienes- -como en su Nueva York natal- -podían votar para renovar un tercio del Senado y toda la Cámara Baja. Mientras su hijo dormía plácidamente, Bowle manifestó su deseo de que el sufragio de ayer envíe un claro mensaje a Bush y su Gobierno. Creo que se ha engañado a los ciudadanos y es necesario que cambie la mayoría en el Congreso A media mañana, bajo un cielo que presagiaba lluvia, eran Muerte por chocolate Sólo en 1961 le fue reconocido el derecho a sus más de medio millón de almas a elegir presidente La capital se malconforma con un delegado sin voto en la Cámara Baja y un senador en la sombra muy escasos los votantes que habían acudido a un colegio electoral bien caldeado y en impecable estado de revista, en buena medida gracias a la supervisión de Gail McCall, la presidenta de un colegio en el que los electores podían endulzar el acto cogiendo un chupachups o una chocolatina de una cesta junto a las listas. El salón de actos del instituto de Anacostia tuvo que reforzar su penumbrosa atmósfera instalando dos focos en los corredores, y una de las cuatro agentes electorales negras tenía que ayudarse de una linterna para comprobar los nombres de los pocos electores que se aventuraban a votar en una mañana tibia de otoño. Tras una falsa alarma por una fuga de gas junto al río, los votantes llegaban a cuentagotas. Carlos Nesbelt, profesor de Ciencias, nieto de cubana y nicaragüense, y con antepasados en Cataluña, enseña a más de un centenar de alumnos de entre 15 y 20 años en un instituto que es cien por cien negro Como él, que votará por la tarde en su propio distrito por quien no tenga nada que ver con el programa de Bush Alumnos y electores compartían ayer la puerta principal y el detector de metales. A Nesbelt le hubiera gustado que entre los 700 estudiantes del centro la política jugara un papel más importante, pero apenas ha habido debates. La mayoría tiene la sensación de que su voto no cuenta En el caso de los negros de la capital federal, el motivo acaso sea doble. Al otro lado del Anacostia, tras un perfil de chimeneas humeantes, la cúpula blanquecina del Congreso parecía, ciertamente, un espejismo.