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ABC MIÉRCOLES 8 s 11 s 2006 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA AL URUGUAY, GUAY L ridículo ha sido glorioso. Le han hecho la pirula deprisa y corriendo, mientras volvía en el avión de Montevideo. Al Uruguay, guay, yo me voy, voy. Horas antes de que Carod anunciara henchido de orgullo que había boda, y que Montilla se le había declarado de hinojos ofreciéndole la vicepresidencia como anillo de compromiso, un alto dirigente socialista confiaba en voz alta su convicción de que lograrían descarrilar el tripartito. Zapatero volaba sobre el océano, ajeno a la tormenta que se fraguaba sobre el cielo de Barcelona. Y quizá sonreía. IGNACIO Ahora las sonrisas luCAMACHO cen en la acera de enfrente. La oposición está de suerte: Convergencia se retira de los presupuestos y el Gobierno se ha vuelto a aliar con los soberanistas radicales, encabezados por ese Carod que cada vez que abre la boca deja un carro de votos en el saco del PP La bisagra del nacio. nalismo burgués catalán vuelve a brillar en los anaqueles de la ferretería política, y Rajoy está a punto de exclamar lo mismo que Churchill cuando Hitler invadió Rusia: Dios está con nosotros Si no lo ha hecho ya es porque sabe que le queda un pequeño trámite pendiente: primero tiene que ganar las elecciones. Pero si lo logra, el día después lo tiene ahora mucho más despejado. El nuevo tripartito catalán es el mejor escenario posible para los populares, porque sitúa de nuevo a Convergencia en tierra de nadie, con las manos libres, y además en estado de cabreo por las promesas incumplidas de Zapatero. El documento que Mas llevó al notario será pronto un vulgar papel mojado, y hasta puede que el propio Mas se halle en fase de amortización política, tumbado por la zancadilla de un presidente en el que creía que podía confiar. Y lo que es más importante, Pujol está que brama: tras haber pactado con dos gobernantes que hacían honor a su palabra- -González y Aznar- -se ha encontrado con uno capaz de retirarle la escalera y dejarlo colgado de la brocha. El viejo Jordi no es de los que perdonan. Zapatero lo sabe, y quizá le habría gustado cumplir lo que ofreció en la tarde del Marlboro en La Moncloa, pero sencillamente ha quedado desbordado por los acontecimientos y se le ha derrumbado su débil estrategia. Esto es lo grave: que todo el mundo se ha dado cuenta de que no manda en su partido. Sí, ya, que el PSC es otro partido; técnicamente es así, pero en la realidad eso no se lo cree nadie. Sobre todo porque gracias a ese otro partido ganó el congreso que le permitió hacerse con la secretaría general del PSOE. Ahora no puede controlar a aquéllos que lo alzaron. Apartó a Maragall porque iba por libre, para colocar a un hombre de teórica confianza, y al primer tapón (de amontillado, por supuesto) zurrapa. El cordobés también ha salido respondón y no estaba dispuesto a dejar un Ministerio para ser el segundo de nadie; entre su jefe y él mismo, ha elegido la lealtad al que más aprecia. Caramba con Montilla; aquí el que parece más cortito te fabrica en un plis- plás un reloj de pulsera. Y se lo pone a Zapatero en la muñeca. E EL RECUADRO 100 MILILITROS DE GASOLINA L OS pobres africanos que iban hacinados en los barcos negreros hacia la cabaña del Tío Tom no eran tan esclavos como nosotros de las normativas de la Unión Europea. No sé por qué los estatutos reclaman tanta soberanía, si la cuchara del mango de nuestra sartén, donde nos fríen los huevos, la entregamos ya a Bruselas o a Estrasburgo. Lo digo por la normativa europea que restringe los productos líquidos en los equipajes de mano de los pasajeros de los aviones. Lo que le faltaba a la T 4 de Barajas, a los retrasos de San Pablo, a la longitud de maratón olímpica de El Prat eran las colas de los atribulados pasajeros, esclavos de Europa, parias de Bruselas, resignados, ¿qué digo yo como corderos? como indefensos judíos en campo de concentración nazi. Los ves a los pobres, obedeciendo sin rechistar, con una conformidad completamente Dachau, despojándose de sus vestiduras, dejando en las bandejas de los escáneres chaquetas y abrigos, y las bragas y los calzoncillos porque aún no lo ordena Europa, que, si no, nos quedábamos todos en el control como su madre trajo al mundo al candidato de Ciudadanos por Cataluña. ANTONIO Esa callada resignación de la cola aeBURGOS roportuaria, con las ropas quitadas y puestas en bandeja, suena a Auschwitz, a documental sobre el holocausto judío. La paciente mansedumbre de los que hacen la interminable cola con sus pertenencias en la mano te hace pensar que de un momento a otro van a decir por la megafonía, con acento alemán: -Ahora pasarán ustedes a tomar una ducha antes de subir al avión. Me extraña que esos pasajeros que se amotinan por los retrasos de los vuelos baratos a Buenos Aires no hayan todavía abierto la boca ante el altísimo coste en tiempo, en pérdidas de vuelos y de negocios, en nervios, en retrasos y en botellas carísimas de Rioja tiradas a la basura que está teniendo la dichosa normativa europea. La chica que se puso toda la crema cosmética en la cara porque no podía llevarla en su equipaje de mano protesta en la Facultad, pide la hoja de reclamaciones en el Cortinglés, pone una carta al director sobre la factura de Endesa, pero se vuelve una mansa ovejita, cuando las normativas europeas se ponen a hacer perrerías con ella en los aeropuertos. El rímel, el desodorante que no nos abandona, la media botellita de agua mineral, el frasquito clásico de Álvarez Gómez, hasta el limpialentillas, todo líquido es peligroso. -Vamos, que cuando Curro Romero viaja en avión tiene que meter en la maleta y facturar el tarro de las esencias, porque si no, se lo tiran al contenedor. Ya lo creo. Lo que más me gusta de este entreguismo español ante Europa es la suprema contradicción de la gasolina. No, no me refiero a la huelga de gasolineras. Me refiero al carburante incendiario de los famosos Chicos de la Gasolina. A los terroristas callejeros al menudeo o por mayor de la llamada y glorificada izquierda abertzale Usted no puede pasar los arcos detectores de Barajas con 100 mililitros, 100, de Varon Dandy, pero los héroes del pueblo vascongado pueden andar por ahí con sus botellas de gasolina y sus artefactos explosivos, y no para llevarlos desde Santurce a Bilbao a través del arco detector de metales, sino para incendiar cajeros automáticos, quemar autobuses y pegar petardos en las sedes de los partidos y donde se tercie, y No Nada. Si a usted lo cogen con 100 mililitros de Aqua Brava pasado el control antiterrorista de Barajas, de Manises o de San Pablo, le buscan un lío y de momento pierde el avión y quién sabe por cuántas horas la libertad. Pero eso ocurre simplemente en los aeropuertos. Si usted no es pasajero de Iberia, sino viajero de la ETA hacia la negación de las libertades, y lo cogen en Rentería o en Azpeitia no con 100 mililitros de perfume, sino con una botella de litro y medio de gasolina, a la 1 de la madrugada, junto a un autobús municipal o al lado de la casa de un concejal del PP, No Nada, ni tiene usted que dejar nada en el control. Usted no es un presunto terrorista, como todo el que lleva la tarjeta de embarque de Iberia, sino un animoso defensor de los derechos de Euskalerría a quien no se le puede ni toser para no entorpecer el Proceso de Paz.