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ABC MARTES 7 s 11 s 2006 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA MERCADO NEGRO U CÓMO SER SOCIOS DE MONTILLA R EPETIR el tripartito catalán tiene algo más de penitencia que de acto político. Quizá sea el deber de penar por algo ignoto y superior a la culpa personal lo que ha llevado a José Montilla a rearmar uno de los mecanos más destructivos que teníamos a mano. No puede ser tan sólo un afán político. Es como el capitán Ahab y la gran ballena blanca, aunque para sus socios el regreso tiene componentes festivos. Carod- Rovira prácticamente resucita, y los eco- comunistas acuden al complot para paralizar toda obra pública en Cataluña y contribuir al deterioro del crecimiento económico. Para cerrar el trato, las conversaciones han sido presumiblemente de notable profundidad y con un elemento indiscernible de lírica: importa el futuro de la lengua catalana en Perpiñán, un mejor sistema punitivo para la reinmersión lingüística, la interacción de los Países Catalanes, cómo integrar a los presos de ETA, lo transitoria que es la Constitución de 1978, los castellers y, en fin, todo lo que afecta directamente a la ciudadanía de Cataluña. Dicho sea de paso, casi todo lo que nunca había importado para nada a José Montilla. El sacrificio es inmenso. VALENTÍ Hay generaciones perdidas y generaPUIG ciones perdedoras. Montilla asume el destino de una generación política que para salvarse de las garras de CiU se ha metido en la cueva del dragón. Está en manos del Carod, que dijo no al Estatut de Zapatero, y de un Saura que cae simpático a un buen puñado de electores aunque represente- -o precisamente porque la representa- -la combinación de dos de las ideologías más obsoletas del siglo: un comunismo depilado y el talibanismo ecologista. Afirman los tres socios que su vocación de gobierno es cohesiva y no de frentismo. Por mucho que Montilla prospere en la labor imposible de domesticar a sus dos socios, ¿hasta qué punto la ambición negativa no suma más entre los tres que la ilusión positiva? Dicho en otros términos, quién sabe qué noción de la libertad comparten y qué propósito de igualitarismo defienden. Se requerirán decorados de dimen- sión wagneriana para camuflar la naturaleza frentista del acuerdo. Sus precedentes, más allá del primer tripartito en la Generalitat, están en el Ayuntamiento de Barcelona, que es en este momento uno de los desbarajustes más acusados de nuestra vida pública. Pues es ese experimento la causa de que el socialismo esté perdiendo concejales en una de sus mejores plazas. Luego, el experimento fue revalidado por el Tinell, donde se puso por escrito que el PP quedaba extramuros del sistema político de la catalanidad de izquierdas. Zapatero lo bendijo asomándose al balcón de la Generalitat, como luego dijo que iba a aprobar el Estatut tal como se lo enviase el tripartito. Visita de Carod a Perpiñán, alcaldadas de Pasqual Maragall, hundimiento del Carmelo, redacción de un nuevo estatuto autonómico irrealista y carente de visión de lealtad constitucional, referéndum con mucha abstención: todo eso es lo que Montilla ha decidido reeditar. La calidad tipográfica viene muy dañada por el abstencionismo y por la importante pérdida de votos del socialismo en Cataluña, hasta el punto de que los resultados de Pasqual Maragall habían sido mejores. En tales circunstancias, hay periodistas extranjeros que se preguntan con extremada candidez en qué queda la tan traída y llevada sociedad civil catalana. La verdad es que tal sociedad civil prácticamente no existe, y que ni tan siquiera el lobby empresarial catalán ha sido en los últimos tiempos capaz de articularse en defensa de sus propios intereses. Ahí viene Carod- Rovira, dispuesto a protagonizar la promoción navideña del cava. La desazón ante estos últimos acontecimiento afecta en mucho la remota posibilidad de que la capacidad de mando de Montilla pueda controlar los efectos colaterales de su Gobierno autonómico. A ese hombre de pocas palabras le va a hacer tambalear el tsunami de la demagogia de sus socios. Es una mala hora para el socialismo de lo posible en España, para una alternancia con cordura. Para Cataluña, tal reincidencia es ese síntoma que los médicos auscultan gravemente sin poder hacer nada. vpuig abc. es NA de las maneras más eficaces de fomentar la abstención consiste en desvirtuar el resultado de las elecciones mediante coaliciones de perdedores que obtienen en los despachos lo que no han ganado en las urnas. La ley lo permite, por ahora, y la práctica lo viene convirtiendo en norma de uso, sea en Galicia, en Cataluña o donde quiera que nadie alcance la mayoría absoluta; después de las municipales nos espera una verdadera orgía de pactos al amparo del mercado negro de la política, en el que quienes obtienen menos respaldo elecIGNACIO toral colocan sus votos al CAMACHO servicio del mejor postor de prebendas, especulando con su fracaso en una bolsa de poder fraudulenta. El resultado de las recientes elecciones catalanas admite varias interpretaciones, incluida la de que el tripartito de izquierdas- -pese a que no concurría como tal y a que se había deshecho antes de la convocatoria- -ha mantenido mal que bien la mayoría, pero lo que no permite discusión es que una fuerza castigada por el pueblo con un apreciable descenso de su respaldo, Esquerra Republicana, va a volver a obtener una desproporcionada cuota de poder mediante la inversión especulativa de su representación parlamentaria. Tampoco admite controversia el hecho de que CiU ganó en las urnas y sin embargo se va a ver fuera del Gobierno, lo que supone una burla al sentido expreso de la voluntad ciudadana. Que el tripartito pueda resultar un mal menor al lado de la pavorosa alianza soberanista que supondría un acuerdo CiU- ERC no impide reconocer que se trata de un contubernio legal contra quien ha ganado en sufragios y en escaños, y que el espectáculo de un Carod perdedor eligiendo presidente tras recibir forzoso cortejo de los dos partidos más votados representa un escarnio para el sistema democrático. Y ello no va a ser nada comparado con lo que se viene encima en junio, cuando una pléyade de partiditos- bisagra urdidos con el único fin de exprimir los recovecos de la ley se apoderen de las concejalías de urbanismo a cambio de decidir las alcaldías y conviertan los ayuntamientos en máquinas registradoras. La única manera de evitar este desafuero es la reforma de los mecanismos electorales para establecer la segunda vuelta, y que sea el pueblo el que decida quién debe gobernarlo en vez de someter los poderes públicos a una subasta de desaprensivos. Nadie se atreve a dar este paso- -en el Congreso hubo hace tiempo dos propuestas al respecto, una del PP y otra del PSOE- -porque en el fondo de la clase dirigente late un sentido de la endogamia que no refleja más que miedo al criterio de la ciudadanía. Nadie podrá, pues, quejarse de que se saquen a puja las alcaldías y presidencias regionales, en infame abuso de la garantía de protección a las minorías; sólo el pueblo, desatendido en la expresión de su voluntad, tiene derecho a sentir que su criterio colectivo cuenta menos que el interés de un sindicato de castas articulado en torno a un mercado de chalanes.