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4 OPINIÓN MARTES 7 s 11 s 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Sociedad, Cultura y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Nacional) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro Director general: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar EUROPA SE QUEDÓ SIN LUZ U DOBLE MORAL CON CIUDADANOS DE CATALUÑA L A exitosa aparición de Ciudadanos de Cataluña en el escenario político catalán ha provocado en ciertos sectores de opinión una entusiasta extrapolación a escala nacional de esta nueva vía política, apadrinada por el dramaturgo Albert Boadella y el periodista Arcadi Espada junto con otros intelectuales y profesores universitarios catalanes. Es justo reconocer que estas personalidades de la cultura, el periodismo y el pensamiento han sabido articular políticamente una serie de movimientos de reacción social a la asfixiante hegemonía nacionalista, desde posiciones y para votantes de izquierda que, por no ser nacionalistas, repudiaron la mutación del PSC, y que, por no ser de derechas, no votaban al Partido Popular. Ciertamente, Ciudadanos ha logrado capitalizar ese voto que en otras circunstancias habría incrementado la abstención. Desde ahora, Ciudadanos de Cataluña se enfrenta a lo más difícil, que es adoptar un comportamiento político definido en las instituciones catalanas, porque una cosa es agrupar y gestionar descontentos y otra muy distinta defender proyectos concretos para problemas definidos. Los buenos resultados de Ciudadanos de Cataluña responden al contexto político de esta comunidad, intransferible e irreproducible allí donde no hay un régimen nacionalista apoyado por el socialismo. Esto no quiere decir que el Partido Popular no deba seguir con atención y respeto la evolución de este partido, cuya función electoral en Cataluña ha consistido en dar salida a votantes socialistas que no comulgan con la política nacionalista del PSC. Se trata, por tanto, de un movimiento político situado en el ámbito de la izquierda, cuya actitud sobre el bilingüismo, la igualdad y la defensa de la Constitución lo han puesto colindante- -incluso solapado- -con sectores que apoyan al PP. Esas mismas razones que explican el éxito de Ciudadanos de Cataluña- -fraguado a costa, fundamentalmente, del PSC- -son las que hacen muy compleja, por no decir inviable, su exportación al resto de España, opción defendida con tanto entusiasmo como incoherencia por medios supuestamente afines al PP. Como subrayaba anteayer en una entrevista a ABC Esperanza Aguirre, el único partido de los ciudadanos en Madrid es el Partido Popular porque no tiene sentido- -y aquí radica la incoherencia- -que aquéllos que promueven la fórmula de Ciudadanos a escala nacional lo hagan con el argumento de que el PP ha dejado un hueco por no ser fiel a su programa natural Bastaría recordar determinados planteamientos defendidos por algunos de los promotores de Ciudadanos de Cataluña para comprobar el dislate de que sean precisamente medios confesionales los que apoyen esa estrategia. A la derecha con valores morales confesionales no le debería bastar el antinacionalismo para ignorar todo lo demás. Sin duda, estamos ante figuras, como Albert Boadella, que han demostrado gran valor como impulsores de una reacción social contra el nacionalismo catalán, al que denunció en solitario cuando nadie en su gremio se atrevía a hacerlo y por miedo a perder las prebendas del régimen. El problema, por tanto, no es de Boadella, sino de quienes dicen defender unos principios y promueven los contrarios. Lo mismo cabría decir del apoyo que algún otro promotor de Ciudadanos ha puesto por escrito al aborto basado en la selección de sexo, o del respaldo expresado en la entrevista con ABC por el líder de esta plataforma, Albert Rivera, a los matrimonios entre homosexuales. Todas estas opiniones son legítimas y compatibles con el reconocimiento político al esfuerzo de vanguardia que han asumido los promotores de Ciudadanos de Cataluña, a los que no cabe reprochar que digan y defiendan lo que piensan. Lo que resulta incompatible es la doble moral de los que, desde medios confesionales, jalean a este partido como alternativa a la supuesta desnaturalización del PP. EL EJEMPLO DEL REY EN IBEROAMÉRICA L A XVI Cumbre Iberoamericana que se acaba de clausurar en Montevideo no pasará a la historia por su brillantez. Bien al contrario, en esta ocasión, como en ninguna otra, se han escuchado críticas generalizadas poniendo en duda incluso la necesidad de su continuidad, o al menos de su frecuencia anual. El gesto de crear una secretaría permanente, que ocupa precisamente el uruguayo Enrique Iglesias, no ha tenido los efectos dinamizadores esperados, y las grandes divisiones políticas en el continente americano han bloqueado el foro, sin que la diplomacia española haya sabido imponer su presencia para orientarlo hacia posiciones constructivas. El hecho de tener un Gobierno que ha dejado de reivindicar para sí mismo las virtudes de la transición política y de la Constitución de 1979, que eran el ejemplo a seguir por muchos países, debilita profundamente cualquier aspiración- -si la hubiera- -de liderar una corriente política coherente entre este grupo de países, del que también formamos parte. Que Argentina y Uruguay hayan suscitado una mediación del Rey de España en el conflicto fronterizo que desde hace dos años enrarece sus relaciones es precisamente la demostración de que son aquellos valores del consenso y la cautela que tan bien representa Su Majestad los más apreciados símbolos de España en Iberoamérica. La apelación a la figura del Monarca por parte de dos países iberoamericanos constituye la prueba de que sigue siendo apreciada como el símbolo de una política integradora y generosa. Tanto Argentina como Uruguay recibieron a los Reyes de España por primera vez cuando las dos naciones aún se encontraban bajo la tiranía de las respectivas dictaduras militares, y en ambos casos la presencia de Don Juan Carlos fue una señal clara de apoyo a la democracia y a las libertades de las que ya gozábamos en España. Es aquel prestigio al que un cuarto de siglo más tarde Buenos Aires y Montevideo apelan para intentar resolver sus diferencias. La discusión entre los dos países se ha enquistado demasiado y ha pasado de los factores técnico- jurídicos a los criterios simples, basados en el nacionalismo. El trabajo de ayudar a encontrar una solución no será fácil, pero en estos momentos contribuir a ello es sin duda la mejor señal de cordialidad que se puede tener con los dos países, con los que tantos intereses nos unen. El Gobierno debe colaborar en esta delicada misión con el realismo y la sensatez que probablemente le han faltado en otras de las empresas donde en esta legislatura el presidente Zapatero ha comprometido su prestigio. Si, de paso, esto le sirve para reflexionar sobre el auténtico valor de la parte más fructífera de nuestra propia historia, tanto mejor para todos. N incidente aparentemente menor, ocurrido a última hora de la tarde del sábado, ha puesto en evidencia la vulnerabilidad del sistema eléctrico europeo: la desconexión de una parte de la red de alta tensión gestionada por la compañía E. On, en el norte de Alemania, echó abajo el equilibrio del sistema e interrumpió el suministro eléctrico de cien millones de clientes de casi diez países del centro y sur de Europa. El corte del suministro en esa red de alta tensión tenía como objeto facilitar un tráfico fluvial en el río Ems, pero una mala gestión de la operación provocó el colapso del sistema, extendido a lo largo de miles de kilómetros. No es la primera vez que ocurre algo semejante. Italia padeció su apagón más grave, hace ahora tres años, por un fallo originado en la frontera con Suiza, y otro tanto sucedió en algunos estados norteamericanos del norte en un momento de máxima demanda, hechos que revelan que los servicios públicos en red requieren una atención muy esmerada y una mejora de los sistemas y procedimientos para garantizar un suministro sin interrupciones ni fracasos. En España también hemos padecido fallos de suministro en no pocas ocasiones por averías en los equipos o desequilibrios en la red. Lo ocurrido el pasado sábado se pudo controlar en pocas horas, lo cual evitó una cadena de desastres inducida por la carencia de suministro eléctrico. Además, el fracaso se produjo en un momento de baja demanda de electricidad, al anochecer. El servicio eléctrico es esencial; de él dependen la normalidad de la vida cotidiana y su fracaso tiene consecuencias graves, abrumadoras e imprevisibles. Por eso, la industria eléctrica tiene que hacer suyos unos compromisos singulares con sus clientes y con la sociedad en su conjunto; y por eso los Estados tienen que asumir una función tutelar y de vigilancia. Esa es su responsabilidad, no la de ser protagonista de la producción y de la distribución de electricidad. Lo ocurrido en Alemania vuelve a poner sobre la mesa la urgente necesidad de una estrategia energética europea coordinada y más eficaz. El modelo de islas energéticas por países no optimiza la capacidad para prevenir un riesgo tan excepcional como es el fracaso del sistema redes eléctricas. España es una de estas islas energéticas, insuficientemente conectada con el exterior y ahora sometida a un modelo financiero y de costes que desdeña las inversiones necesarias para tener al día la red. La remuneración de los servicios de distribución en el actual y obsoleto modelo tarifario es insuficiente, y el retraso en las inversiones necesarias para atender esa actividad puede pasar un factura costosa en un futuro cercano.