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76 CULTURAyESPECTÁCULOS www. abc. es culturayespectaculos LUNES 6- -11- -2006 ABC Audrey Hepburn, una estrella que no veía su luz Donald Spoto publica la biografía definitiva de la actriz, en la que se adentra en los entresijos de su intimidad con sumo respeto. El abandono de su padre o su deseo de ser madre marcaron la vida de esta gran mujer POR TRINIDAD DE LEÓN- SOTELO MADRID. Era la encarnación del encanto. Naturalmente, no sólo eso. No obstante, su aire de ninfa- -lo fue, acuática, en Ondina hizo olvidar a la mujer fuerte y apasionada en amores que se escondía tras su vulnerabilidad. Su educación y estilo- -su madre pertenecía a una familia de rancio abolengo- la hicieron parecer altiva, pero sólo era distante: sabía muy bien cómo deseaba que fuera su existencia. En Audrey Hepburn. La biografía (Lumen) el gran Donald Spoto no deja puntada sin hilo. Se adentra en los entresijos de su intimidad con sumo respeto y en lo que se refiere a la actriz, que ganó un Oscar a muy temprana edad, explica al detalle una carrera en la que sabiamente unió el prestigio con la celebridad. Al narrar la parcela artística en la existencia de Audrey, Spoto cita nombres inmortales: Stanley Donen, Billy Wilder, William Wyler, Huston, Bogart, Blake Edwards, Vidor, Terence Young, Cukor... en un largo y magnífico etcétera, a través del cual, entramos en anécdotas y situaciones que nos sitúan en el Hollywood de aquel tiempo. Así, por ejemplo, del rodaje de Sabrina durante el cual la actriz, que fue correspondida, se enamoró perdidamente de Holden, surgieron desavenencias con Bogart, que le ponía reparos a todo, tenía mal carácter y, para colmo, soltaba saliva al hablar. Holden, por su parte, estaba casado y dispuesto a divorciarse, pero bebía como un cosaco, al igual que Bogart, y tuvo que internarse en una clínica de rehabilitación. El amor acabó, por el ineludible deseo de Audrey de ser madre, lo mismo que ocurrió con Robert Woodruff. Holden le dijo que se había hecho la vasectomía. Bob le confesó que era estéril. Fin de ambas historias. Con Young se dio una de ésas que parecen increíbles: Audrey y su madre lo atendieron como enfermeras en un hospital holandés durante la guerra que provocó Hitler. Al límite de la locura Ya casada con Mel Ferrer, se enamoró de Albert Finney, pero el marido amenazó con divorciarse y quitarle al hijo de ambos, Sean. Tras su boda con el médico italiano Andrea Dotti, tuvo a Luca. Antes y después de Sean, tuvo un niño que nació muerto y sufrió dos abortos- nunca estuve más cerca de volverme loca que la condujeron a serias depresiones, un trastorno que padeció en diversos momentos de su vida como, por ejemplo, tras la II Guerra Mundial. El hecho de que su padre, Joseph Victor Anthony Ruston, abandonase a su madre, la baronesa Ella van Heemstra, y a la niña que entonces era, fue algo que la hirió para siempre, hasta el punto que aseguró que durante sus matrimonios siempre tenía miedo a que la dejasen. El abandono de mi padre nos volvió inseguras de por vida dijo la actriz, que también expresó su pesar con estas palabras: Estaba aterrorizada. Veía llorar a mi madre. ¿Qué iba a ser de mí? El suelo desapareció bajo mis pies Su madre nunca le habló mal de él. Joseph se presentó ante ella como banquero, pero fue más bien un cabeza loca que no duraba en ningún empleo. A su hija no le prestaba más atención que a los hermanastros de Audrey, Ian y Alexander, habidos en el primer matrimonio de Ella. Joseph no pudo arrebatarle a la que sería gran actriz los ojos de terciopelo que heredó de él. Tiempo después, localizó a su padre a través de la Cruz Roja y, como a su madre, siempre le ayudó económicamente, y estuvo a su lado a la hora de la muerte. La actriz, en una divertida imagen con su perrita ABC Una niña en las filas de la Resistencia Madre e hija dejaron Bélgica para trasladarse a Holanda, donde creían que no llegaría la zarpa nazi. Pero llegó. Había tal hambruna que Audrey llegó a alimentarse de bulbos de tulipán. Estuvo tan débil que no tenía fuerzas ni para subir las escaleras de su casa. La ocupación, dijo, es una palabra insuficiente para describir la eternidad de los días que los alemanes estuvieron en nuestro país, convirtiéndonos en esclavos Evocaba las miradas de espanto de los judíos que subían a los trenes del exterminio y los rostros de algunos de sus familiares que fueron fusilados. En mi adolescencia conocí la fría garra del terror humano; lo vi, lo oí, lo sentí La niña de 12 años diría: No ponga en duda nada de lo oiga o lea sobre los nazis. Fue peor de lo que pueda imaginar A pesar de su poca edad estuvo en la Resistencia. Cierto día acudió al bosque de Arnhem para encontrar a un paracaidista británico al que confirmó determinadas instrucciones. Fue recogiendo flores y al salir del lugar se topó con dos soldados alemanes que le preguntaron qué hacía. Fingiendo que no los entendía les sonrió feliz y les entregó el ramillete. Los soldados la dejaron seguir su camino.