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38 INTERNACIONAL Elecciones legislativas en Estados Unidos LUNES 6 s 11 s 2006 ABC Alberto Sotillo Virginia y Pensilvania, decisivas El desenlace de dos campañas por el Senado determinará el color del Congreso. También aquí se han repetido los tópicos. Unos aluden al fracaso en Irak para votar demócrata, otros a que se dejaría el país en manos de los terroristas para votar republicano A. ARMADA. ENVIADO ESPECIAL FILADELFIA. A juzgar por la portada del Philadelphia Inquirer que Joseph vende en la mediana de Broad, uno de los ejes de la majestuosa Filadelfia, capital federal entre 1790 y 1800, la suerte está echada: el Viejo Gran Partido se desploma incluso en los Estados que George W. Bush se llevó de calle hace dos años y los demócratas se harán mañana con la mayoría al menos en la Cámara de Representantes. Joseph dice que su voto es secreto, pero como la inmensa mayoría de los negros será demócrata Una encuesta aleatoria hecha ayer en la imponente sala de espera de la estación de ferrocarril de Filadelfia (masivas columnas de granito estilo Bellas Artes y toques art- decó) confirma lo que dice el rotativo estrella de la ciudad donde confluyen los ríos Schuylkill y Delaware y donde suecos y finlandeses fundaron en 1632 Nueva Suecia. Cuesta encontrar a un republicano. Tanto Filadelfia como la vecina Virginia ha sido escenario de enconadas campañas para dos escaños en el Senado. Si vencieran en ambos Estados, los demócratas estarían en camino de hacerse también con el control de la cámara más poderosa del Congreso americano. Janet Sullivan (Filadelfia, 75 años, agente inmobiliaria jubilada) Karen Flanagan (Filadelfia, más de 21 años y Eugene Schaffer (Filadelfia, 83, corrector del New York Times jubilado) comparten inclinaciones demócratas. LA REVOLUCIÓN FINAL DE BUSH El vaquero Allen contra el erótico Webb Galones de tinta ha suscitado la lucha en Virginia entre el veterano senador republicano George Allen y el aspirante demócrata Jim Webb. La campaña ha sido especialmente contraproducente para las aspiraciones de Allen a ser candidato a suceder a Bush. Nacido en California, a Allen le gusta presentarse como un vaquero campechano, en la estela de Ronald Reagan. Webb fue acusado de menospreciar a las mujeres por la forma en que relataba escenas eróticas en sus novelas sobre el Vietman. Pero ha logrado reducir al mínimo la distancia que le separaba de Allen y pertenece a los demócratas que critican acerbamente a los que se ríen del sur. E n Estados Unidos el debate sobre Irak ya no se plantea en los términos de si se ganará o no la guerra, sino en los de la dimensión del desastre que podría provocar una retirada inmediata de las tropas. Ya no se sueña con una teórica democratización de Oriente Próximo que habría dado el control del petróleo al bando de los demócratas y demostrado al mundo entero que no hay más potencia que la hiperpotencia norteamericana. Ya no se insiste en el nuevo orden mundial que pasaría por una imprevisible reorientación de la ONU, una inmediata jubilación de la vieja Europa y una audaz sustitución de la OTAN por un nuevo sistema de alianzas de conveniencia Todos esos proyectos formaban parte de una de las más radicales revoluciones que ha conocido el mundo. Fue una revolución imposible de prever y difícil de diagnosticar, porque venía preconizada por el partido republicano, que en Europa se considera un partido conservador y de orden. Pero en la vieja Europa tendemos a simplificar, y a equivocarnos cuando hablamos de Estados Unidos. Somos simples cuando incurrimos en un primario antiamericanismo. Pero también lo somos cuando nos resistimos a creer que el partido republicano puede albergar también a exaltados revolucionarios en su seno. Pocos líderes han intentado cambiar el mundo tan profunda y radicalmente como Bush. Pero, como todas las revoluciones, también la suya naufragó en su ingeniería social, sus quimeras al margen de la dura realidad y sus prisas por alcanzar la tierra prometida. Ahora nos dicen que si ganan los demócratas, Estados Unidos será un país conservador. Y aunque ganen los republicanos, también. Vengan los que vengan, el debate de Irak ya no será el que fue. La de Bush, como todas las revoluciones, ha fracasado. Tal vez lo que necesite ahora EE. UU. sea volver a sus líderes conservadores de siempre. Conservadores como Dwight Einsehower o Bill Clinton, que fueron presidentes muy poco amigos de experimentos mundiales, ingenierías sociales y cósmicas visiones del poder norteamericano. extender la especie de que el país quedaría a merced de los terroristas votando por Casey. Católicos ambos, mientras que Casey- -secretario del Tesoro en Pensilvania e hijo de un popular ex gobernador- -centró su discurso en asuntos que preocupan a la clase media, como un seguro sanitario de bajo coste o acceso universal a la educación pre- escolar, Santorum optó por la línea más ideológica que ya le hizo ganar titulares hace dos años, cuando intervino a favor de la familia de Terri Schiavo y contra los deseos de su marido de poner fin a un estado de coma que los médicos consideraban irreversible. La gente con fe Escaldados tras las últimas derrotas frente a los republicanos, Casey es de quienes reprochan a su partido de no atreverse a hablar de religión y de haber difundido la idea de que la gente que tiene fe no pertenece a la gran coalición que quieren formar. Tras treinta años en la redacción del Times Eugene Schaffer no cree que Estados Unidos se haya deslizado hacia el conservadurismo: El Congreso no refleja la realidad del país Pero si la lucha por el Senado en Filadelfia ha sido seguida con pasión, todavía más interés y emociones ha suscitado la que se libra en la vecina Virginia. El factor Irak Pero mientras Sullivan y Schaffer no votarán republicano a causa de la guerra de Irak, Flanagan, ejecutiva farmacéutica, la investigación con células madres y la actitud hacia las mujeres de Rick Santorum, número tres en la jerarquía republicana del Senado, orientarán su sufragio a favor del aspirante demócrata, Bob Casey. Figura estelar del partido del elefante, Santorum podría perder mañana un escaño que parecía a salvo de las ambiciones enemigas. Tras una campaña calificada de brutal las encuestas pronostican un insólito vuelco que podría completar los 6 escaños que el partido del burro necesita para maniatar a Bush durante los dos años que le quedan en la Casa Blanca. Con un mensaje apocalíptico, en el que no han faltado el hongo entre fotos de su rival y el presidente iraní, Santorum ha tratado de Un manifestante contra la guerra disfrazado de Rumsfeld posa junto al senador republicano por Virginia, George Allen REUTERS