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28 ESPAÑA LUNES 6 s 11 s 2006 ABC se metieron conmigo viven cerca de mi casa De la segunda historia es protagonista Ángela, una mujer volcada en su profesión y a la que los hechos que relata marcaron su vida. Soy especialista en atender a alumnos con problemas de aprendizaje. Siempre me gustó el reto de sacar lo mejor de los chicos que no saben todo lo bueno que tienen escondido. He trabajado durante quince años en uno de los centros más conflictivos del cinturón industrial de Madrid, con chiquillos muy desadaptados, algunos con graves problemas familiares y con una mayoría de alumnos de raza gitana Familias desestructuradas Los problemas más graves provenían de los chiquillos payos de familias desestructuradas, porque al niño gitano nunca le falla su clan familiar, y es un niño querido en su entorno, aunque le falten muchas otras cosas Durante esos quince años, trabajé mucho y aprendí mucho de la pedagogía y de la vida Pero, tuve un alumno del que no me puedo olvidar y que sin saberlo cambió mi vida. Un niño de ocho años, con una gravísima patología conductual, que se dedicaba a escupirme a la cara: Bruno, ven, vamos a leer... ¡zas! un escupitajo. También a sus compañeros. No hace falta que diga cuál es la reacción instintiva cuando alguien te escupe a la cara... pero es una reacción que un profesor no puede tener La receta era paciencia, buenas palabras, refuerzo positivo, llamar a los padres, que lo tenían amarrado a la cama cuando estaba en casa. Al saber eso, llamé a los servicios sociales. Conseguí para Bruno y sus padres una hora quincenal de tratamiento psicológico, a la que no iban. Entonces, logré que viniera un inspector... para recibir un buen salivazo y marcharse indignado. Pasé un año entero sintiéndome impotente, sin poder defender a los demás niños, pidiéndoles la misma paciencia y comprensión que a mí misma. Y sin poder hacer nada por el propio Bruno, que era tal vez lo que más me hacía sufrir Estudiantes del Instituto Virgen de la Encina, en Ponferrada (León) durante el recreo EFE Profesor, profesión de riesgo La violencia en las aulas son problemas que afectan a todos, padres, profesores y alumnos. Pero tal vez los docentes lo sufren con más intensidad y reciben menos apoyos. Dos testimonios así lo reflejan M. ASENJO MADRID. Los últimos tiempos se revelan, a juzgar por los datos, difíciles para el profesorado. La convivencia en las aulas, sobre todo en las de Secundaria Obligatoria (ESO) es dura. Faltas de respeto, actos de indisciplina permanentes y hasta agresiones físicas jalonan la jornada habitual de un docente. Los centros públicos aparecen a primera vista como los más conflictivos. Sin embargo, la concertada comienza a sufrir los efectos de esas conductas y en un número nada despreciable de la privada se registran casos graves de acoso y violencia a los docentes. Los motivos la mayoría de las veces no son los mismos, ya que depende mucho del tipo de alumando que protagonice los hechos. Los datos son alarmantes. Según los más recientes, aportados por el sindicato CSICSIF, el 13 del profesorado confiesa haber sido objeto de algún tipo de violencia. Otros informes hablan de que el 73 está en riesgo de depresión, el 20 está de baja y más del 70 recibe insultos o amenazas verbales. Es decir, que un elevado porcentaje de docentes tiene miedo a enfrentarse al aula, pero la mayoría guarda silencio. Muchos se limitan a reflejar en los partes diarios que no pueden dar clase. Los alumnos- -dicen- -gritan, cantan, se lanzan objetos o hablan por el móvil y es imposible controlarlos Tampoco se atreven a intervenir en el acoso entre alumnos, porque son acusados por una u otra parte de insultos o amenazas. Es difícil encontrar testimonios de situaciones de esta naturaleza. ABC ha podido hablar con dos profesores, Amador y Ángela, que cuentan su experiencia de acoso por parte de los alumnos. Eso sí, los motivos guardan una distancia abismal. El desencadenante del conflicto fue un móvil, aunque la tensión venía de lejos. Había una directora que protegía a los alumnos más problemáticos, en lugar de apoyar a los profesores dice Amador. Y un día cuando una alumna, de por sí ya conflictiva, provocó una situación más grave tampoco se inclinó por el profesorado afirma, al tiempo que recuerda que todo ocurrió un día cuando esta adolescente comenzó a jugar con el móvil en plena clase. presentado una denuncia contra el profesor por malos tratos y la niña seguía en clase. Un día me deseó entre insultos mala muerte Esa situación duró cinco meses hasta que, entre las dudas de los compañeros, la incomprensión y el abandono de la directora, del claustro y del inspector salió el juicio en el que fui absuelto por falta de pruebas y por ausencia de mala fe en mi actuación. Finalmente, me trasladé a otro instituto y ahora sólo quiero tranquilidad porque las personas que Bajo el yugo de la agresión En el instituto estaban prohibidos los móviles y cualquier tipo de aparato similares y yo se lo pedí. Tras un pequeño forcejeo me lo entregó y lo deposité en la Jefatura de Estudios. Ella lo rescató horas después Sin embargo, dos o tres días más tarde, la madre de la alumna llegó al instituto muy enfadada y me dijo que me iba a partir la cabeza Tras este episodio, Amador remitió a madre e hija a la directora y ésta habló con ellas, pero sin su presencia. Después le explicó que así era mejor porque podían agredirle. Amador comenzó entonces un camino que le llevó hasta la inspección, cuyo titular acabó por aconsejarle que pidiera la baja. Mientras, las presuntas agresoras habían Amador cuenta que vivió la incomprensión y el abandono de la directora, del claustro y del inspector Un niño de ocho años, con una grave patología conductual se dedicaba a escupirme a la cara Uno de cada diez profesores confiensan que han sido objeto de algún tipo de violencia en el colegio Un sueño roto Ha pasado el tiempo y sé que Bruno ha seguido igual. Yo pedí traslado, en primer lugar porque el colegio estaba demasiado lejos de mi casa; pero en segundo lugar, y me cuesta reconocerlo, porque no pude resistir la presión y la humillación diarias delante de mis alumnos, ni defenderlos a ellos de esa misma humillación. Ni pude ayudar a Bruno. Y aquel cole es donde yo hubiera querido jubilarme y pienso en él todos los días concluye Ángela. Amenazas por un móvil Amador es profesor de Secundaria en una pequeña ciudad española. La situación en la que se ha visto inmerso le ha obligado a pedir el traslado a otro centro en el que busca tranquilidad. De momento- -dice- -estoy en otro centro y toco madera