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4 OPINIÓN LUNES 6 s 11 s 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Sociedad, Cultura y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Nacional) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y Sergio Guijarro Director general: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar JUSTICIA Y LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS L desarrollo imparable de nuevas tecnologías y su rápida adopción por parte de la sociedad ponen continuamente a prueba la agilidad de los sistemas jurídicos y políticos a la hora de regular su utilización, que en muchos casos plantea situaciones al límite de la legalidad vigente. El asunto de las descargas de archivos musicales y películas a través de internet es uno de los ejemplos más claros de ello. Por un lado, un uso social ampliamente extendido, y amparado además por un derecho, el de copia privada, que permite a cualquiera bajarse de la red esta clase de contenidos sin consentimiento previo del autor, siempre que sea para uso exclusivamente personal. Por otro, los derechos mismos de esos autores, gravemente perjudicados cuando esas descargas se convierten en un hábito social extendido entre una parte considerable de la población. El límite que, hoy por hoy, la ley no permite cruzar es que el contenido de esas descargas se utilice con fines comerciales o de lucro, esto es, que se vendan o que se utilicen de cualquier otra forma que lleve asociados fines lucrativos. Las asociaciones que defienden a los autores, como la SGAE o la Afyve, intentan que los supuestos de la ley se amplíen con el objeto de que este tipo de actuaciones (las descargas de la red) pasen a ser consideradas ilegales y, por lo tanto, perseguibles y punibles. Las asociaciones de internautas, por el contrario, consideran que ese endurecimiento de la norma supondría la intolerable violación de un derecho de todo ciudadano. En pleno debate social sobre la cuestión, la sentencia de la juez Paz Aldecoa, que absuelve a un hombre de 48 años por descargar música de internet y para quien el ministerio fiscal pedía dos años de cárcel y el pago de una cuantiosa multa, ha terminado de crispar los ánimos y generado una amplia polémica en la que los argumentos reflexivos y serenos sucumben, con demasiada frecuencia, ante ramplones juicios de valor, incapaces de afrontar el asunto con la necesaria dosis de mesura. El caso hoy se ha convertido en una bandera para los internautas y en un problema para los representantes de la industria discográfica, que, dicho sea de paso, no han sabido hasta ahora aprovechar las nuevas oportunidades que brinda el uso de las redes informáticas y que se ha aferrado, por el contrario, a un modelo de negocio poco acorde con los usos y las preferencias actuales de los consumidores. Ciertamente, el problema mayor radica en la incapacidad real para perseguir a quienes negocian fraudulentamente con contenidos ajenos y trafican sin control a través de la red. Pero esa falta de recursos para actuar contra los que vulneran la ley no deberían pagarlo quienes se comportan dentro de la legalidad. E FRACASO DE ZAPATERO; RIDÍCULO DE MAS L enigma del Gobierno catalán se ha resuelto con sorprendente celeridad. Todo parece listo para la reedición del gobierno tripartito tras un proceso de negociación que concluye con un resultado llamativo, pero en absoluto inesperado (salvo, tal vez, para Rodríguez Zapatero y Artur Mas) PSC, ERC e ICV se disponen a repartirse el poder, mientras CiU, precaria, pero indiscutible ganadora en votos y escaños, sigue condenada a la oposición, lo que revela la incapacidad de su líder para administrar la victoria. De nuevo los políticos desoyen sin pudor la voz de los ciudadanos. Este fraude a la decisión mayoritaria contribuirá sin duda al desprestigio de la clase política catalana, causa determinante de la baja participación tanto en el referéndum como en las elecciones del pasado miércoles. El régimen parlamentario es flexible y permite una adaptación razonable a las circunstancias, pero no está concebido para alterar la voluntad de los ciudadanos. Los catalanes se han pronunciado sin rodeos en contra del tripartito, de manera que sólo IC ha obtenido un buen resultado. José Montilla, candidato débil y de perfil bajo, va a presidir la Generalitat gracias a una maniobra de pasillo, punto de llegada para una carrera política que se ha desarrollado básicamente en el aparato del PSC, a pesar de salir mucho peor parado ante los electores que su antecesor Pasqual Maragall. A escala nacional, lo más importante es el fracaso sin paliativos de Rodríguez Zapatero. Los socialistas catalanes se han desmarcado sin complejos de La Moncloa, mientras el presidente del Gobierno asistía a la Cumbre iberoamericana. El PSOE se encuentra así con el peor escenario posible. El PSC va a lo suyo y pacta a toda prisa la continuidad de un proyecto cuyo fracaso ha sido patente. ERC vuelve a tener la llave de la gobernabilidad, dejando en el aire el pacto entre Zapatero y Artur Mas, que salvó del naufragio un estatuto inaceptable. Otra vez se repite el cuento de la lechera. Zapatero planteaba el acuerdo socioconvergente como un seguro de vida de cara a las próximas elecciones generales. Sin embargo, ahora tendrá que afrontar el desgaste derivado de las exigencias de un nacionalismo radical crecido y de la desorientación de CiU, una vez que ha vis- E to defraudadas sus expectativas. Bien merecido lo tiene Artur Mas, político con imagen de diseño y escasa capacidad para ser consciente de cuándo pisa un terreno vidrioso. Empezó la campaña con una ridícula visita al notario para cerrar las puertas a un acuerdo con el PP y en las últimas horas ha vuelto a quedar en evidencia, permitiendo a los republicanos darse el gusto de rechazar una propuesta muy beneficiosa para un partido perdedor. La política catalana retorna a la situación anterior a Perpiñán. Carod- Rovira, un líder amortizado ante la opinión pública y muy criticado por los suyos, recupera un protagonismo que es fiel reflejo del deterioro de una clase política en plena crisis. La estrategia de todos contra el PP que obsesiona a Ferraz llevó a los socialistas a otorgar cuotas muy altas de poder a un partido antisistema abiertamente contrario a la monarquía parlamentaria y al modelo territorial que establece la Constitución. Hoy, más que nunca, siguen siendo rehenes de ERC, con el agravante de que ahora está en vigor un Estatuto con vocación cuasi federal, que deja al Estado en posición residual y plantea un sistema de financiación insolidario e inviable. Si Zapatero opta por huir hacia adelante con un desarrollo generoso del Estatuto, como sin duda le van a exigir Montilla y sus socios, la situación puede agravarse hasta hacerse insostenible. Si además el PSOE- -abandonado por CiU en Madrid- -necesita a ERC en el Congreso de los Diputados, sólo cabe esperar nuevos guiños al radicalismo y concesiones sin final conocido, pero previsibles. Es un sarcasmo llamar gobierno de progreso y alternativa de izquierdas a esta confluencia de intereses minoritarios que se reúnen en una coalición sin sentido. De cara a las elecciones generales, Zapatero sale muy mal parado frente a la sensatez y moderación que ofrece Mariano Rajoy. A su vez, Artur Mas deberá responder ante los suyos de su reincidente bisoñez para gestionar la victoria en las urnas. La política catalana vuelve a convertirse en un extraño baile de disfraces que culmina en el triunfo de los perdedores ante la perplejidad de una ciudadanía que se distancia cada día más de sus representantes. SADAM SE ENFRENTA A LA HORCA D ESPUÉS de un largo periplo plagado de incidencias de todo tipo, desde las teatrales protagonizadas por el reo hasta las puramente criminales, la condena a muerte pronunciada ayer contra Sadam Husein constituye el final de una larga etapa de la historia del pueblo iraquí, el colofón de un prolongado periodo de tiranía. Como ha quedado demostrado en el juicio, el antiguo dictador merece ser castigado por las 148 ejecuciones arbitrarias en la aldea chií de Dujail, incluso como un símbolo de los otros miles de iraquíes a los que causó la muerte y cuyos cuerpos han venido apareciendo en las múltiples fosas comunes descubiertas en todos los rincones. Un gobernante despótico, que ha dilapidado las inmensas riquezas del país, que lo ha llevado dos veces a la guerra y que ha actuado contra sus súbditos asesinando a pueblos enteros con armas químicas, tiene que ser castigado por ello como la medida más adecuada para edificar con sólidos cimientos las bases de un sistema democrático en Irak. Sin embargo, no es venganza lo que la sociedad iraquí necesita para reverdecer, sino justicia. La pena de muerte será sin duda bien recibida entre las antiguas víctimas del dictador, chiíes y kurdos, que podrán considerarlo una revancha de sangre por los sufrimientos pasados, e incluso podrá complacer a ciertos estrategas electorales en Estados Unidos, que dos días antes de las cruciales elecciones le- gislativas, encontrarán en esta sentencia un argumento de campaña, sobre todo si se tiene en cuenta que la guerra de Irak se ha convertido en el centro neurálgico de los debates. La mayor parte de los países civilizados ha considerado que la pena capital no es moralmente aceptable y las nuevas autoridades iraquíes deberían hacer un gesto de superioridad ética sobre aquél al que acaban de declarar culpable de haberla aplicado arbitrariamente infinidad de veces. El peor castigo para Sadam sería hacerle contemplar desde su celda un Irak en el que se acabe la violencia y las venganzas. Desgraciadamente ese panorama está todavía lejos del horizonte de los iraquíes y de la escena política de los norteamericanos, cuya cifra de bajas de soldados supera ya a la de víctimas en los atentados del 11 de septiembre. El goteo incesante de atentados y crímenes entre las comunidades religiosas iraquíes está haciéndose dolorosamente insoportable para una inmensa mayoría de iraquíes y para la opinión pública norteamericana, cuyos soldados se han quedado solos sobre el terreno con la vacilante excepción de los británicos. Una condena ejemplar contra Sadam Husein puede ser de más ayuda para restañar las heridas abiertas en carne viva en la sociedad iraquí que su ejecución sumaria.