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ABC LUNES 6 s 11 s 2006 OPINIÓN 3 LA TERCERA SADAM: HISTORIA Y JUSTICIA Su condena espero que sirva para poner punto y final al tramo más negro de la vida en Irak. No va a arreglar la actual situación en el país, pero tampoco la empeorará. Y sin embargo, dará un nuevo brillo moral a un pueblo que se hubiera librado mucho antes de él si hubiera sabido cómo... A Historia ya le había hecho justicia y Sadam será siempre recordado como el carnicero de Bagdad el brutal dictador capaz de encarcelar, hacer torturar y ordenar la ejecución caprichosa de sus ciudadanos, si con ello aseguraba su poder personal. A estas alturas de la película de su vida no creo que nadie ponga en duda ni su despiadada personalidad ni la violencia de sus decisiones y actos. De hecho, brutalidad y violencia son dos constantes en la vida de Sadam Hussein. Huérfano de padre en su nacimiento, medio repudiado por su madre, fue adoptado por su tío Jairalla Mslat, un militar ultranacionalista y declarado filo- nazi. En su estela el joven Sadam conocerá los entresijos de la política árabe, plagada de intrigas y dobleces. Con veinte años de edad, intentará ingresar en la academia militar en Bagdad, pero será rechazado. A cambio, se enrola en el partido Baath, fundado diez años antes como el Partido de la Resurrección Socialista Árabe. Un año después, en 1958, el tío de Hussein le recluta para asesinar a un líder comunista de Tikrit, la ciudad adoptiva de Sadam. Sadam le descerrajará un tiro en la nuca y aunque fue arrestado y pasó seis meses en la cárcel, al final saldría libre por falta de pruebas. No contento con su macabra hazaña, Sadam volverá a ponerse a las órdenes de su tío unos meses más tarde y participará en el intento frustrado de acabar con la vida de Abdul Karim Qasim, entonces jefe de gobierno. Sadam huirá a Egipto y será sentenciado a muerte en rebeldía. Tenía veintidós años. cho más sangrantes. Me refiero a la campaña Anfal de 1987, dirigida contra los kurdos a los que Sadam quería dar un castigo ejemplar por haber ayudado a los iraníes durante la guerra. Aunque el ataque más famoso es el de la aldea de Halabjah, donde el 16 de marzo de 1988 la aviación iraquí asesinó indiscriminadamente con gas mostaza y otros agentes nerviosos a unos 5.000 lugareños, aquella campaña de represión se saldó, según el tribunal que lo juzga, con más de cien mil víctimas. cubierto con el programa de petróleo por alimentos, Sadam eligió corromper a todo el mundo y enriquecerse personalmente aunque eso supusiera dejar sin medicinas a los hospitales iraquíes. Incluso logró que el hijo de Kofi Annan, el saliente secretario general de Naciones Unidas, disfrutara de un bonito mercedes rojo gracias a los trapicheos de su empresa con Irak y a la impunidad de su apellido. Sadam tenía una ambición: ser el líder del mundo árabe y el dueño del Golfo. La resistencia iraní le llevó a acelerar sus programas no convencionales, sobre todo el nuclear. Y aunque éste parezca que se haya evaporado, como acaba de descubrir el New York Times ni más ni menos, los documentos incautados en 2003 por las fuerzas de la coalición y que poco a poco se iban colgando de una página web servida por el Pentágono, eran tan útiles para fabricar una bomba que el acceso libre a los mismos resultaba excesivamente peligroso. Igual ocurre con los traídos contactos entre las fuerzas de Sadam y terroristas islámicos, incluida Al Qaida. Poco se ha podido documentar, pero de lo documentado sólo puede deducirse una cosa: el régimen de Sadam estaba dispuesto a favorecer a cualquiera que supusiera una amenaza para Israel y los Estados Unidos. L C n 1963 el gobierno de Qasim es derrocado y el partido Baath toma el control del país por unos meses, justo hasta que es destronado por un nuevo golpe en noviembre del mismo año. Husseim que había regresado a Irak es arrestado y encarcelado. En prisión, será alzado a la cúpula del partido, ocupando la posición número dos tras Bakr, el secretario general. En 1967, Sadam logrará escapar gracias a la ayuda de sus carceleros y poco después organizará un golpe que instalará al Baath de nuevo en el poder. Es el 17 de julio de 1968. A partir de ese momento Sadam Hussein comenzará la larga lista de purgas que jalonará toda su vida. La idea de controlar él solo todo el poder le llevará a organizar un golpe palaciego en 1977 para acabar con el líder del Baath, Bakr, que será puesto en arresto domiciliario hasta su muerte en 1982. Como dictador soberano, la obra de Sadam no tiene desperdicio. Toda la violencia que vivió desde su niñez la amplificará y la esparcirá dentro y fuera de su país. Ayer fue sentenciado por el asesinato de 148 civiles, incluidos algunos niños, en 1982. Asesinato que como él mismo ha reconocido durante el juicio, ordenó como represalia tras sufrir un ataque en Dujail, al norte de Bagdad. Pero ese acto, por terrible que sea, palidece ante la brutalidad de la que hizo gala Sadam en todo su mandato. De hecho, Sadam Hussein tiene pendiente otra causa por varios hechos mu- E on todo, hay más cuentas pendientes con el dictador de Bagdad. Por ejemplo, sintiendo que su poder se resquebrajaba tras ser derrotado por la coalición internacional en 1991, Sadam se lanzará a una ola de represión generalizada: dos millones de kurdos tendrán que huir por el norte mientras que en el sur unos 150 mil shíis son eliminados y otros 200 mil deberán huir para salvar su vida. Como añadido, Sadam impondrá un mortal bloqueo para los kurdos y llegará a secar las marismas al sur de Basora. Simultáneamente, bombardeará con gas mostaza, desde los helicópteros que la ONU le permitió operar, las ciudades santas de Najaf y Kerbala. Si Hussein no siguió fue porque las tropas americanas y británicas impusieron una zona de exclusión área que evitó mayores desgracias para la población iraquí. Que Hussein no tenía respeto por la vida de los demás es algo demostrado. No le importó masacrar a cientos de miles de iraníes, incluido el empleo de armas de destrucción masiva y el lanzamiento de misiles de largo alcance contra núcleos urbanos alejados del frente, ni pestañeó castigando a sus súbditos durante los años de sanciones impuestas por las Naciones Unidas desde 1991 ante su empeño en no querer cooperar con los inspectores de la ONU. Como hemos des- E l sueño de Sadam, que le llevó a autoemparentarse con el profeta se truncó finalmente con la intervención militar de 2003. Sus bravuconerías y engaños no impidieron que las fuerzas de la coalición llegaran rápidamente a Bagdad, de donde huyó. Anduvo escondido medio año, hasta su captura el 13 de diciembre de 2003. A pesar de haber prometido no dejarse capturar vivo, se entregó sin resistencia. Aunque las tomas de su reconocimiento médico dieron la imagen de un loco, Sadam de loco nada. Durante su juicio ha dado reiteradas pruebas de sus plenas facultades mentales. Sólo que sus facultades son las de alguien que no muestra arrepentimiento alguno y que volvería a cometer sus crímenes sin dudarlo. Las facultades de un demonio. En 1978 escuché a unos representantes del Baath jaleados por la izquierda y la progresía de la Facultad de Políticas. Se les aplaudía por representar el proyecto de un hombre nuevo, socialista, en el mundo árabe. Desde entonces no me he podido librar de Sadam. Ahora me alegro de que un tribunal competente y legítimo, iraquí para más señas, haga finalmente justicia. Sadam ha hecho demasiado daño al mundo y su condena espero que sirva para poner punto y final al tramo más negro de la vida en Irak. No va a arreglar la actual situación en el país, pero tampoco la empeorará. Y sin embargo, dará un nuevo brillo moral a un pueblo que se hubiera librado mucho antes de él si hubiera sabido cómo. Algo a lo que nosotros no contribuimos mucho y que si no hubiera sido por Bush, Blair y Aznar, nunca hubiera ocurrido. RAFAEL L. BARDAJÍ