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ABC DOMINGO 5- -11- -2006 97 CIENCIAyFUTURO www. abc. es cienciayfuturo géticas. La científica Lynn Margulis alumbró la llamada teoría endosimbiótica, según la cual el mitocondrio, una célula capaz de obtener energía a partir del oxígeno, fue en origen un organismo vivo independiente, luego fusionado con otros hasta integrarse en un organismo superior: el nuestro. Esta singularidad de las mitocondrias abona la teoría de que acaso comer como comemos ahora no sea la última palabra en la evolución humana. Lo que se intenta en Wisconsin, y en otros laboratorios de los Estados Unidos, es testar los límites de la relación ser humano- comida, bajo promesa deslumbrante de alargar la vida y retrasar la vejez. ¿Demasiado optimista? El patólogo Richard A. Miller asegura a ABC que, de poderse extrapolar a humanos el alargamiento de la vida que a base de restricciones calóricas se ha logrado ya con monos y ratas, 120 años sería una media de edad normal. ¿Demasiado optimista? Miller no se despeina: En países con buena atención sanitaria, como Noruega y Japón, la media de vida ronda los 90 años. En roedores, las dietas hipocalóricas han logrado incrementar la esperanza de vida un 40 Haciendo una regla de tres, los 80 años humanos se convertirían en 112 Después de los cálculos deslumbrantes, los matices. Weindruch y Miller admiten que lo que funciona con ratas y monos no tiene por qué causar el mismo efecto en los hombres. Ambos coinciden en que de momento es más realista minimizar los efectos de la vejez que alargar la vida. Es decir, se busca contener enfermedades específicamente asociadas a la oxidación y el desgaste del cuerpo, como el alzheimer o el cáncer. Más que la vida, lo que se alargaría sería la juventud. El gran drama es: ¿cómo convencer a la población de que coma menos, muchísimo menos, justo cuando la obesidad deviene el primer reto sanitario en Estados Unidos y otras sociedades avanzadas? Pero si la obesidad es uno de los primeros retos de salud de las sociedades avanzadas, qué decir de su contrario, la anorexia. El doctor Weindruch es tajante: Lo que hacemos está en las antípodas de esas absurdas dietas drásticas, en la restricción calórica es clave el control científico del aporte de vitaminas, minerales y nutrientes Dos monos del centro de experimentación de Wisconsin: un primate sometido a dieta hipocalórica (izquierda) y otro bajo dieta normal ABC Una dieta baja en calorías prolonga la vida de los monos un 30 por ciento Científicos estadounidenses buscan extrapolar estos datos para el ser humano, que podría alcanzar los 120 años ANNA GRAU. SERVICIO ESPECIAL NUEVA YORK. ¿Qué tal si alguien nos promete, no la vida eterna, pero sí llegar a los 120 años, con suerte a los 140, con el vigor de un toro y aspecto de chaval? ¿Qué hay que hacer? Apenas nada: dejar de comer. O casi. Someterse a una dieta de restricción calórica como la que siguen los monos elegidos para el experimento que se lleva a cabo en el Centro Nacional de Investigación con Primates de Wisconsin (EE. UU. donde un equipo de biólogos, gerontólogos y patólogos comparan la evolución de los monos alimentados normalmente con la de los que reciben un 30 por ciento menos de calorías. Cuidando al detalle, eso sí, que no les falten nutrientes esenciales, ni vitaminas. Los monos que tragan todo lo que les pide el cuerpo tienen barriga, se quedan calvos y se les frunce la cara como un acordeón- -las comparaciones son odiosas- Mientras que los monos frugales lucen estilizados, dinámicos y puntuando alto en todos los indicadores de lo que se entiende por juventud. Que comer como una lima no es sano, se sabe desde tiempo inmemorial. Pero los monos de Wisconsin no sólo comen con moderación. Científicamente hablando, comen por debajo de lo recomendado para animales de su edad y peso. Lo mismo les ocurre a los humanos que, siguiendo la inspiración de muchos médicos estadounidenses, se lanzaron ya hace años por la senda de la restricción calórica. Y que puede suponer algo así como: desayuno, una manzana; almuerzo, Jeanne Matusalén Una mosca vive tres días El ratón alcanza los 3 años Un chimpancé vive 50 años. El elefante alcanza los 70 años Una ballena vive 80 años sabilidad. Consume unas 2.000 calorías diarias y dice que nunca se había encontrado mejor. Linsvayer es sólo un pionero de algo que, de momento, se circunscribe a la investigación con animales. Los científicos de Wisconsin buscan la prolongación de la vida. Proceso de oxidación El arma secreta consiste en reducir la dependencia humana de la comida o, para ser exactos, del proceso nutritivo diseñado por milenios de evolución, y que implica tomar energía del oxígeno y liberar radicales libres. Lo cual equivale a poner en marcha un lento, implacable, proceso de oxidación. En otras palabras, el alimento que te da vida, también te deteriora, te envejece y te mata. ¿Habrá que pensar en dejar de comer y buscar otra alternativa energética, para el cuerpo humano? El gerontólogo Richard Weindruch nos llama la atención sobre las mitocondrias, orgánulos presentes en nuestras células, donde actúan como pequeñas centrales ener- Jeanne Calment, ciudadana francesa muerta en 1997, alcanzó los 122 años de vida, el récord de longevidad humana. La tortuga marina vive 200 años. La sequoya llega a 4.000 años. un platito de verdura, y cena, una ensaladita o cualquier entrante que no lleve arroz, ni azúcar. Y ayunar algunos fines de semana. The New York Times cita el caso de Mike Linsvayer, de 36 años, que trabaja todo el día en un cargo de respon- Más información sobre la investigación: http: www. primate. wisc. edu