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28 ESPAÑA Centenario del nacimiento de Ramón Rubial DOMINGO 5 s 11 s 2006 ABC Rubial, la esperanza apasionada Hay sobrados episodios no sólo de buenas relaciones personales con la derecha, sino de un empeño de buscar juntos la libertad s Intentó vías de diálogo para convencer a ETA de que desistiera da, accede a cargos en el sindicato y partido y, en 1934, participó en la Revolución de Octubre, en la que- -con las armas en la mano- -tomó el poder local en Erandio por lo que sería condenado a 8 años de cárcel. Es significativo este episodio porque en él confluyen algunos de los elementos característicos de su perfil. En primer lugar, su identificación con el PSOE- -en aquel momento claramente influido por Indalecio Prieto- con el radicalismo que se instaló en el partido desde 1933 y con las instrucciones que se daban a los militantes. Reflexionó mucho sobre aquello pero su arrepentimiento no fue nunca moral o ético, sino motivado por las consecuencias negativas para el socialismo y el pragmatismo: el poder no se conseguía tomando las armas contra el Ejército. Pero siguió pensando que debían obedecerse las órdenes del PSOE y que, en el ambiente de la época, se trataba de acabar, aunque fuese antidemocráticamente, con una derecha que juzgaba fascista. rior y del exilio y entre las generaciones jóvenes y las que les precedían. Demostró darse cuenta de la necesidad de renovación, aunque quizá no reparó entonces que le iba a tocar precisamente a él, en 1976, tras jubilarse en el taller en que trabajaba, presidir el partido. La izquierda a la que, con toda justicia, decía pertenecer, limaba aristas ideológicas, iba perdiendo los rasgos revolucionarios y mantenía un acendrado anticomunismo, que fue otro de los rasgos doctrinales de Rubial. Cuando se negociaba la incorporación al PSOE del Partido de los Trabajadores fundado por Santiago Carrillo, Rubial advirtió que la hipotética incorporación de éste al PSOE implicaría la entrega inmediata de su carnet. Nunca fue un teórico pero, por entonces, reflexionaba, volviendo al Prieto de su juventud, sobre las relaciones entre el socialismo y el liberalismo, entendido éste no tanto como una ideología contradictoria con el socialismo, sino como la necesidad de que entre los objetivos del PSOE estuviera la defensa de la libertad, al estilo, quizá, de Besteiro. Germán Yanke Conocí a Ramón Rubial una tarde de invierno, desapacible, tormentosa, en el Hotel Ercilla de Bilbao. Acababa de entrar y parecía sacudirse la lluvia cuando me acerqué para decirle que quería presentarle a Rafael Calvo Serer, el antiguo editor del diario Madrid y promotor de la Junta Democrática. Aceptó encantado y asistí como espectador a aquella breve conversación de la que tengo algunos recuerdos quizá significativos. Rubial insistía, lo hizo varias veces al hilo de los temas que se trataban, en que ambos procedían de universos políticos antagónicos aunque le parecía que uno de los rasgos esperanzadores de la Transición era que ambos, a la izquierda y a la derecha, pudiesen defender y tratar de construir juntos la democracia. Y ya casi al final del encuentro, con aquella mirada azul, limpia, y aquella sonrisa irónica que dicen que no perdió ni en sus peores momentos, le reprochó que hubiera sido él, el hombre de derechas, el que más cerca había estado de los comunistas, que formaron en su momento parte de la Junta. Hombre de consenso Desde 1977 se convierte, además de presidente del PSOE, en el senador Rubial y entre 1978 y 1979 en el presidente del órgano preautonómico Consejo General Vasco. Ahí fue el hombre del consenso, de las largas reuniones en busca de puntos de encuentro en un organismo en que estaban desde EE a la UCD. Durante ese breve periodo, ETA asesinó a 110 personas y llevó a cabo 18 secuestros. Fue el más enorme peso sobre su ánimo y su coraje político ya que nunca entendió que la banda no abandonara el terrorismo a la muerte de Franco. Intentó vías de diálogo para convencer a ETA de que desistiera, se preguntó si la violencia era ya para ellos un sistema de vida cerrado y ruinoso y advirtió que cualquier negociación era impensable con apriorismos políticos e imposible un pacto con grupos armados. Las cosas han cambiado mucho en el casi un siglo de vida de Rubial- -que encarna la historia del PSOE- -y, me parece, se han acelerado desde que falleció en mayo de 1999 defendiendo la Constitución y el Estatuto de Gernika para no lamentar después, como siempre, lo que tenemos No se cómo se habría adaptado a estas últimas convulsiones pero seguramente, sonriendo como siempre, repetiría ahora lo que dijo en 1978: lo que más me gusta en esta vida es la esperanza Consenso Evidentemente, para justificar la Revolución del 34 hacía falta demonizar a las derechas que habían ganado las elecciones. Con el tiempo- -largo y penoso, una guerra y más de 20 años de cárcel en los 50 primeros de su vida- Rubial concibió las conquistas sociales y políticas como un proceso continuado que, aunque impulsado por los suyos, era fruto de un país entero y del consenso. En el libro que recientemente le ha dedicado José María Benegas hay sobrados episodios no sólo de buenas relaciones personales con la derecha, sino de un empeño de buscar juntos la libertad. Tras la condena, estuvo preso hasta la amnistía de 1936 aprobada por el Gobierno del Frente Popular. Pero inmediatamente después comienza la guerra, se incorpora a los batallones de la UGT y es detenido Universos antagónicos Ciertamente, la vida de Ramón Rubial, casi se puede decir que desde su nacimiento en Erandio (Vizcaya) en 1906, hijo de emigrantes, estuvo siempre vinculada a la izquierda. A los cinco años su padre le lleva a escuchar a Pablo Iglesias- Pablo fue su apodo en la clandestinidad- -y, cuando comenzó a trabajar a las 14 años se afilió a UGT. Sin haber cumplido los 17 tenía ya el carnet de las Juventudes Socialistas y participó en la huelga general contra el golpe de Estado de Primo de Rivera y a finales de 1930, tras la sublevación de Jaca, es detenido por primera vez por repartir el manifiesto del Comité Revolucionario. De izquierda, por tanto, y republicano como le recordó al Rey cuando, en 1978, recibió al Consejo General Vasco que Rubial presidía. Ya con la República proclama- Rubial presidió el PSOE desde 1977 hasta su muerte, en 1999 en Bilbao cuando, caído el frente del Norte, trata de ir a Zaragoza. Sigue así un larguísimo periodo de prisión, protestas carcelarias, nuevas condenas, intentos de huida, etc. La actividad clandestina, política y sindical, no cesaron cuando en 1956 sale en libertad vigilada, ni tampoco las reiteradas detenciones. Llopis le había pedido que se quedase en España para reorganizar el partido y Rubial obedeció al partido. Estaba ya casado y tenía una hija, pero pide a su familia que vuelva de Chile, país al que habían huido y en el que le esperaban. Es en 1974 cuando termina por alejarse por la intransigencia de Llopis. En el Congreso de Suresnes juega un importante papel para evitar el fraccionamiento y la división en el PSOE y se convirtió en un mediador entre los militantes del inte- Uno de los rasgos doctrinales del que fue presidente del PSOE fue su acendrado anticomunismo