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ABC SÁBADO 4 s 11 s 2006 CULTURAyESPECTÁCULOS 87 Javier Bardem: Milos Forman convierte en placer todo lo que toca El actor protagoniza Los fantasmas de Goya que se estrena el próximo viernes Bardem se encuentra estos días en Colombia, donde está rodando un nuevo filme, El amor en los tiempos del cólera inspirada en el libro homónimo del premio Nobel Gabriel García Márquez POR JOSÉ EDUARDO ARENAS MADRID. Atraviesa un gran momento profesional. Pese a la complejidad de los trabajos que pasan por su cerebro, se muestra tan sereno como siempre, aunque en sus palabras se denota el rápido recorrido vital por el que atraviesa. La semana que viene estrena Los fantasmas de Goya bajo la dirección de Milos Forman Alguien voló sobre el nido del cuco con guión del propio cineasta y de Jean- Claude Carrière, a quien se deben guiones emblemáticos de la importancia de Belle de jour para Buñuel, y cuyo protagonismo comparte con Natalie Portman. Bardem se encuentra ahora en Colombia rodando El amor en los tiempos del cólera basada en la novela de Gabriel García Márquez. Allí, en Cartagena, casi estamos concluyendo los amores de Fermina Daza (Giovanna Mezzogiorno) y Florentino Ariza, que soy yo. Hemos tenido unos días un poco difíciles por una huelga de operarios... Parece que ya se ha arreglado comenta el actor, a quien le es imposible venir a España para el estreno de la película, donde encarna a Lorenzo Casamares, influyente dominico del Santo Oficio. La idea era contar la historia desde diferentes ojos, eso es lo que resumen Milos y JeanClaude. Ellos siempre tiran por otra vía, en la que reflejan personajes geniales como seres humanos. Mi personaje- -continúa- -es el espejo de las contradicciones y de las peleas que tiene Goya con su obra. La ambigüedad de Lorenzo tiene una complejidad enorme, cree que su verdad es la única que existe. La consecuencia directa de una realidad política que sucedía en España y que tienen que ver con el poder absoluto, algo que hubo en muchos países y que ocurre hoy en día, con la salvedad de que hoy gozamos de libertades, entre ellas la de expresión. Pero seguimos matando. Quizá por eso me interesó el personaje asegura. El conocer a Carrière y trabajar junto a Forman ha sido motivo de deleite para este actor, que pasa por la vida como una esponja, impregnándose de sabiduría. Sientes cierto escalofrío al saber que vas a trabajar con él, aunque todo se desvanece a la media hora de conversación, porque es el primero en identificarse. Todo lo que toca lo convierte en placer El aspecto de hombre seguro de Javier Bardem sólo es el efecto de sus dimensiones físicas, porque no se recrea en la adulación ajena, en lo que creo es en la fortuna de estar en una profesión que siento plenamente, afortunado por ofrecerme la oportunidad de trabajar con profesionales con un bagaje profesional, personal e intelectual enorme, con unos ojos que han visto muchas cosas y tienen criterio para legitimar una obra Añade que se siente un privilegiado- -y lo expresa con dicha- -por poder trabajar. El fantasma del desempleo está ahí. El ochenta por ciento de los actores están sin trabajo. Ese fantasma no me es ajeno. No es por dramatizar, pero es lógico que cuando tienes ofertas puedas perder la cabeza y estar sólo en contacto con tu deseo. Esto se puede terminar mañana. La gente se cansa. De puertas afuera eres un producto que la gente consume, y lo que hay que hacer es darle variedad y distintos sabores Dicen que teme hacer teatro, que no se siente todavía preparado. Javier quiere aclarar que, aunque no lo haya hecho, sabe perfectamente de qué habla: Lo que no ha habido son oportunidades reales de hacer un trabajo que mereciese la pena Las nuevas amistades que se le pueden apreciar en su periplo internacional, como Benicio del Toro o Dennis Hooper, para el actor es más lo que se dice que la realidad. Ahora puedo viajar mas, conocer a otra gente y mi agenda tiene más nombres. Es difícil crear relaciones. Mis amigos siguen estando en Madrid, que son los que me aguantan Javier Bardem, caracterizado como el inquisidor Lorenzo Casamares, en el rodaje de la película de Milos Forman ABC DANZA Nefés Tanztheater Wuppertal. Dirección y coreografía: Pina BauschsEscenografía y vídeo: Peter PabstsVestuario: Marion CitosMúsica: Varios autoressLugar: Teatro de la Zarzuela, Madrid, 2- XI Un milagro llamado Pina JULIO BRAVO Si su primera primera aparición en nuestros escenarios, hace algo más de veinte años, con Café Müller fue toda una conmoción para el público, esta nueva comparecencia madrileña de Pina Bausch y su más que admirable compañía no lo ha sido menos. Y si la expectación que había antes del estreno era la de las grandes noches, el gozo del público a la salida refrendaba el ambiente previo. Nefés (una palabra que significa respiración y aliento) es una muy hermosa pieza teatral; para crearla, Pina Bausch y sus bailarines pasaron un tiempo en Estambul, y ese ambiente está reflejado en varias de las escenas que componen la fascinante coreografía. Otros son retazos de vida y sentimientos puestos sobre el escenario. Pina Bausch propone un escenario amplio, abierto, prácticamente desnudo, donde el agua, mágicamente, brota del suelo de madera y cae del cielo, donde los bailarines (poseedores de una calidad y de una expresividad más que notables) desarrollan las historias que la coreógrafa quiere contar o, simplemente, dibujar. Músicas de muy distintos pelajes le sirven como pauta por la que dejar correr sus pinceles. El vestuario (ellas visten con elegantes y coloristas trajes largos de noche, que les añaden belleza, y ellos con esmoquin o trajes negros) resulta chocante pero eficaz. Hay color, hay ternura, hay emoción, hay humor, hay sensualidad... Podría decirse que la danza de Pina Bausch es como la comida japonesa: difícil y exquisita. No deja la coreógrafa que el espectador se abandone, si- no que le pide que viaje con ella a Estambul, que se abandone a las sensaciones que ella vivió. El sabor puede chocar al principio y no todo el mundo sabe usar los palillos con solvencia, pero si se persevera se puede apreciar su exquisitez y su extraordinario sabor. El espectáculo crece conforme transcurren los minutos. La última media hora es verdaderamente prodigiosa. Pina Bausch hace bailar a su compañía con todo el cuerpo, del pelo a los pies, y logra con movimientos y escenas aparentemente sencillos cuadros que son un regalo para los sentidos. Y la escena final (donde hay un homenaje al Fauno de Nijinski) valdría por sí sola por toda la noche.