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ABC SÁBADO 4 s 11 s 2006 Necrológicas AGENDA 59 William Styron s Escritor En el territorio del mal y la culpabilidad La decisión de Sophie libro del que se vendieron varios millones de ejemplares y que, llevado al cine en 1982, le valió a Meryl Streep un Oscar a la mejor actriz, le consagró definitivamente POR MERCEDES MONMANY Desde la aparición de su primera novela, Lie Down in Darkness (Tendidos en la oscuridad) publicada en 1951, William Styron, nacido en New Port News, Virginia, en 1925, se reveló como uno de los más grandes autores estadounidenses de su tiempo, al mismo nivel de Mailer, Bellow, Updike o Arthur Miller, al que le unía una gran amistad. Aún así, por la temática de sus primeras obras, fue comparado a menudo con Faulkner, Robert Penn Warren o incluso Flannery O Connor, sureños como él. Poseedor de una no muy abundante bibliografía, compuesta por novelas que alcanzaron una gran popularidad en su momento como es el caso de Esta casa en llamas, de 1960 (Anagrama, 1992) de Las confesiones de Nat Turner, que ganaría el Premio Pulitzer de 1968 y que estaba dedicada a la escritora Lilian Hellman (Lumen, 2000) y, sobre todo, por La decisión de Sophie, de 1979, que lo lanzaría al estrellato mundial, gracias a la película, protagonizada por Meryl Streep, e inspirada en su libro, Styron sería un autor que, obsesionado por la existencia del mal en el mundo- -presente en sus libros, a través de temas como la esclavitud o el nazismo- -y por la culpabilidad, abordaría enormes y turbulentas complejidades psicológicas en cada una de sus obras. Todas sus novelas presentarían un personaje central enfrentado, en luchas a menudo encarnizadas, a un mundo trágico y violento que les hacía poner sin cesar en tela de juicio la conciencia de su libertad. Un mundo que abortaba cualquier posibilidad de ejercerla, hasta volver la propia vida intolerable. En el caso de su cuarta y magnífica novela publicada, Sophie s Choice, Styron situaría su geografía del mal, no en el Sur esclavista, como ha- AP bía sucedido con Las confesiones de Nat Turner, un esclavo rebelde de antes de la Guerra de Secesión, que había aprendido a leer y escribir y que por tanto era capaz de meditar sobre su propia historia, sino en el territorio simbólico del mal absoluto ese territorio donde cada uno, en algún momento de su vida, debe encontrar, simultáneamente, lo trágico de su existencia, y a un mismo tiempo, su redención. La historia de Sophie, una católica polaca, antigua de- portada a Auschwitz, que Stingo, el protagonista, un joven escritor recién llegado del Sur, encuentra en Nueva York una vez acabada la guerra, alcanzaba la doble vertiente de un fresco histórico sobre la época de la barbarie y el Holocausto, y al mismo tiempo de una honda meditación filosófica sobre ese germen de angustia y culpabilidad, de anulación de una vida aplastada por el peso de los remordimientos, que se instala fatalmente en el interior más recóndito de los se- res humanos, impidiéndoles alcanzar la paz. Francófilo como Paul Auster, William Styron era un gran conocedor de la cultura de ese país y fue prologuista en su día de la edición americana de los ensayos de François Mitterrand. Muy apreciado en muchos países europeos, colaborador asiduo de publicaciones como The New York Review of Books y uno de los impulsores en su día de The Paris Review Styron sería un autor muy introducido también en algunos países del antiguo Este europeo, como es el caso de Hungría y Polonia, donde sus libros conocerían varias ediciones. Autor teatral (In the Clap Shack, 1973) y ensayista dotado de una aguda y deslumbrante percepción para el dolor y las pesadillas de la existencia, William Styron renovaría su pacto de comunicación con numerosos lectores de todo el mundo, publicando en 1990 un impresionante y sobrecogedor testimonio autobiográfico, Darkness Visible: A Memoir of Madness (Esa visible oscuridad, Mondadori) sobre un periodo de su vida, justo al cumplir los 60 años y en la cima de su carrera, en el que caería presa de una devastadora depresión, que lo conduciría al borde del suicidio. Un verdadero clásico moderno sobre este tema tantas veces impronunciable en el mundo de los triunfadores, sobre el que igualmente había testimoniado en numerosas ocasiones su compatriota y amiga Susan Sontag, aquejada de esa enfermedad desde su adolescencia y que la definió un día sintéticamente: La depresión equivale a la melancolía, pero restándole el encanto Pablo Guevara El poeta, profesor universitario y cineasta peruano Pablo Guevara Miraval, Premio Nacional de Poesía en 1954, murió ayer a los 76 años víctima de una leucemia que durante los últimos meses le tuvo postrado en cama. Nacido en 1930 en Lima, estudió en la Universidad de San Marcos y en la Universidad Católica de Lima, donde se graduó como profesor en Letras. En los años sesenta vivió largas temporadas en España y Dinamarca, hasta que regresó a su país a mediados de la década pasada. Fue el representante más joven de la llamada generación literaria del 50 entre los que se encuentran Jorge Eielson, Julio Ramón Ribeyro, Carlos Germán Belli y Blanca Varela, entre otros. A su obra Retorno a la criatura (1957) siguieron Los habitantes (1963) Crónicas contra los bribones (1967) Hotel del Cuzco y otras provincias del Perú (1971) y La colisión (1999) Además de poeta, Guevara fue un cronista de su tiempo y un innovador al usar el hipertexto en La colisión En una última entrevista concedida al diario El Comercio manifestó que los paradigmas poéticos de la primera mitad del siglo XX en Perú fueron César Vallejo, José María Eguren, Martín Adán, Emilio Westphalen y César Moro. Últimamente expresó su admiración por la obra de Blanca Varela, reciente premio Federico García Lorca, y por José Watanabe, y resaltó que es un milagro que en un país como el Perú existan tantos poetas llado el pasado miércoles en su oficina de Nueva York por su esposo, Andy Ostroy, según explicó su agente Rachel Sheedy. Por el momento se desconocen las causas de su muerte. Shelly, de cuarenta años de edad, nació en el barrio neoyorquino de Queens y recientemente actuó en Factotum (2005) junto a Matt Dillon. Debutó como actriz de la mano de Hal Hartley en La increíble verdad (1989) interpretando a una melancólica adolescente, y un año después apareció como protagonista en Confía en mí con el mismo director. América, con 54 goles, 48 marcados con la camiseta del uruguayo Peñarol, en el que transcurrió la mayor parte de su carrera entre los años 1960 y 1970, era un caballero del fútbol y un ídolo en Ecuador y Uruguay. Carmen Guerra Reigosa Ha fallecido en Madrid a los ochenta y dos años doña Carmen Guerra Reigosa, dama de acrisoladas virtudes. Sus hijos reciben muchos testimonios de condolencia. Su funeral se celebrará el próximo lunes, día 6, a las siete y media de la tarde, en la cripta del Santuario del Inmaculado Corazón de María, calle Ferraz 74, Madrid. tosa que fue Capitán General de Cataluña (1984- 1986) ha fallecido en Madrid. Su esposa doña María Guadalupe Zabaleta Martín y sus hijos Fernando, Teresa y Javier reciben muchas muestras de condolencia. Su funeral se oficiará el día 8 de noviembre, a las seis y media de la tarde, en la iglesia de las Fuerzas Armadas (calle Sacramento, 11) Madrid. Mariano Muñoz de Dios El notario y profesor don Mariano Muñoz de Dios ha muerto en Madrid. Su esposa y sus hijos reciben innumerables testimonios de condolencia. El funeral por su eterno descanso se celebrará el próximo lunes, día 6, a las ocho y media de la tarde, en la iglesia parroquial de San Fermín de los Navarros, (Paseo de Eduardo Dato, 10) Madrid. Alberto Spencer El futbolista ecuatoriano Alberto Spencer falleció ayer a los 69 años en Cleveland (EE. UU. donde se había sometido el mes pasado a una operación de corazón. Máximo goleador de la Copa Libertadores de Adrienne Shelly El cadáver de la actriz, escritora y directora de cine neoyorquina Adrienne Shelly fue ha- Fernando Rodríguez Ventosa El teniente general del Ejército don Fernando Rodríguez Ven-