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6- 7 S 6 LOS SÁBADOS DE LUGAR DE LA VIDA La muerte del millonario M Mónica FernándezAceytuno Tonos básicos de la paleta de Oliva con ese esmero y ese cuidado. Supongo que todo ello lo marca el día a día, que la incorporación al mundo laboral hace que se pierda tiempo real para preocuparse de sí misma. Y si el trabajo no tiene una fuerte vinculación social, eso se acentúa. ¿Acepta la masculinización de la mujer a la hora de vestir? -La masculinización me parece un error. Yo creo que los sexos deben diferenciarse. Eso no quita para que reconozca que los pantalones vaqueros y las camisetas sean dos inventos insuperables. Pero hay que dotarlos de un carácter femenino. -Y el multiculturalismo, ¿nos enriquece? -Sí. A mí, por ejemplo, me encanta la estética japonesa. Pero no siempre es fácil adaptar correctamente otras estéticas a la propia. Lo bueno de la situación actual es que hay tanta información, que hace que exista una importante apertura de mentes. ¿Cuál es su prenda fetiche? -Sin duda, el vestido. Corto o largo, me da igual. Me parece un auténtico logro vestir a una mujer de los pies a la cabeza con una única pieza. Es una ventaja que tenéis sobre los hombres. ¿Y entre los colores? -Sobre todo los primarios y, en especial, el negro. Pero no tengo miedo a ampliar la gama. ¿Qué complementos le fascinan? -Los zapatos y, por supuesto, las joyas. Para mí tienen muchísimo simbolismo. ¿Hay algo que deteste tanto que nunca utilizaría? -Nunca puedes decir no absolutamente a nada. Pero así, a bote pronto, las riñoneras me horrorizan, aunque... ¿Quién puede cerrarse a algo? Líneas y tejidos que evocan los mejores momentos de la moda FOTOS: ABC e gustó la manera en la que Paul Auster llevaba las gafas en su discurso, sin una patilla, y lo que dijo sobre la utilidad de las cosas inútiles. Con estos dos argumentos de peso, unas gafas mancas y la importancia de lo inútil, me encaminé a la librería para comprar mi primer libro de Paul Auster y, como suelo hacer siempre que es el primero, busqué el más ligero de páginas y el más barato, que resultó ser, Fantasmas Los personajes tienen nombres de colores, Azul, Blanco, Negro, por lo que colegí que todo era de mentira hasta que crucé con Azul el puente de Brooklyn, terminado el año en el que nació su padre, el padre de Azul, y diseñado por John Roebling, que de verdad existió y que falleció por la construcción del puente, al atraparse un pie entre un transbordador y los pilares del muelle. Enseguida pensé: la muerte del millonario. Llaman así, o al menos así me contaron que se llama el accidente que tiene lugar en los puertos al tratar de salvar de un salto el espacio que hay entre el yate y el muelle. Así murió un amigo de mi suegro, por hacerse millonario. Si no hubiera acumulado tanto dinero, jamás hubiera salido de Albacete, donde poseía hectáreas y hectáreas improductivas. De esto hace ya muchos años. Entonces eran todo campos yermos que puso a producir con un sistema de riego por el que el agua daba vueltas en compás y así los campos cuadriculados y secos, se convirtieron en inmensos círculos verdes de maizales que se veían desde el cielo. Compró una avioneta, para mirarlos. Después quiso ver inmensidades azules y se compró un yate pero, al saltar sobre el abismo entre el muelle y el barco, resbaló y murió del golpe. Era joven, tenía la inmensa vida por delante. Me dijo mi suegro que ese golpe se llama así: la muerte del millonario aunque un amigo de mi marido que tiene un humilde velero cayó vestido de invierno al agua y los pescadores que le rescataron le contaron que había tenido suerte, pues así mueren muchos marineros. Junto al puerto. Dice Azul que la historia de Roebling se la contó su padre y que por alguna razón no la olvidó nunca Tal vez por la manera en la que se la narraron, con la inútil y bella literatura.