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ABC JUEVES 2 s 11 s 2006 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA GALBANA CATALANA LGUIEN tendrá que explicar alguna vez por qué los catalanes sienten ese entusiasmo tan descriptible por su política autonómica, que la clase dirigente ha convertido en piedra angular de la escena pública española. Alguien tendrá que reflexionar sobre la razón de que el turbulento proceso estatutario haya concluido de esta manera tan poco alentadora: con una raquítica participación en el referéndum y una abstención tan abultada en las elecciones subsiguientes. Alguien tendrá que dejar de mirarse el ombligo y levantar la vista en derreIGNACIO dor para interrogarse soCAMACHO bre los motivos de que el pueblo se implique cada vez menos en una tarea que se supone le concierne de modo primordial. Claro que las respuestas pueden ser muy antipáticas. Y delatar el cansancio de la ciudadanía por la endogamia de unos políticos enfrascados en turbias batallas de poder, que a menudo concluyen, además, en alianzas de despacho tramadas contra la voluntad de las urnas. O señalar la contundente realidad de que la autonomía no constituye en absoluto la prioridad de una población que no encuentra en ella las respuestas adecuadas a sus necesidades y problemas. O concluir que el debate político catalán está lleno de artificio, simulación y enredo, que es un tinglado de intereses a la vista en el que el pueblo se siente cada vez menos representado. Porque los datos son contundentes. El electorado de Cataluña se implica más en la gobernación de España, a través de las elecciones generales, que en la supuesta construcción nacional a través de los procesos de autogobierno. Un número cada vez mayor de ciudadanos se desentienden de los avatares de la política autonómica, decepcionados de no hallar en ella el latido de sus demandas reales. Y empieza a considerar a su clase política una casta de chamanes enredados en autistas batallas de poder. No basta como explicación la del cansancio tras la refriega del Estatuto. Si esa fatiga de materiales se ha producido es porque el alboroto estatutario ya era en sí mismo la expresión de un intenso alejamiento político. Porque en absoluto respondía su alta temperatura a la del cuerpo social, y porque se trataba de un experimento de ingeniería política efectuado al margen de la requisitoria popular. Los materiales de la autonomía catalana están, en efecto, cansados, pero por culpa de un énfasis ficticio en problemas postizos, que ha provocado un efecto de hastío, una desgana perezosa, un bostezo de indiferencia. Esta galbana que debería provocar la alarma de los responsables públicos será ocultada tras la cortina eufórica del éxito por los ganadores, e incluso minimizada por los perdedores en su habitual búsqueda de excusas autoexculpatorias. Pero es el síntoma principal de una jornada abúlica en la que, más allá del botín de un presupuesto de 30.000 millones de euros, casi la mitad de una presunta nación se ha mostrado perfectamente indolente ante el supuesto desafío de su futuro. A LULA CONECTA CON OTROS PROBLEMAS L A victoria de Lula era esperada. Sorprende, sin embargo, su ventaja, superior a 20 puntos. Geraldo Alckmin había sido muy duro en la descalificación del presidente durante la segunda campaña, desde el 6 al 27 de octubre. El tono del aspirante se ha vuelto contra él. Hay que tomar nota, también de este lado del Atlántico. No nos gustan las alusiones, sino la claridad. No aludimos a Mariano Rajoy, cuyo tono, racionalidad y sustancia nos parecen con frecuencia admirables. Lula ha sabido mostrar su cara mejor: aquí estoy; he hecho lo que he podido; querría seguir al servicio de Brasil. Vosotros juzgaréis si he abusado del poder... Miremos un instante la elección catalana. Veíamos en Barcelona las imágenes de Artur Mas, digámoslo hoy, cuando acaba de obtener un buen resultado, aunque no como el esperado. El aspirante de CiU aparecía en los carteles con un aspecto de western años 50. En la comisura derecha del labio, mancha negra, introducida adrede, un gol de los diseñadores, colado al jefe de campaña. Artur Mas ofrece la imagen de un político duro, vano, un DARÍO poco cursi, bastante engreído. Por VALCÁRCEL contra, es simpática la expresión de Joan Saura, líder de los verdes. Josep Piqué es un hombre interesante, de los que provocan una favorable reacción subliminal en muchas electoras. El aspirante socialista era un acólito de apariencia bondadosa, niño cercano a la adolescencia, temible. No seguiremos puesto que aquí se trata de Brasil. Lula ha resultado en televisión un hombre de fiar al que algunos han engañado. Mientras otros iban a la Universidad, yo trabajaba y vivía. La vida enseña cada día a vivir nunca más de lo que la vida permite vivir. Eso expresaba Lula, quizá con sinceridad. Contra el presidente, de fea barba y confiable sonrisa, Alckmin, tan bien afeitado, con ese pelo tan colocado, daba un poco de miedo: era como un tecnócrata del Opus Dei, red extendida en Latinoamérica, menos relevante en el mundo industrial. Brasil tiene infraestructuras potentes, gran capacidad energética y buena industria aeroespacial (hablamos de una sociedad cada vez menos alejada del mundo euroamericano y japonés) Entre las cincuenta industrias con mayor gasto en investigación en 2005, dieciocho son norteamericanas, dieciocho de la Unión Europea, diez japonesas, dos suizas, dos surcoreanas... Ninguna brasileña, china, india, canadiense o española. Pero Telefónica está en el puesto 52 y estará quizá el año próximo entre las cincuenta primeras. Algo parecido ocurre con Enbraer y Petrobrás, dos gigantes brasileños. Con todo, las cifras no deben dar lugar a ilusiones vanas. Entre las cinco primeras empresas inversoras en investigación, cuatro son norteamericanas, Ford, Pfizer, General Motors y Microsoft. Sólo esas cuatro compañías invierten más en I+ D que diez empresas europeas. Otro problema conectado: Tony Blair, amigo del presidente Bush, sale como un toro contra su aliado trasatlántico. Es abusivo lo que la actual Casa Blanca ha hecho en materia de sostenibilidad (de hecho, Bush representa la insostenibilidad) ¿Tiene esto conexión con Brasil? Sí. No se trata ya de la desenvoltura con que el vicepresidente Cheney defiende hoy, desde su puesto, los intereses de Halliburton, sino de su total sordera ante las quejas del planeta. A esa deliberada ignorancia respondía Blair. Lula ha luchado duramente por la sostenibilidad, contra la pobreza, en un país con casi un 70 por ciento de pobres. En 2005, el PIB solo ha aumentado el 2,5 por ciento. Pero ha mantenido el valor de la moneda y la inflación baja, en un marco de estabilidad fiscal, con déficit descendente y balanza exterior reforzada, gracias a la capacidad exportadora del país. Detalle no menor: Lula ha demostrado alergia profunda al populismo de Hugo Chávez y a las simplificaciones de Evo Morales. Brasil se abre paso en el mundo gracias, sobre todo, a la fuerza de su bioetanol, una energía renovable fabricada a partir de desechos agrícolas. El bioetanol contribuirá a afirmar la presencia internacional de Brasil en los próximos cuatro años.