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ABC MARTES 31 s 10 s 2006 Tribuna abierta ESPAÑA 21 Enrique Nasarre Diputado del Partido Popular EL PROTOCOLO DEL NOTARIO P El gesto de Artur Mas no es el de un cualquiera. De ahí su trascendencia. CiU había sido hasta ahora uno de los actores fundamentales de la España democrática que arranca con la Transición ARA quien, como yo, ha considerado que la cultura política de la Transición, con la que construimos en una fecunda operación histórica el edificio democrático de la España constitucional, era el más precioso acervo para asentar con bases duraderas nuestraconvivencia, el gesto de Artur Mas, asombrosamentecastizo, deacudir al notario para proclamar su compromiso de no pactar bajo ningún concepto y en ninguna circunstancia con el Partido Popular, me ha producido el natural desasosiego que se siente ante la visión de un enfermo con síntomas de caminar hacia la muerte. El enfermo, claro está, es la España constitucional del 78. El protocolodel notario deArturMasmesuenaaactadedefunción del modelo de convivencia democrática que gozosamente inauguramos hace más de cinco lustros con el respaldo de la mayoría de los españoles. Porque, acaso, el ingrediente másdecisivo dela culturapolítica de la democracia de 1978 ha sido la voluntad de no exclusión de nadie, por muy alejadas que fueran las posiciones políticas de cada cual y, consecuentemente, la disposición a llegar a acuerdos honorables hasta donde se pudiera. Aquella sonora presentación de Fraga a Carrillo en el Club Siglo XXI respondía cabalmente a aquel espíritu y venía a dar argamasa a la obra incipiente de la construcción de nuestro Estado democrático, con el afán de superar los vicios cainitas que asolaron nuestro pasado. Esta voluntad de no exclusión era, por otra parte, condición inexcusable paraque la democraciafuese no ficticia, sino auténtica. La moderna democracia de partidos sólo es posible si se rige por la convención de que cada partido actúa en el sistema siempre con la condición de parte de un todo y, por ello, no puede dejar derelacionarsecon las demás. Delocontrario, el pluralismo inherente a los regímenes democráticos se desvanece y da paso, inexorablemente, a las distintas formas de totalitarismo. nes. El último episodio ha sido la iniciativa de reprobación- cese del Defensor del Pueblo, sencillamente porque ha cumplido con su deber de modo ejemplar. Y ha considerado su obligación, en uso de las facultades que le concede la Constitución, presentar un recurso de inconstitucionalidad, técnicamente impecable por cierto, contra el Estatuto de Cataluña de nueva planta. Tal decisión ha sido estimada intolerable por el actual nacionalismo radicalizado y por quienes le acompañan en esta aventura. Y han reaccionado con una iniciativa parlamentaria, que, si no lo remediamos, puede suponer herir de muerte a esta institución constitucional. Porquela te durante todo este período, gobernase uno u otro de los dos grandes partidos que se han turnado en el ejercicio del poder. Tanto es así que no podrían explicarse los años que transcurren entre 1996 y el 2003, no sólo en el conjunto de España, sino en la misma Cataluña, sin los mutuos compromisos alcanzados entre el PP y CIU. Esquerra Republicana ha sido el motor principal de esta degradación de nuestra vida política. Ha actuado con la osadía y la astucia propias de un partido antisistema, mezclando, en calculadas dosis, la provocación y el repliegue. Ya sabemos cómo se practicaron estas técnicas en la Europa de los años veinte y treinta, y al abismo a donde nos llevaron. Sabemos, también, que el éxito delospartidosantisistemarequirió la actitud complaciente de partidos e instituciones del sistema, ya fuese por debilidades teóricas, ya por miopía, ya por inconfesables intereses de parte. Funestos aprendices de brujo, creyeron que, a la postre, aquéllos acabarían siendo domesticados. El Diario de Sesiones constituyetestimonio irrefutabledeesta pendiente, que se está acelerando, aunque la democracia mediática en la que vivimos sólo capte la superficie de lo que acontece y, así, la realidad profunda tarde en desvelarse. Todavía recuerdo con espanto una intervención del diputado Tardá en la que, dirigiéndose al presidente del Gobierno, espetó con voz rugiente: sabemos quién es elenemigo, y nohablodeadversario, sino de enemigo, y está aquí -precisó- señalando a la bancada del Grupo Popular. El presidente del Gobierno se limitó a sonreír, aunque su proverbial sonrisa quedó transfigurada en una mueca. Su silencio fue ominoso. Se había introducido en la Cámara la dialéctica amigo- enemigo, que- -yalosabemos- -conduce a la destrucción de la convivencia democrática mediante la aniquilación del adversario. ¡Y el presidente del Gobierno callaba! Pero esta ofensiva no se limita a la destrucción o expulsión del adversario político, conforme con la dialéctica amigo- enemigo, sino a torpedear las instituciones del Estado que tampoco se dobleguen a sus pretensio- El gesto de Artur Mas no es el de un cualquiera. De ahí su trascendencia. Convergencia i Unió había sido hasta ahora uno de los actores fundamentales de la España democrática que arranca con la Transición. Se ha dicho, con justicia, que la Constitución de 1978 tiene acento catalán. El papel de Roca a la hora de fraguar los sucesivos pactos y transacciones que dieron lugar al gran pacto de la concordia que se plasmó en la Constitución, fue crucial. La trayectoria pactista de Convergencia ha sido una constan- se acentúa por el contexto en que se produce. Vengo siendo testigo, con creciente desazón, del agrietamiento, cada vez más profundo, de la cultura política que, con sus luces y sus sombras, ha presidido la vida democrática de la España constitucional y que ha sido un factor esencial de todos sus logros. En esta legislatura, los nubarrones que presagian el estallido de la tormenta están encapotando ya nuestro cielo. Y no ha sido la rebelión de las masas la que ha desencadenado este cambio de clima, sino el incivismo y la voluntad de ruptura de los actores propiamente políticos. El primer acto de esta tragedia para la vida democrática fue el pacto delTinell conlarepugnante cláusula de exclusión con la que se cimentó el tripartito. El aval de Rodríguez Zapatero dio alas a una formidable ofensiva nacionalistaquecomenzóa renegar, ya sin tapujos, de los compromisos asumidos en el pacto constitucional Los nacionalistas, envalentonados, se creyeron en condiciones de dar un vuelco alasreglas dejuegoy dedeslegitimar las bases de nuestra democracia. Para lograr su objetivo estimaron imprescindiblearrinconar a quienes no se doblegasen a sus pretensiones. El partido socialista, liderado por Zapatero, se prestó a este juego, por el que algún día deberá rendir cuentas. LagravedaddelgestodeMas clave de esta institución, alto comisionado de las Cortes Generales para la defensa de los derechos y libertades fundamentales, es su independencia, que ha de tener garantizada incluso en relación con las Cámaras que le han designado. Por eso, sabiamente, la ley reguladora de la institución establece unas causas tasadas para su cese. Los promotores de la reprobación han tenido que acudir al supuesto de notoria negligencia lo que resulta un sarcasmo. Pues si en algo se ha caracterizado el Defensor del Pueblo, ha sido en actuar con notoria diligencia. Y así lo ha reconocido el mismo Tribunal Constitucional, al admitir su recurso. La campaña de las elecciones catalanas, ya concluida, se está viendo salpicada por agresiones, actos incívicos, mensajes soeces, que llevan todos ellos la marca de la exclusión. Parece que nos adentramos por una senda en la que ya las agresiones y los brotes de violencia han de formar parte del paisaje político. Eso es funesto para cualquier democracia. Hasta ahora, el pueblo español, su inmensa mayoría, se ha mantenido muy lejano de las incitaciones y provocaciones agresivas que quieren romper las bases de nuestra democracia... Pero ningún cuerpo social está inmune a los comportamientos irresponsables de sus élites. Elprotocolo delnotario deArtur Mas ha sido calificado por algunos como unamera armaelectoral, como un golpe de efecto de los que se nutren las campañas electorales. Una vez más, labanalización es el recurso en el que nos refugiamos para practicar la política de la avestruz. Porque la política del apaciguamiento, si no es de doble dirección, tan sólo conduce al sometimiento a quienes pretenden imponer con carácter excluyente sus reglas. Es decir, a entrerrar las reglas y las instituciones con las que los españoles hemos convivido estos treinta años (con la excepcióndel maldito terrorismo etarra)