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ABC LUNES 30 s 10 s 2006 OPINIÓN 3 LA TERCERA OLVIDAR CATALUÑA Cataluña está hoy condicionada y limitada por la defensa de lo propio, por una llamada reconstrucción nacional que exige la discriminación de lo impropio, así como una importante cantidad de recursos económicos que podrían destinarse a cuestiones más prosaicas... I el filósofo Jean Baudrillard viajara a Cataluña, chocaría con una insólita realidad. Se daría de bruces con unos políticos e intelectuales empeñados en una afirmación heráldica, obsesionados por inventar, diseñar y construir una identidad nacional que debe singularizarse y diferenciarse lo máximo posible de aquella en la cual se incardina. El francés, seducido por tan extraña ilusión en la época del simulacro y la huelga de los acontecimientos, probablemente escribiría un breve ensayo que, parafraseando su célebre Oublier Foucault, se titularía Oublier la Catalogne. En Oublier la Catalogne, a la manera de su Oublier Foucault, Jean Baudrillard escribiría un párrafo como el siguiente Todo ha caducado, el orden teleológico se ha acabado, sólo queda la eterna repetición de lo mismo y el simulacro, signos que nos anuncian el final de un ciclo, signos que nos anuncian que el secreto del secreto no es otro que la inexistencia del secreto El filósofo remacharía el discurso con otro párrafo: De ahora en adelante ya no dirás: tienes una patria, debes salvarla sino tienes un lugar y debes hacer lo posible para que sus ciudadanos lo usen y disfruten Acabado el libro, Jean Baudrillard buscaría una cita que lo encabezara. Releería el primer volumen de sus Cool Memories y transcribiría la siguiente frase: Aquí es donde empieza el resto de la vida ¿Cómo interpretar el texto de Jean Baudrillard? Algunos críticos europeos hablarían de la imposibilidad del ser, otros elucubrarían sobre la provisionalidad de un existir que se repliega y protege en el falso resplandor de una intimidad artificial. Sin duda, habría quien hablase de la búsqueda de una sombra que se escapa. Seguramente, no faltarían quienes dijeran que estamos ante la dernière boutade de un filósofo al que le pierde la retórica. S to del secreto no es otro que la inexistencia del secreto escribe Jean Baudrillard. Y punto. Punto y seguido, porque conviene detenerse en dos de las frases del apócrifo de Jean Baudrillard. Primera: De ahora en adelante ya no dirás: tienes una patria, debes salvarla sino tienes un lugar y debes hacer lo posible para que sus ciudadanos lo usen y disfruten Segunda: Aquí es donde empieza el resto de la vida El significado de dichas ideas parece claro: hay que preocuparse de que los ciudadanos vivan lo más dignamente posible. Pero, ¿cómo lograrlo? ejos de la retórica del francés, esta es mi propuesta. En primer lugar, se trata de hacer realidad el olvido Cataluña. Esto es, mandar el catalanismo al museo de curiosidades de la historia, al lugar que se merece y se ha ganado a pulso por anacrónico y excluyente. Por anacrónico, porque si la misión histórica del catalanismo es la democratización y modernización de España, ¿cuál es hoy su sentido cuando se da el caso de que España lleva años democratizada y modernizada? Por excluyente, porque al querer inventar diseñar construir reconstruir Cataluña sobre una identidad nacional propia que no existe, se está excluyendo- -por decreto, por obra y gracia de los definidores oficiales de la Cataluña soñada o imaginada por el nacionalismo- -a la mitad, o más, de unos catalanes impropios que por ello no dejan de serlo, aunque no cumplan los criterios nacionalmente correctos legitimados y legalizados por el notariado nacionalista. Hablando de identidad y exclusión, no queda más remedio que mencionar la cuestión de la lengua. Cuando resulta que el castellano es la lengua materna de la mitad de los catalanes, cuando resulta que el castellano L es la lengua habitual de comunicación de la mitad de los catalanes, ¿cómo puede sostenerse- -lo hace el Estatuto- -que el catalán es la lengua propia de Cataluña y como tal es la lengua de uso normal y preferente de las administraciones públicas y de los medios de comunicación públicos de Cataluña, y es también la lengua normalmente utilizada como vehicular y de aprendizaje en la enseñanza La dialéctica infernal entre identidad y lengua ha dado lugar a un esencialismo lingüístico cuyas consecuencias perversas son el monolingüismo catalán y el anticastellanismo lingüístico. Y la cosa tiene su miga si tenemos en cuenta que Cataluña, en función del origen de sus habitantes, es uno de los territorios más españoles de España. Territorio en el que, por lo demás, la mayoría de sus ciudadanos se sienten a la vez catalanes y españoles o españoles y catalanes. rchivado el catalanismo, olvidada la obsesión identitaria, arrinconado el extravío dieciochesco de una Cataluña soberana, abandonadas las ideas de quienes están fuera del siglo y se creen la encarnación de la historia, conseguido esto, se abriría el paso a la política y a la política de las cosas en el sentido más noble de una y otra. Abrir el paso a la política: lealtad institucional, recuperación de la autoridad y la responsabilidad, transparencia, autocrítica, superación de la demagogia, el populismo, el sentimentalismo y un victimismo que sirve para ocultar insuficiencias, reclamar privilegios y conservar el poder. Abrir el paso a la política de las cosas: infraestructuras, liberalización económica, productividad, competitividad, educación, familia, sanidad, investigación e innovación, vivienda, inmigración, seguridad. Una política y una política de las cosas que en Cataluña está hoy condicionada y limitada por la defensa de lo propio, por una llamada reconstrucción nacional que exige la discriminación de lo impropio, así como una importante cantidad de recursos económicos que podrían destinarse a cuestiones más prosaicas. Lejos de la ofuscación nacionalista por el ser, lejos del paralizador repliegue nacionalista que se escuda en la reivindicación permanente y la cultura de la queja, lejos de eso, la política y la política de las cosas es la condición de posibilidad de los deseos- -otra vez la cita- -del filósofo francés: De ahora en adelante ya no dirás: tienes una patria, debes salvarla sino tienes un lugar y debes hacer lo posible para que sus ciudadanos lo usen y disfruten Aquí es donde empieza el resto de la vida Si recuperada la política y la política de las cosas, Jean Baudrillard viajara a Cataluña, en lugar de reeditar su Oublier la Catalogne escribiría un nuevo ensayo titulado La grandeur de la Catalogne. A E n Cataluña, el ensayo de Jean Baudrillard no sería muy bien recibido. El oficialismo nacionalista- -de derecha e izquierda- -dominante, percibiría en el lenguaje críptico del filósofo francés la penúltima astucia de una ideología homogeneizadora y genocida que- -probablemente instigada por el jacobinismo francés y la perfidia centralista española- -querría liquidar los últimos vestigios de la identidad catalana y el hecho diferencial catalán. Sin embargo, si tenemos la feliz idea de acudir al diccionario- -el Petit Larousse, por ejemplo- -para averiguar qué caramba quiere decir Jean Baudrillard cuando utiliza el infinitivo oublier encontraremos lo siguiente: Oublier: ne pas penser à; laisser de coté, négliger manquer de reconaissance Ahí está. Oublier la Catalogne esconde el siguiente mensaje: se trata de evadirse de la fantasía y el sueño, se trata de abrir, liberar, vulgarizar, olvidar la Cataluña obsesionada por una identidad nacional inexistente que condiciona la vida de los ciudadanos. El secre- MIQUEL PORTA PERALES Crítico y escritor