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90 CULTURAyESPECTÁCULOS DOMINGO 29 s 10 s 2006 ABC La Orquesta de la Comunidad de Madrid revisita China ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE ENVIADO ESPECIAL PEKÍN. En Pekín, a las siete de tarde, lo habitual es pasar el rato en medio de un monumental atasco. Se toma como una más de las muchas costumbres que han permitido a esta sociedad entreabrir las puertas para que asome el huracán de la modernidad. Otra es el interés por las manifestaciones artísticas del viejo mundo y, entre ellas, la música, tal y como pudiera representarla una entidad como la Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid. Hace dos años el coro pasó por aquí. Ahora lo ha hecho la orquesta. Se ha venido a estepaísa mostrar, pero también a intercambiar. En Pekín, Shanghai y Hong Kong, la Orcam ha podido conocer los templos milenarios, la gastronomía, el comercio, ha intuido los restos del férreo pasado comunista y ha agradecido la afición por la novedad. De ahí el exceso de equipaje con el que han vuelto a España los cuatro instrumentistas a los que se les prohibió la entrada a Hong Kong por problemas con el visado, algún gesto de preocupación cuando a falta de media hora para el concierto los autocares de la orquesta se paraban en medio del atasco pequinés y el éxito en cada una de las actuaciones. Pero llegar a conseguirlo ha necesitado ciertas dosis de mano izquierda y algún que otro gesto protocolario. De entrada, interpretar un programa español, desde el Padre Soler, Albéniz y Gaspar Sanz en orquestación de García Abril, Rueda y Rodrigo, junto con varios fragmentos de zarzuela. Luego el aderezo de una seria, limpia y enriquecedora interpretación del guitarrista José María Gallardo del Rey ante la Fantasía para un gentilhombre o la muy entregada del maestro Miguel Roa, especialmente expresiva y cómplice con la orquesta en la muy difícil plaza de Hong Kong. En su Concert Hall para dos mil espectadores, como antes lo fuera en el de Shanghai o en el Shi Ji Ju Yuan de Pekín, se ha visto que es buena medicina para hacer amigos en este país el tocar con entusiasmo y hasta animar al público proclamando, en el impecable chino mandarín de la violinista Lourdes Moreno, ¡Agua, azucarillos y aguardiente en medio del preludio de Chueca. O rematar el concierto con la nueva partitura de José Zarate, Muolihua encargada para la ocasión y hecha a partir de un famoso tema chino. Lo importante es que, más allá de la anécdota, esta gira se añade a la muy entusiasta e infatigable actividad de la Orcam. CIRCO Alegría Cirque du SoleilsFundador: Guy LalibertésDirector: Franco DragonesDirector creativo: Gilles Ste- CroixsEscenografía: Michel CrêtesMúsica: René DupérésCoreografía: Debra BrownsVestuario: Dominique LemieuxsIluminación: Luc LafortunesSonido: Guy DesrocherssDirección artística: Sylvie GalarneausLugar: Grand Chapiteau (Aparcamiento del Estadio de la Peineta) Madrid. Aves del paraíso JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN En el momento de escribir estas líneas tentado estaba de repetir de pe a pa el comentario que apareció publicado en este diario el 27 de febrero de 1998, en el que, totalmente rendido por el asombro ante la intensidad estética y la precisión artística de Alegría daba cuenta de la presentación en España del Circo del Sol. Hablaba entonces de la sorpresa ante una forma de espectáculo muy atractiva que hibridaba circo y muy diversas artes escénicas, lejos de la suerte de poesía menesterosa y macilenta, vagamente bohemia, con la que tradicionalmente suelen acolcharse las referencias al hecho circense, algo así como el mayor espectáculo del mundo sostenido en precario equilibrio sobre el delgado gesto de un acróbata en una isla de serrín con olor a pis de fieras tristes, y de fondo, la bofetada como supremo argumento del payaso. Casi nueve años después, apenas cambiaría alguna línea. El Circo del Sol ha visitado España con otros tres espectáculos de su fabuloso repertorio- Quidam Saltimbanco y Dralion si la memoria no me falla- -y si la sorpresa, como es lógico, no es la misma, sí se con- Dos de los payasos del espectáculo Alegría del Circo del Sol serva intacta esa sensación de maravilla ante la plenitud plástica y el concepto redondo del espectáculo, la magia de la perfección. De las presentadas en España, Alegría es probablemente la creación del Circo del Sol menos alambicada y pretenciosa en lo que se refiere a arquitectura argumental y eso contribuye a la fluidez de la función. Una algarabía de cantos de pájaros recibe al público en la carpa como preludio a la sucesión de números en los que despliegan sus alas las aves de la fantasía. Una clave del espectáculo, pues la indumentaria de los personajes está salpicada de referencias a elementos pajariles, amalgama de lo avícola y lo angélico, como si todas estas extraordinarias criaturas fueran habitantes de un alado universo de leyenda atemporal. Los números son los de hace ocho años con algunas variaciones y otros ejecutantes. Casi sólo tengo que cambiar los nombres de la crítica de antaño para referir algunos de los extraordinarios sucesos que acontecen en la pista: la finlandesa Tuuli Paulina Räsänen y el argentino Gastón Eliê ejecutan en el trapecio sincronizado un canto a la simetría ingrávida; Maui Sumeo y Karl Sanft, ambos estadounidenses, juegan literalmente con fuego en su número de malabarismo; el ruso Aleksandr Dobrynin vuela sobre el público aferrado a una cuerda elástica; Oyun- Erdene Senge y Ulziibuyan Mergen son dos escuetas y delicadas aves de Mongolia que hacen de sus cuerpos emblema de la flexibilidad; el ucraniano Denys Tolstov conjuga fuerza física y equilibrio estético en un gran número sobre barras verticales... Y están también los vuelos imposibles que ejecutan los es- EFE pecialistas en camas elásticas, las increíbles evoluciones de los artistas de las barras altas, la sincronía espeluznante de las barras rusas... y los clowns, esos seres que, según Gómez de la Serna, sostienen el circo y quizás sostienen la vida: los del Circo del Sol son estupendos y cristalizan justo al filo del intermedio uno de los momentos de más honda y emocionante magia cuando el ruso Yuri Medvedev- -superviviente de aquella Alegría de hace ocho años- -convoca sobre la pista una furiosa tempestad de nieve que termina abatiéndose sobre el público. Una gran fiesta multinacional en la que se conjugan música, vestuario, dirección escénica, riesgo y maravilla. Así lo entendieron los espectadores que, como en aquel entonces, obligaron a los artistas con sus aplausos y bravos a saludar en repetidas ocasiones. El jurado de la Seminci se pone serio y premia Optimistas del serbio Goran Paskaljevic FÉLIX IGLESIAS VALLADOLID. Optimistas del director serbio Goran Paskaljevic, se llevó la Espiga de Oro de la 51 Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci) además de obtener su protagonista, el actor Lazar Ristovski, el galardón a la mejor interpretación masculina. Tampoco había mucho más donde escoger, pero fallos más estrepitosos se han dado en este y otros festivales. De todos modos, el filme premiado es una gran y turbadora obra en torno a la falta de responsabilidad del ser humano ante su destino. La Espiga de Plata fue para Es invierno del iraní Rafi Pitss, una meritoria película en el tono del cine persa. Este filme también logró el premio a la mejor fotografía, a cargo de Mohammad Davoodi, Dos galardones fueron a parar a la australiana Jindabyne de Ray Lawrence: el de la mejor actriz, gracias a la gran actuación de Laura Linney, y el de la mejor música, compuesta por Paul Kelly y Dan Luscombe. miento alguno, aunque la actriz Blanca Aplilánez podría haber estado en el palmarés. En cuanto a los cortometrajes, la Espiga de Oro fue ex aqueo para Tarde o temprano de István Madarász, y Arcoiris dibujado de Gitanjali Raio. Como mejor documental fue reconocido Las alas de la vida de Antoni P. Canet. El jurado internacional de la Prensa Cinematográfica apostó por Das Fräulein de la suiza Andrea Staka. El cine español, a verlas venir El cine en español, que no español, se llevó el Premio Pilar Miró al mejor nuevo director, que fue para el argentino Hernán Gaffet por su Ciudad en celo Mientras las dos películas españolas a concurso, Mujeres en el parque de Felipe Vega, y El ciclo Dreyer de Álvaro del Amo no merecieron reconoci-