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ABC DOMINGO 29- -10- -2006 CULTURAyESPECTÁCULOS 89 Quizás el siglo XXI sea europeo Tony Judt s Autor de Postguerra una historia de Europa desde 1945 (Taurus) Como bien explica este historiador, en Europa a comienzos de siglo, y especialmente en las grandes ciudades, había multiculturalismo. Sin embargo, gracias principalmente a Hitler y Stalin, entre 1945 y 1989 surgió un continente en el que se eliminaron las minorías étnicas y el mapa se distribuyó según grupos nacionales. Este continente de pueblos homogéneos cambió radicalmente con la caída del bloque soviético y especialmente con el fenómeno de la emigración. El principal factor exterior que permitió el milagro europeo fue Estados Unidos, que, según Judt, más que contribuir económicamente a la reconstrucción de Europa, asumió las responsabilidades de defensa, hasta tal punto que la concepción de la guerra fría fue muy distinta: mientras que en Estados Unidos en la década de los cincuenta y sesenta se vivía bajo la psicosis de una posible guerra nuclear, para Europa Occidental esos años constituyeron una época dorada de crecimiento económico y explosión demográfica. Fue crucial superar los traumas del pasado, lo cual explica el olvido deliberado de los horrores de la guerra que marcó a la generación de la postguerra. Pero la posterior quiso volver a indagar en el pasado; treinta años después del fin del gobierno de Vichy, los jóvenes franceses decidieron reabrir el pasado y poner en aprietos a muchos, incluido Mitterrand. También tres décadas después de la muerte de Franco, en España se ha abierto el debate sobre la guerra civil con la controvertida memoria histórica aunque Judt advierte que la memoria y la historia son términos contradictorios y que la memoria que es subjetiva, no es una buena fórmula para indagar en el pasado. Según el profesor Judt, el siglo XX- -el siglo americano- -fue el siglo en el que Europa cayó en el abismo, pero en las últimas décadas que analiza en su libro, los europeos han sabido superar los errores del pasado y ofrecer un modelo de sociedad que tiene un atractivo universal, algo que ni la gran superpotencia americana, ni una gran potencia emergente como China han sido capaces de hacer. Por ello, Judt se atreve a concluir que, después de todo, quizá el siglo XXI sea europeo. ROCK Muse Concierto de Muse- -Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid- -27 de octubre. Morfología del rock sensacionalista JESÚS LILLO Apresurada y rutinariamente calificado de épico, el rock sensacionalista estimula al espectador con mentiras. Como la prensa especializada en fantasías, reducida a forma de ocio para un público clientelar y adicto, las artes de consumo también suelen degenerar en espectáculos tan grotescos como el protagonizado el pasado viernes por Muse, trío británico dedicado desde hace años a excitar a la audiencia con revuelos melódicos tan huecos como insustanciales. Desde The Final Countdown de Europe no se había escuchado una cosa tan choriza, arrebatada y ordinaria. Titulares de impacto para un reportaje mediocre y parcheado. Además de recordar a los asistentes la prohibición de hacer fotos, pusieron a la entrada del Palacio de los Deportes madrileño carteles que advertían del encendido en la sala de luces estroboscópicas y que daban mucho miedo, sobre todo a quienes suelen marearse en los parques de atracciones de última generación videográfica en que han acabado por convertirse los conciertos de estadio y pabellón. Visto lo visto, no fue para tanto. La noria era él, Matthew Bellamy, cantante y líder de la banda. La montaña rusa, él. El abismo, él. La lanzadera, él. Como las grandes divas del pop y pese a su reducida y engominada mata de pelo, Bellamy se pone delante de un ventilador para desmelenarse y fingir que coge velocidad mientras le da gas a la gente. Casi dos horas de curvas cerradas en una partida para 10.000 jugadores. Conduce Bellamy. El resto va de paquete. Muse es el resultado- -delirante en disco; monstruoso en vivo- -de mezclar las churras del peor heavy y las dóciles merinas del rock sinfónico de los setenta, una banda con mucho más pasado que futuro. Muse no se molesta en explorar las posibilidades de la reconstrucción genética de discursos musicales extintos, sino que se queda en la superficie, la lana, el rizo y el hedor de una fauna melenuda y desorejada. Cualquier clásico es digno de estudio y actualización, pero a Muse le ha dado por imitar los gestos de una parodia ganadera. Sensacional balido. Para el historiador de la Universidad de Nueva York, la sociedad europea ha sabido crear un modelo que posee atractivo universal, algo que no ocurre en el caso de potencias emergentes como China JULIO CRESPO MACLENNAN MADRID. Tony Judt, historiador de la Universidad de Nueva York, decidió en 1989 escribir Postguerra la historia de Europa desde 1945, porque, según él, los acontecimientos de ese año constituyeron un cataclismo que hizo necesario reinterpretar la historia reciente desde una óptica muy distinta. En 1945 el continente europeo se hallaba tan destruido que se podía dar su civilización por concluida. Por esta razón, resulta una gran paradoja que las principales naciones europeas hayan logrado, no sólo reconstruir sus economías, sino el retorno de Europa como un actor global de peso. Este milagro europeo, como ha sido descrito, se debe en buena medida al proceso de integración europea. Sin embargo, el profesor Judt considera que se ha mitificado la construcción europea hasta el punto de ofrecer una versión distorsionada sobre su evolución; según él, los llamados padres fundadores como Jean Monnet o Robert Schuman no aspiraban al sueño de una Europa unificada bajo entes supranacionales, sino más bien pensaron en una organización que, como mucho, contaría con unos diez miembros; no concebían que unas décadas después habría que ampliarla a Europa del Este, entonces bajo dominio soviético, ni siquiera a la península ibérica, donde ni los más optimistas se hubieran atrevido a pronosticar una transición a la democracia en los años setenta. En algunos aspectos, la fortaleza y los templos de Kuelap son más impresionantes que la incaica Machu Pichu (en la imagen) La excavación ha demostrado por primera vez que el lugar situado en la cima de la montaña fue una ciudad. Hasta ahora, los arqueólogos habían pensado que las casas servían simplemente de almacén de alimentos. También se ha conocido por primera vez la verdadera antigüedad del lugar, al haber probado que es cientos de años más antiguo de lo que se había pensado. Asimismo, se ha descubierto por primera vez un posible indicio de sacrificio humano. Aunque los arqueólogos consideren bastante probable que los esqueletos humanos del interior y de los alrededores del templo fueran vícti- ABC mas de sacrificios, tendrán que esperar varios meses hasta conseguir la prueba definitiva, ya que los osteólogos no examinarán los huesos humanos hasta comienzos del próximo año. Sólo entonces estaremos en condiciones de confirmar o descartar nuestra hipótesis actual explica el director de la excavación, Alfredo Narváez, de la universidad de Trujillo, localidad del Norte de Perú. La ciudad en la cima de la montaña ha permanecido desierta durante casi 500 años. Sus habitantes la destruyeron de forma ritual incendiándola hasta los cimientos cuando los conquistadores españoles les obligaron a abandonarla.